Cloro de Víctor Winer

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Cloro de
Víctor Winer
La pena del agua es infinita
Azucena Ester Joffe, María de los Ángeles Sanz

La pieza de Víctor Winer, Cloro, se estrenó en el Centro Cultural de la Cooperación en 2007, es una obra que aborda como temática la creación literaria, el peso específico de la palabra, y donde el elemento “cloro” es definido como aquel que diluye todo lo oscuro que éstas encierran y permite por fin ver con claridad en el mar de infinito de posibilidades que nos da el cruce de las mismas, el orden que permita entender y construir un relato. Los cuatro personajes, en el límite de lo real, nunca definen si su presencia obedece a la vida, o al deseo de uno de ellos, la escritora, que necesita imperiosamente encontrar una historia, de apropiarse de las palabras que la construyan. La otra temática que se desarrolla como al pasar, es el suicidio. Quitarse la vida como posibilidad de abandonar una vida sin luz, sin permiso, sin imaginación, para acceder así a la multiplicidad de sentidos que da atravesar el presente por el pasado para construir la potencialidad del futuro. Cómo en la matemática quántica, el tiempo contiene un orden arbitrario que el hombre crea, cuando en verdad todo sucede simultáneamente. En un proceso donde Esther Williams y la madre de Ángela, junto a Xavier Gugat1, puedan dialogar en el presente de la acción mientras filman las famosas películas que para el común denominador de todos forman parte de nuestro pasado. La pregunta de dónde proviene el acto lúdico de la creación, si de lo real o de lo imaginario, es un interrogante que sobrevuela la textualidad dramática, y que profundiza el texto espectacular. En la puesta que dirige Mario Petrosini con una escenografía minimalista: dos reposeras de madera, y hacia el foro paneles que velan la visión de los personajes, o reproducen el movimiento de una pileta seca, el grupo de actores lleva adelante con dispar energía un texto por de más discursivo, el que por momentos pierde su tensión dramática a pesar de las buenas actuaciones. Las secuencias más interesantes son los diálogos entre la escritora y Ángela; ya que allí reside el nudo gordiano de su fuerza. Una pareja en oposición: desde el deseo y el hastío, la madurez y la juventud, a quienes las une el deseo de la escritura y una soledad que necesita llenarse con las voces de los que ya no están. En el espacio escénico con muy pocos elementos se va creando el clima del relato cinematográfico, entre la vigilia y la realidad, los personajes van surgiendo como si estuviéramos frente a la pantalla grande. Tal vez la escritora es el único personaje “real” que desde su soledad va confundiendo sus fantasmas (Providence (1977) de Alain Resnais) con una cotidianidad que parece desvanecerse como la tinta con el cloro. Por otro lado, el director del musical Escuela de Sirenas (1944) de George Sidney que tiene la magia hollywoodense y que será el modo de evadir (La rosa púrpura del Cairo (1985) de Woody Allen) la imposibilidad de la escritura. Por último, una cierta sensación de calor constante quizá para encubrir algo de violencia psicológica (La Ciénaga (2001) de Lucrecia Martel) cuando las palabras no son suficientes. El hecho teatral acierta en la construcción de un mundo de imágenes oníricas y mágicas donde el tiempo parece no tener coordenadas precisas, más allá de la escritura dramática, donde emergen estos personajes como criaturas producto de una noche de insomnio.
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Ficha técnica: Cloro de Víctor Winer. Con: Belén Meana, Cecilia Greco, Estefanía Lisi, Gonzalo Cataldo. Vestuario: Anastasia Meier. Confección de bastidores: Carolina Casasola, María de Montmolin. Escenografía y video: Barrefondos. Diseño de iluminación: Francisco Petrosini. Prensa y Difusión: Borombó. Diseño Gráfico: Marco Petrosini Asistencia de dirección: Daniela Jimena Gonzalez. Dirección: Mario Petrosini. Espacio Teatral Del Borde.

1 “Nacido en tierras catalanas, pero criado en Cuba, Xavier Cugat con sus grandes orquestas fue el más notable difusor de la música latinoamericana en los Estados Unidos durante las décadas del 30, 40 y 50. Primero en elegantes clubes nocturnos de Nueva York y luego a través de películas de la época de oro de Hollywood. Su auge no fue casual. Debido a la contienda bélica europea la industria del cine se vio forzada a buscar nuevos mercados. Puso sus ojos en una parte del planeta que gozaba de paz, alegría y maravillosas melodías, Sudamérica. Contratado por la poderosa M-G-M los rimbombantes arreglos orquestales de Cugat, su amena presencia y su gracioso acento engalanaron cerca de una docena de filmes musicales salidos del estudio que contaba en su plantel con “más estrellas que el cielo” Entre ellas, Esther Williams.

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