Un día de verano

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Un día de verano de

Jon Fosse

Un frío que atraviesa los cuerpos

Azucena Ester Joffe, María de los Ángeles Sanz

La escenografía recortada con paneles blancos, tela y madera, dos sillones de mimbre blancos también, un espacio que revela la fría realidad del fiordo, y de la soledad envuelta en un clima riguroso que atraviesa a los personajes. Una mujer recuerda tras la ventana, busca en el horizonte un regreso que no llega, el de Asle, una amiga testigo de aquella pérdida y de este dolor silencioso, quedado, aferrado a la nostalgia de lo que no fue. La lluvia  fina y constante, es una metáfora de un llanto  profundo de las almas que tampoco cesa, y que con sus agujas de humedad hace transcurrir el tiempo. Un tiempo que se mide por la espera, y que detenido en el pasado no puede acceder más que una realidad cíclica. La pregnancia de María Ibarreta como la desolada mujer, es de excelencia, ella lleva sobre sus hombros la responsabilidad de la trama, en un monólogo interior que luego se escenifica desdoblando los personajes en  varios flash- back que relatan lo no dicho en un texto lleno de horadidades. Los colores del vestuario respetan las subjetividades,  y asemeja las de ayer con las de hoy, verde y beige para ella, rojo y blanco para la amiga,  y un neutro  en grises y azules, para los hombres que completan el relato. Asle  es el centro de la historia,  y lo que pesa en escena es su ausencia, porque los diálogos están cargados de trivialidad. Jon Fosse escritor y dramaturgo noruego, pinta su aldea para desde allí plantear el simulacro de las relaciones humanas. Su lenguaje reiterativo, con diálogos coloquiales, se carga de profundidad en los monólogos donde tras la apariencia surge con fuerza la realidad de desolación; aún juntos los seres humanos somos islas solitarias que bogan en un mar borrascoso cargado de incertidumbre. La duda, siempre la duda, de lo que hicimos o lo que podríamos haber hecho, y es ese punto nodal lo que nos hace permanecer estáticos, fríos ante la vida misma que corre sin que nos demos cuenta. El paisaje del fiordo como un estigma y un destino, el de perderse en un mar de tormenta, precipicio que nos atrae con su ferocidad. Así, el ruido del mar acecha constantemente la aparente calma del espacio real representado, mientras el hilo conductor de la obra va tejiendo un denso entramado entre recuerdo y tiempo. Un tiempo pasado que se filtra con fuerza en el presente de la historia y un recuerdo vital y cotidiano. El estilo de Fosse tiene algo de la soledad y de la belleza casi estática de los fiordos, un clima que se refleja en la forma de relacionarse entre los personajes y, aunque de diferente forma, también el director ruso Andréi Tarkovsky materializó en la imagen cinematográfica. Dos soportes distintos en los cuales el tiempo para la/el protagonista parece haber quedado detenido en algún punto ciego:

El tiempo y el recuerdo están abiertos el uno para el otro, son como dos caras de una sola moneda […] Un hombre que ha perdido sus recuerdos, ha perdido la memoria, está preso en una existencia ilusoria. Cae fuera del tiempo y pierde así su capacidad de quedar vinculado al mundo visible. […] El recuerdo nos hace vulnerables (Tarkovsky, 2002: 78)

Este es el clima particular, en el que el recuerdo, como el sol de medianoche en el verano noruego, se instala en el centro de la escena. Con algunos altibajos en las actuaciones pero que con solvencia, como ya hemos señalado, María Ibarreta le da el espesor que requiere su personaje: una mujer madura. Cuya postura y gestualidad dan cuenta una espera interminable, mientras su punto de vista focaliza nuestra mirada. Es un mundo introvertido, íntimo, donde el pensamiento y los sentimientos quedaron atrapados en un continuum recuerdo.

Ficha técnica: Un día de verano de Jon Fosse. Elenco: María Ibarreta, María Duplaá, Fabián Carrasco, Fabián Carrasco, Fabiana Falcón, María Eugenia López, Juan Manuel Castiglione. Escenografía y diseño de iluminación: Magalí Acha. Diseño de vestuario: Laura Staffolani. Diseño sonoro: Matías Rinaldi. Diseño gráfico: Guillermo Barbudo. Asistente de producción: Rocío Pérez Silva. Asistente de Producción: Rocío Pérez Silva. Producción general: Clara Pizarro. Asistente de dirección: Bruno Ulisse. Dirección: Alfredo Staffolani. Prensa: Marisol Cambre. Teatro del Abasto.

Bibliografía:

Tarkovsky, Andréi, [1991] 2002 “El tiempo sellado” en Esculpir en el tiempo. Reflexiones sobre el arte, la estética y la poética del cine. Madrid: Rialp S. A.: 77-104.

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Acerca de lunateatral2

Este es un espacio que administramos Azucena Ester Joffe y María de los Ángeles Sanz donde los artículos sobre la creación teatral en Buenos Aires es el centro de la temática. Buscamos una relación fluida con el campo teatral de todo el continente.

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