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Tiempo de partir de

Luis Agustoni

Ha sonado otra vez para bien del mundo, la hora de la espada. (…) El pacifismo no es más que el culto del miedo, o una añagaza de la conquista roja, que a su vez lo define como un prejuicio burgués. La gloria y la dignidad son hijas gemelas del riesgo; y en el propio descanso de verdadero varón yergue su oreja el león dormido. (L. Lugones, 77/78)

Azucena Ester Joffe, María de los Ángeles Sanz

Luis Agustoni construye en Tiempo de partir los acontecimientos posibles, a partir de los datos históricos, de las últimas horas del escritor Leopoldo Lugones. Una historia por muchos conocida que sin embargo necesitaba desde la dramaturgia una palabra dialogada que pudiera dar cuenta de las motivaciones que llevaron al escritor a una determinación definitiva. Padre del tristemente conocido “Polo” Lugones1, creador de la picana eléctrica como instrumento de tortura para la numerosa cantidad de presos políticos que caían en las cárceles de los gobiernos de la década infame, abuelo de la Piri Lugones, quien cerraría trágicamente una epopeya histórico familiar, el autor de los más cuidados versos y cuentos modernistas aparece en escena con un nombre ficticio pero desde una construcción inequívoca de su persona. El amor y la política se cruzan en fuertes encuentros personales, con un posible poeta de la línea Boedo, con su anfitriona, una inmigrante polaca, con su amor joven e imposible, Isabel Mejía, y con su hijo, en quien no encuentra ningún rasgo de comprensión ni piedad. Un desesperanzado Lugones que se arrepiente del amor y de la ideología que lo llevó a promover una asonada que concluiría en el golpe de 1930, y la llegada de Uriburu al poder. Una puesta tradicional, que se basa en el poder de la palabra, y que pone su fuerza en las actuaciones y en el buen decir de la misma. El texto de dureza extrema, profundiza en la relación padre e hijo y pone en la mesa no sólo las razones ideológicas que podrían haberlos unido y los separan, sino también la búsqueda que ese hijo lleva adelante de un destino que le construya una subjetividad alejada del padre, aunque sea siniestra. Luis Agustoni compone a su personaje con el temple que por sus escritos y sus acciones podemos suponer del hombre real, en el momento crucial donde arrojado al ojo de la tormenta por la política y el amor siente que sólo puede apelar a una solución trágica; en una década signada por resoluciones iguales aunque por motivos diferentes en que también lo abandonan todo Alfonsina Storni como también lo había hecho un año antes Horacio Quiroga. Del anarquismo al fascismo, cultor de un arte denominado “la torre de marfil”, donde la realidad contextual no debería introducirse, ni este contaminarse con ella, admirador de Rubén Darío, vocero de una ideología que propuso el proyecto liberal de la generación del ’80, y que sintetizó en obras como El Payador, Lugones atraviesa la historia del país, y se deja atravesar por ella casi hasta el final de su vida, cuando los acontecimientos se precipitan y se deja arrastrar por ellos. El dispositivo escénico acota el desplazamiento de los personajes, sus pasos son cortos pero firme mientras la tensión aumenta y se va enrareciendo el aire. Como espectadores tenemos el saber pero no obstante el ritmo sostenido nos atrapa, no hay angustia ni incertidumbre ante el final trágico. El whisky y el cianuro son las dos caras de la misma moneda, un suicidio casi anunciado en el tranquilo recreo del Delta. Una sola unidad de acción, de espacio y tiempo para dar cuenta de ese último momento en la vida de Lugones. La iluminación es intensa y precisa, no recorta a los personajes sino que los une ante la fuerte  personalidad de ellos, en especial entre el padre y su hijo. El preciso vestuario también connota la rigidez del momento y las buenas actuaciones cierran el denso clima del fatídico 18 de febrero de 1938.

Bibliografía:

Lugones, Leopoldo, 1998. La hora de la espada y otros escritos. Buenos Aires: Editorial Perfil.

Ficha técnica: Tiempo de partir de Luis Agustoni2. Elenco: Luis Agustoni, Any Messore, Esteban Astorga, Ivana Car, Segundo Pinto. Asistente de dirección: Yamila Prieto. Escenografía y vestuario: Nadia Casaux. Iluminación: Ramiro Galmes. Sonido: Lucas González. Diseño y Fotografía: Santiago Rapela. Producción Ejecutiva: Teatro el Ojo. Dirección: Sebastián Bauzá. Teatro: El Ojo.


1 En 1897 nació su único hijo, Leopoldo “Polo” Lugones, a quien José Félix Uriburu nombraría Comisario Inspector de la Policía durante su dictadura, tarea que realizó sin pertenecer a la fuerza de seguridad y con el único antecedente de haber sido Director de un Instituto de menores durante la presidencia de Marcelo T. de Alvear. Durante esta tarea fue condenado por la violación de un menor y otros actos aberrantes. El propio Leopoldo Lugones le pidió “de rodillas” al presidente Hipólito Yrigoyen el perdón para su hijo “Polo” por “el buen nombre de su familia”, solicitud que atendió Yrigoyen. Años más tarde Leopoldo “Polo” Lugones introdujo el uso de la picana eléctrica como método de tortura para sacar información a los detenidos que se oponían al régimen.

2 Luis Agustoni (Buenos Aires, 1943 es un director de teatro, dramaturgo, maestro de teatro y actor argentino. Buenos Aires, donde desarrolló toda su carrera. Inicialmente actor, tarea que no ha abandonado nunca, poco a poco combinó su profesión con la de maestro de actores, director y dramaturgo. Sus creaciones más conocidas son sus obras El Protagonista y Los Lobos, que escribió y dirigió, obteniendo gran éxito de público y numerosos premios, entre ellos el Molière, Argentores, y Ace, como también estrenos y temporadas en México, Chile, Uruguay, Brasil, Perú, Colombia y Venezuela. Fue el adaptador y director de Brujas, un éxito histórico del teatro nacional con diez años en cartel, y también puso en escena muchos espectáculos en el teatro profesional, entre los que se destacaron con gran éxito El Último de los Amantes Ardientes, y La Cena de los Tontos. Encara su tarea con versatilidad, en su Teatro El Ojo, donde funciona su Estudio de Formación Actoral y desarrolla su trabajo como actor; dirigió e interpretó Hamlet de Shakespeare y Don Juan de Molière, junto a un repertorio de obras contemporáneas. Ha escrito para Pol-ka la miniserie El Hombre, y paralelamente a su actividad creadora enseña con regularidad Actuación, Dirección y Dramaturgia.

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