Orígenes del teatro para niños: II Parte

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Teatro para niños su historia desde los orígenes: II Parte

Susana LLahí

María de los Ángeles Sanz

 

La Compañía Ecuestre de Cotrelly, en 1878, se presentó en el Circo Arena una pantomima del cuento Cendrillón (Cenicienta) de Charles Perrault por un elenco de pequeños actores donde se encontraba la niña porteña Rosita Robba, quién más tarde será conocida como Rosita del Plata (1869/1940) ecuyere que triunfa en gira por Europa y que luego formará parte a su regreso de la Compañía del famoso payaso inglés, Frank Brown. Un espacio dedicado a los ‘muñecos’, fue el Teatro del Recreo, dirigido por el popular titiritero “Mosquito”; era el lugar al que concurrían habitualmente las mucamas con los niños que rebautizaron el lugar como el Teatro del Mosquito. A medida que avanzamos hacia el siglo XX, el teatro destinado a un espectador niño, va tomando mayor incremento, tanto que la compañía de los hermanos Podestá en 1916 anuncia una función a las tres de la tarde para un público infantil. En el programa del 7 de marzo de ese año, en el Pabellón de Novedades, ofrece en ese horario un espectáculo compuesto por: actos ecuestres por los Duprat, la cantante internacional María Fiori, los equilibristas japoneses Fukumacha, la célebre Mona Geisha, entradas cómicas por los clowns y la comicidad de los tonys. Pero si bien todo el espectáculo podría ser leído como para toda la familia, en el mismo se incorporaba por la fecha, el tercer concurso de carnaval, con ‘5 hermosos premios’ a los pequeños que vistieran el mejor disfraz. Todos estos espectáculos pertenecían al circuito profesional popular, pero paralelamente se desarrollaban en plazas y parques los espectáculos que llevaba adelante el elenco del Teatro Infantil Lavardén, que era sin embargo apoyados por la comuna y destacados en la memoria Municipal de 1918, por su labor además en asilos y casas de beneficencia, a pesar de que la crítica periodística no se hiciera cargo de las presentaciones de la compañía.

 

Teatro Infantil Lavardén y la Compañía Infantil de Angelina Pagano dos propuestas diferentes.

 

Así como en el teatro para adultos había un circuito que trabajaba con un teatro popular de carácter comercial, y otro que buscaba un destinatario culto, además de un incipiente teatro modernizador de grupos independientes que durante la década del veinte buscaban una nueva forma de expresión; en el teatro para niños, más allá del teatro popular existían otras propuestas que buscaban un tipo de teatro con especificidad en el destinatario que apuntaban a un teatro de arte diferente, y con una funcionalidad distinta también. El actor popular Florencio Parravicini presentó en 1927 un proyecto para crear el Teatro Infantil Municipal Lavardén con carácter estable, para de esta manera mejorar la situación financiera de la institución que hasta el momento era muy precaria. La función que se les destinaba al Instituto era ‘estimular en los niños disposiciones artísticas escénicas: canto, danza y declamación y a proporcionar al mundo infantil espectáculos gratuitos, instructivos, alegres y moralizadores’ La ordenanza se aprueba en 1928, y la revista Comoedia Nº 46 del 1/2/29, informa que la Municipalidad dispone la creación del Teatro Infantil Lavardén con 5 secciones, cada una con un elenco de 20 niños de ambos sexos y un conjunto orquestal de 15 integrantes.

Por otra parte, la actriz Angelina Pagano que había estado en Italia, estudiando y trabajando junto a Eleonora Duse y que pertenecía al circuito profesional culto, por la misma época que el Lavardén había fundado una compañía de Teatro Infantil. La primera presentación de la Compañía fue el 8 de julio de 1927 en el Teatro San Martín, que estaba ubicado en la calle Esmeralda, realizada por integrantes que tenían entre 4 y 15 años y la pieza representada fue El sueño de Pelusita escrita por José León Pagano, Carlos Schaeffer Gallo, Enrique García Velloso y Francisco Villaespesa. La crónica del diario La Nación fue sumamente elogiosa:

 

Difícil, casi nos atreveríamos a decir imposible, es presentar un espectáculo de este género con más sentido, más ajuste y más fortuna que el que presenciamos ayer en el San Martín. Todo contribuyó a su excepcional lucimiento. La inspiración y la propiedad de la fábula puesta en escena, la prolijidad con que se preparó la interpretación, la inteligencia de los jóvenes actores, el cuidado de todos los detalles, la precisión y la armonía de los bailes, el hábil manejo de las luces, el buen gusto en la elección de los colores y en la combinación de los tonos, todo se aunó en la atmósfera de suntuosa fantasía que es marco indispensable a la imaginativa sensibilidad infantil.

La compañía puso luego los siguientes espectáculos: La venganza de la mariposa, de Carolina Alió, el 10 de febrero de 1928 en el teatro Colón (sala de la Sociedad Española), El ratón Pérez, de Carlos Schaeffer Gallo y Pulgarcito, una fantasía en verso de Oscar R. Beltrán y Salvador Riesse, sobre el cuento de Perrault. Entre los espectáculos posteriores puede citarse El príncipe de la paz, una obra de Lola Pita Martínez con música de Sebastián Piana, quien además dirigía la orquesta, presentada el 24 de diciembre de 1930 en el Teatro Argentino “con la presencia de los Reyes Magos, los Arcángeles, mendigos y vendedores, invitados a la fiesta de Herodes, soldados, etc. etc., todo montado en medio de una importante riqueza cromática, que transformaba el espectáculo en un verdadero regalo visual.” La compañía fue integrada entre otros por los siguientes actores /niños que luego fueron actores profesionales: Ángel Magaña, Irma Córdoba, Rosa Rosen, Marcos Zucker y Meneca Norton. Dos opciones presentes en el intento de producir un teatro de calidad con textos específicos, donde la palabra pesaba más que la gestualidad o las acciones físicas propias de la arena del circo, donde la función era didáctica / pedagógica y no sólo de entretenimiento.

La crítica en el teatro para niños en los comienzos de su especificidad.

Una de las publicaciones que se dedicaba a comentar y hacer crítica de las puestas dedicadas al público infantil era ‘El Diario’, que anunciaba la cartelera y las giras de las compañías de los pequeños artistas; así como también efectuaba a veces una dura crítica sobre el trabajo que los pequeños actores realizaban, por los riesgos que corrían en sus actuaciones. Apeló a las autoridades para que legislen sobre el particular, y en sus notas hacía  referencia a los accidentes que se sucedían en la arena del circo como el que le había ocurrido a la niña ecuyere que montando a pelo sobre un caballo se había caído en el circo de Frank Brown, la publicación denunciaba que sin embargo la niña seguía realizando su número. La niña Albertina de doce años realizaba los mismos ejercicios de jockey que realizaba Rosita del Plata2.

 

 Bibliografía:

 

Bosch, Mariano, 1969. Historia de los orígenes del Teatro Nacional Argentino y la época de Pablo Podestá. Buenos Aires: Solar / Hachette.

 

Castagnino, Raúl Héctor, 1944. El Teatro en Buenos Aires Durante la Época de Rosas. Buenos Aires: Comisión Nacional de Cultura.

 

De Diego, Jacobo A, 1975.

 

Fernández, Mauro, 1996. “Ilusionismo en la época de Rosas” en Revista Todo es historia, número 349, agosto. (páginas 50/68)

 

Seibel, Beatriz, 2000. Historia del teatro argentino. Buenos Aires: Instituto Nacional del Teatro.

 


2 Buenos Aires, 2 de abril (Télam, por Jorge Boccanera).- Una de las primeras figuras argentinas del espectáculo reconocida a nivel internacional fue mujer: la ecuyere Rosalía Robba, una existencia plena y de leyenda que narra la investigadora Beatriz Seibel en la flamante biografía “Vida de Circo. Rosita de la Plata”. Bajo ese nombre artístico, Robba, nacida en Buenos Aires en 1869 y fallecida en la misma ciudad en 1940, recorrió el mundo con sus números de acrobacia a caballo siendo aclamada por distintos públicos, tal cual lo narra Seibel en este libro, editado por el sello Corregidor. A los 18 años, Rosita era considerada en Europa “la primera ecuyere del mundo” por la revista alemana Der Artist, que publica su figura litografiada en la tapa y en su interior informa que en el circo Herzog en Dresden, la argentina ejecuta pasos hasta ese momento nunca vistos “con absoluta seguridad y una gracia inimitable”.

 

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Acerca de lunateatral2

Este es un espacio que administramos Azucena Ester Joffe y María de los Ángeles Sanz donde los artículos sobre la creación teatral en Buenos Aires es el centro de la temática. Buscamos una relación fluida con el campo teatral de todo el continente.

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