Minientrada

Medea y Teseo

ConCierto Teatro de Fabiana Rey

 

Azucena Ester Joffe, María de los Ángeles Sanz

La mitología griega es una galería donde se exponen en ella cada una de las relaciones y las tensiones que el género humano desnuda y reproduce por los siglos de los siglos. Medea1 y Teseo2 es un relato, de celos, rencor, traición y venganza, en el marco de personajes ideales, o idealizados desde su lugar de dirigentes de los destinos de Grecia. Es por eso para el teatro, como lo fue desde un principio, es un semillero de tensiones que seduce por su profundidad. Así, lo sienten los creadores de los personajes que en un marco teatral proponen llevar el mito a la representación. La conjunción del mito y la música en escena conforman un clima diferente que se atraviesa por la voz potente de la actriz, Fabiana Rey, que construye una Medea oscura, de aspecto bizarro, que sólo quiere deshacerse del heredero Teseo, a través del veneno. La obra apuesta a la desmesura, porque interpreta que así era el comportamiento de aquellos personajes que se enfrentaban también a un mundo escasamente habitado y donde la naturaleza se presentaba en toda su exagerada altivez. Animales y hombres conformaban el universo mitológico a cada cual más imponente. En ese escenario, los dioses tenían las mismas cualidades y defectos que los humanos, y tomaban bajo su amparo a quienes querían favorecer, y dejaban caer a quien desataba su furia, sus celos o su rencor. La dirección quiso transplantar ese clima de crisis cuasi familiares permanentes, y expresar desde el trabajo corporal y la voz una manera de sentir que reafirma la universalidad de los sentimientos humanos a lo largo de los siglos. Los griegos y su mitología hicieron un inventario de las relaciones que se suceden en el orden de lo público y en el de lo privado; donde el oráculo era una pieza fundamental de las decisiones que llevaran a cada uno de los personajes a cumplir con su destino. La sala terraza de Pan y Arte tiene algo distinto, entre mágico y cotidiano, quizá por las gradas o por el gran ventanal que nos permite disfrutar de la espléndida noche. Texto dramático o partitura musical, dos soportes distintos perfectamente imbricados que se escurren en imágenes visuales y auditivas. También en imágenes olfativas, pues ya al ingresar al recinto nos envuelve la fragancia de algún sahumerio encendido, tal vez para agradar a los dioses y, demás, para crear el clima especial y alejarnos de nuestro diario trajín. La obra se presenta como un ConCierto Teatro, ambigüedad que puede producir cierta inestabilidad desde el inicio en el espectador y que, a su vez, desestabiliza al relato mítico. No en un sentido peyorativo sino, por el contrario, nos presenta formas y elementos inestables perceptivamente aunque su núcleo es artísticamente sólido. Cuando los límites entre géneros y procedimientos son porosos y resbaladizos necesariamente provoca en el espectador algo de confusión. Pues, es un hecho artístico difícil de asir y por lo tanto se torna más efímero, es un evento creativo para desmenuzar posteriormente. Por un lado, melodías, armonías, timbres,…, y, por otro, gestualidad corporal y miradas que provocan tensión, ironía, humor y sorpresa. La inestabilidad del tiempo mítico y la inestabilidad del presente de la representación producen un salto al vacío provocando pliegues, lagunas, silencios, que son el revés del recorrido laberíntico. Una obra abierta a diferentes lecturas posteriores, una perspectiva dionisíaca que tiene algo de embriaguez, de exaltación, en un juego a pura teatralidad con una magnífica entrega actoral – musical.

 

Ficha técnica: Medea y Teseo de Fabiana Rey. Actúan: Fabiana Rey (MEDEA), Germinal Marín (TESEO). Cellista: Olga Farías. Piano, Dirección y Composición Musical: Germinal Marín. Arreglos: Olga Farías, Germinal Marín. Imagen, Diseño y Fotografía: Joaquín Estévez Díaz. Prensa: Laura Brangeri. Asistencia en Dirección y Producción: Erica Bazán, Nicolás Magnín. Producción: Cooperativa Susurros del Roble. Dirección y Puesta en Escena: Fabiana Rey, Germinal Marín. Pan y Arte Teatro.

 


1 Teseo continuó su viaje y llegó a Atenas, pero se encontró con un inconveniente: su padre se había casado con Medea, la que había sido esposa de Jasón. De esta unión había nacido un hijo al que habían llamado Medo. Ante esta situación inesperada, Teseo decidió esperar un poco antes de darse a conocer. Pero Medea, que era hechicera, lo reconoció y vio en él un peligro para que su hijo accediera al trono de Atenas. Así que trazó un plan. El joven había acudido al palacio de incógnito precisamente para evitar los ardides de su madrastra, lo que aprovechó esta para convencer a Egeo de que el recién llegado era un traidor. El rey se dispuso entonces a deshacerse de él ordenándole luchar contra el toro de Maratón. Pero el toro fue derrotado y Teseo fue invitado a un banquete en el palacio para celebrar la victoria. Una vez allí Egeo puso veneno que le había dado Medea en la copa del muchacho pero la casualidad salvó su vida. Para cortar la carne, Teseo sacó la espada que le había dado su madre. Entonces Egeo reconoció el arma, comprendió lo que ocurría y arrebató a su hijo la copa de los labios. Habiendo fracasado en su empresa, Medea decidió huir con su hijo o fue expulsada por Egeo. Teseo fue reconocido oficialmente como hijo y sucesor del rey, lo que provocó la rebelión de los hijos de Palante, hermano de Egeo, los Palántidas, ya que uno de ellos habría sido el sucesor en caso de que Egeo no hubiera tenido descendencia. Teseo, haciendo alarde de su astucia militar, consiguió acorralar a sus adversarios y dar muerte a gran parte de ellos, y los restantes se dieron a la fuga. Teseo fue aclamado por todos los atenienses y reconocido como futuro rey.

2 Teseo (en griego antiguo Θησεύς, el que funda) fue un mítico rey de Atenas, hijo de Etra y Egeo, aunque según otra tradición su padre fue Poseidón,1 el dios del mar, quien habría abusado sexualmente de Etra en el templo de Atenea. El rey Egeo, que no había tenido descendencia con su esposa, consultó al oráculo de Delfos, que le respondió: «No abras tu odre hasta que regreses a Atenas.» Él no comprendió el oráculo pero Piteo, rey de Trecén y padre de Etra, sí lo entendió. Lo que el oráculo había querido decir era que si llegaba a Atenas sin haber tenido relación sexual alguna, la primera mujer con la que yaciera tendría un heredero suyo. Como Piteo deseaba que su hija diera a luz al heredero del trono ateniense emborrachó a Egeo, y así consiguió que fecundara a Etra. Tras la concepción de Teseo, Egeo, por temor a los Palántidas, sus sobrinos, que querían el trono, decidió que su hijo no pasara la niñez con él y escondió su espada y sus sandalias bajo una roca que el niño no debía de poder mover hasta que fuera lo suficientemente fuerte. Así que la infancia de Teseo transcurrió en compañía de su madre y su abuelo en la ciudad de Trecén. Cuando cumplió los dieciséis años su madre le reveló el secreto de su paternidad y llegado a esta edad, Teseo pudo levantar la piedra, calzarse las sandalias y envainar la espada de su padre e iniciar su viaje a Atenas para ser reconocido como hijo del rey.

Medea y Teseo

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