Instrucciones para abrazar el aire

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Instrucciones para abrazar el aire

de Arístides Vargas

Cuando las palabras atraviesan el cuerpo,

Cuando la poesía narra el dolor.

Azucena Ester Joffe, María de los Ángeles Sanz

Los organizadores del ELTI[1] este año duplicaron la puesta y realizaron el ELTI Extensión[2]. Como no podía ser de otro modo, la calidad artística de dicho evento supero todas las expectativas del público que acudió a la cita. Arístides Vargas en un autor constantemente revistado pero son muy pocas las veces que tenemos la posibilidad de ver en el espacio escénico a esta sólida pareja en la vida y en el arte. Arístides es el director del Grupo Malayerba, María del Rosario es la directora del Laboratorio Malayerba. Dos personalidades que a través de las distintas puestas en escena engrandecen nuestra Patria Grande. El Grupo tiene una filosofía precisa:

El teatro es para nosotros la búsqueda de un lenguaje que exprese la vida, al ser humano y sus conflictos, para enfrentarnos a ellos en el intento de comprenderlos y de asumir una posición crítica, activa y constructiva frente a los procesos sociopolíticos de nuestra realidad. [3]

Este es el principio que ordena la obra. No hay palabras que puedan expresar el dolor, no hay suma de significantes que puedan dar cuenta de una ausencia, sin embargo, cuando el discurso está construido con la maestría de un orfebre, y dicho desde el cuerpo con la sensibilidad de un artista, logra tejer una tras otra una red que nos captura en una historia individual de horror colectivo, que no permite distracciones ni miradas esquivas, sino que nos ancla en un no tiempo que se convierte en una espiral que nos arrastra. Vagas sensaciones para dar cuenta de aquello que nos conmovió como espectadores en el espacio recuperado de la Esma, el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti, cuando asistimos a la puesta de Instrucciones para abrazar el aire de Arístides Vargas, quien junto a su compañera de toda la vida, María del Rosario Francés, le pusieron el cuerpo a un relato que transitando el delgado borde entre la realidad y la ficción, narra la historia de Chicha Mariani una de las abuelas de Plaza de Mayo, que a sus noventa años sigue en la búsqueda de su nieta desaparecida. Al atravesar desde la entrada hasta el Centro Cultural, por un camino lleno de árboles, donde el espacio abierto nos recibe con una sonrisa amable, no podemos sustraernos al peso de las voces que se agitan a pesar del silencio. No es fácil separar de este comentario las emociones vividas de la mirada crítica sobre un evento artístico donde habitualmente analizamos poética, construcción de procedimientos; porque a la excelencia desde lo actoral, a la belleza poética de un texto dramático, y a una puesta que apeló a la creatividad desde el realismo mágico, que sumó elementos cargados de una subjetividad envolvente; el relato de los hechos desde tres puntos de vista diferentes: los protagonistas, los herederos, y los testigos, construía una unidad de un peso específico emocional muy fuerte. Los primeros, dueños de una verdad que relatan desde la acción; los segundos, una narración que se construye fragmentada, incompleta, dibujada en los retazos del discurso de los otros: los sobrevivientes y los asesinos; los terceros, desde el miedo a lo diferente, un miedo que los convierte en cómplices necesarios de la tragedia. Como en un tiempo antinatural, Chicha es la heredera del legado de sus hijos, la búsqueda de la hija de ambos, su nieta. Desde una perspectiva ético-estética nuestro pasado se materializa, se hace presente con una agudeza imposible de olvidar. ¿Cómo abrazar el aire? A ese vacío que es parte de la vida, esa ausencia que tiene visibilidad y volumen. La iluminación recorta perfectamente cada espacio, sin superposición, en la construcción de un todo que se va encastrando a partir de fragmentos de nuestra memoria, individual y colectiva. Tres tiempos que rápidamente surgen ante nuestra atenta mirada gracias a la intensidad con que ambos artistas construyen a sus personajes. Así, los abuelos ante el dolor inacabado repetirán “Todos los días nos contamos la misma historia, en silencio, para seguir amándonos”. Mientras los cocineros condimentan con un humor casi ingenuo el clima doloroso de la escena anterior. Y a medio camino, están los vecinos, reflejo de ese poder que se disemina y espía sin dar el rostro. Podríamos pensar en un espacio otro, entre el ritual y lo sensible, entre lo público y lo privado, una línea en el tiempo que se desprende de aquella casa en la ciudad de La Plata, en 1976, y nos atraviesa a todos para bifurcarse en dos frente. El primero, en las incansables Abuelas de Plaza de Mayo y, el otro, en el presente de la representación – en cada espectador que tuvo y tendrá la posibilidad de sentir y ver semejante obra. Ya nunca seremos los mismos, un texto dramático profuso y un texto espectáculo insuperable, solo nos resta decirles Gracias a María del Rosario Francés y Arístides Vargas por darles vida a sus seis personajes y abordar un tema tan difícil de una manera tan poética.

 


[1] El II Encuentro Latinoamericano de Teatro Independiente se llevó a cabo del 2 al 7 de Septiembre en la Ciudad de Buenos Aires, con la participación de distintos artistas de Bolivia, Perú, Ecuador, y Argentina. 

 

[2]La primera obra fue Instrucciones para abrazar el aire (Quito) y la segunda La razón blindada (Buenos Aires)

 

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