La Wagner / Danza Teatro

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La Wagner de
Pablo Rotemberg
Teatro, danza, violencia de género y Wagner
El siglo está pariendo un monstruo.
Las piernas se abren con violencia
Y el sexo se desgarra
hasta la garganta (…)
(Tantanian, Un cuento alemán)
Azucena Ester Joffe, María de los Ángeles Sanz

Cuatro cuerpos desnudos en escena, que se enfrentan a la música de Richard Wagner1 y a una temática que las involucra en una puesta de danza teatro donde el hilo conductor de la narración pasa por la cosificación del cuerpo femenino. Las cuatro integrantes del grupo tienen sobre sí un trabajo de intensa disciplina que se traduce en la agilidad y la plasticidad de los movimientos que parecen surgir de su propia naturaleza. Cuerpos sometidos a la violencia en escena, cuerpos trabajados sobre una disciplina que los somete a producir sobre ellos una nueva estructura, de una flexibilidad que asombra. La música potente del compositor alemán inunda el espacio escenográfico que con una iluminación expresionista, compone secuencias enunciadas al espectador desde un viejo micrófono de piso; Parsifal, Tristán e Isolda, La violación de Carla Rímola, el cuadro más dramático y profundo con una semántica clara, explícita en el escenario donde el cuerpo de Carla es trabajado en el punto más álgido del sometimiento. La fuerza de la música de Wagner se traduce en movimiento y en el cuerpo de las bailarinas que con la misma pasión expresan la violencia que contiene. El amor romántico es expresión de la música wagneriana mientras al mismo tiempo los cuerpos se mueven con una exaltación prusiana de control sobre cada forma que se despliega. No hay sutilezas, ni figuras etéreas en las coreografías, sino precisión y dominio sobre el cuerpo propio y ajeno, imágenes que recuerdan a una sociedad militarizada que ejerce la brutalidad sobre el otro, figuras que recuerdan a la mítica alemana, Sigfrido, las valquirias2, una violencia que aparece en la fuerza sostenida de cada músculo del cuerpo, en cada posición que pareciera imposible de sostener. Movimientos que al repetirse producen un espesor sígnico de esfuerzo y voluntad desmesurado. La desnudez, sólo interrumpida por rodilleras y coderas, es una interpelación al espectador al mismo tiempo que una provocación, para dar cuenta de una naturaleza que no se enmascara en las múltiples máscaras que propone la sociedad sino que se expone, pone el cuerpo al arte y a la vida sin escamoteos ni falsos pudores. El cuerpo femenino objeto sexual por excelencia, centro del consumo y el mercado, se animaliza y aparece con una fuerza que proviene no del afuera sino desde las profundidades de su sexo. El cuerpo femenino en el acto de una danza ritual dionisíaca, con la música de un compositor que exaltaba la fuerza y la violencia para la construcción de un mundo nuevo que luego derivó en una danza cruel de sangre y sin razón en los ojos, los oídos, y una sensibilidad equivocada. La trayectoria de Pablo Rotemberg en las artes escénicas da cuenta de su estilo ecléctico y de su crítica mirada sobre nuestra sociedad. Una puesta en escena provocadora y que cumple con el gran desafío de haber despojado a los cuerpos femeninos de algún sentido erótico. Por el contrario, son cuerpos con una identidad propia más allá de la violencia de género y de la perspectiva masculina siempre omnipresente. El espacio escénico ha renunciado a todo artificio y solo la iluminación lo recorta o lo expande, luces bajas y precisas dejan al descubierto los cuerpos que sin medias tintas tiene el punto de encuentro con cada espectador. La ficción es real como el sudor que podemos observar a flor de piel mientras la tensión constante invade toda la Sala Alberdi. Desde el inicio nuestra cotidianidad que inmediatamente suspendida, pues en la parte superior cada bailarina / actriz se desplaza suavemente, midiendo cada centímetro de la pasarela que la llevará al espacio lúdico, armonía corporal, contrapunto del núcleo duro de la obra. El hecho danza teatro tiene muchos aciertos que exceden esta nota pero es importante resaltar que el tema de la desigualdad en términos culturales, de la imagen de la situación femenina producto de la sociedad patriarcal, no está planteado aquí en términos de victima / victimario. Siguiendo a Beatriz Rizk en una de sus afirmaciones sobre posmodernismo en el teatro: “por su estilo directo y hasta cierto punto aun marginal y contestatario, dentro de las artes escénicas está contribuyendo a la re-visión del discurso de la sexualidad […] y a la deconstrucción del patriarcado. (2001: 272) Así se construye una corporalidad femenina desgarradora pero fuerte, capaz de comenzar a ser el sujeto de su propia historia, a partir de su femeneidad y de su capacidad innata como individuo. Otro acierto es presentar al cuerpo femenino a partir de dos instancias diferente, como el concepto desarrollado por Françoise Dolto para diferenciar la imagen del cuerpo y el esquema corporal. Para el autor el cuerpo es “el mediador organizado entre el sujeto y en el mundo”. Entonces, mientras la imagen del cuerpo es propia de cada mujer, de sus vivencias personales y es memoria inconsciente (por ejemplo, en el caso de la violación); el esquema corporal es lo que nos une a una sociedad, a una especie, y es parte de nuestra memoria social (bajo el estigma de el “cuerpo objeto” con su valor de uso). Sin duda, las imágenes visuales impactantes son el producto de un proceso de investigación y de un perfeccionamiento constante. Cada acción física, cada movimiento, cada sonido, cada cuerpo desprovisto de su particular belleza construye un mundo coreográfico, mundo que más para ser mirado se ha construido para romper el límite ficcional e interpelar al espectador en su inmovilidad.

Ficha técnica: La Wagner de Pablo Rotemberg. Música: Richard Wagner, Phil Niblock, Armando Trovajoli. Escenografía: Mauro Bernardini. Vestuario: Martín Churba. Iluminación: Fernando Berreta. Edición y arreglos: Jorge Grela. Sonido: Guillermo Jauss. Producción ejecutiva: Mariana Markowiecki. Fotografía: Hernán Paulos. Video: Francisco Marise. Asistente de producción: Nicolás Conde. Coreografía: Ayelén Clavin, Carla Di Grazia, Josefina Gorostiza, Carla Rímola y Pablo Rotemberg. Asistente de dirección: Lucía Llopis. Dirección: Pablo Rotemberg. Sala Alberdi, Centro Cultural San Martín.

Bibliografía
Dolto, Françoise, 1997. “El esquema corporal no es la imagen del cuerpo” en La imagen inconsciente del cuerpo. España: Paidós Ibérica: 17-23.
Rizk, Beatriz J., 2001. “La cuestión del género y el tema de la sexualidad en el arte escénico preformativo” en Posmodernismo y teatro en América Latina: Teorías y prácticas en el umbral del siglo XXI. Iberoamericana: Madrid: 227-272.

1Richard Wagner, su nombre completo era Wilhelm Richard Wagner (Leipzig, Reino de Sajonia, Confederación del Rin, 22 de mayo de 1813 – Venecia, Reino de Italia, 13 de febrero de 1883), fue un compositor, director de orquesta, poeta, ensayista, dramaturgo y teórico musical alemán del Romanticismo. Destacan principalmente sus óperas (calificadas como «dramas musicales» por el propio compositor) en las que, a diferencia de otros compositores, asumió también el libreto y la escenografía. (…)Su ópera Tristán e Isolda se describe a veces como punto de inicio de la música académica contemporánea. La influencia de Wagner se extendió también a la filosofía, la literatura, las artes visuales y el teatro. Hizo construir su propio teatro de ópera, el Festspielhaus de Bayreuth, para escenificar sus obras del modo en que él las imaginaba y que contienen diseños novedosos. Allí tuvo lugar el estreno de la tetralogía del Anillo y Parsifal, donde actualmente se siguen representando sus obras operísticas más importantes en un Festival anual a cargo de sus descendientes. Los puntos de vista de Wagner sobre la dirección orquestal también fueron muy influyentes. Escribió ampliamente sobre música, teatro y política, obras que han sido objeto de debate en las últimas décadas, especialmente algunas de contenido antisemita y por su supuesta influencia sobre Adolf Hitler y el nazismo. (Wikipedia)
2 En el arte moderno, las valquirias a veces son representadas como hermosas doncellas escuderas sobre caballos alados, armadas con yelmos y lanzas. Sin embargo, el término “caballo de valquiria” era uno de los kenningar (un tipo de perífrasis escandinava) para lobo. Es probable que las valquirias no cabalgaran caballos alados, contrariamente al estereotipo, sino que sus monturas fueran manadas de lobos espantosos y beligerantes que buscaban los cuerpos de los guerreros muertos. Mientras que los lobos eran sus monturas, las valquirias parecen ser similares a los cuervos, volando sobre el campo de batalla y “eligiendo” cuerpos.7 De esta forma, las manadas de lobos y bandadas de cuervos que hurgaban entre los resultados de la batalla podrían estar sirviendo a un propósito mayor. De acuerdo al trabajo de gran influencia de Thomas Bulfinch, Bulfinch’s Mythology (1855), la armadura de las valquirias “despide una extraña luz, que destella sobre los cielos septentrionales, creando lo que los hombres llaman ‘Aurora Borealis’, o ‘Luces del norte’.” Sin embargo, no hay nada en otras fuentes que respalde esta afirmación, excepto por la llegada de las valquirias en la Helgakviða Hundingsbana
Pablo Rotemberg: es coreógrafo, músico y docente. Egresó del Conservatorio Nacional de Música y de la Universidad del Cine (FUC). Sus obras participaron en diversos festivales nacionales e internacionales de Europa, Latinoamérica y Estados Unidos. Recibió becas y subsidios del Fondo Nacional de las Artes, de la Fundación Antorchas, del American Dance Festival, del Instituto Prodanza y del Instituto Nacional del Teatro. Sus obras más recientes son: Las Vírgenes (Proyecto de Graduación del Departamento de Artes Dramáticas del IUNA, 2013), Todos o Ninguno (Fondo Nacional de las Artes, 2012), La idea fija, (dos Premios Trinidad Guevara: rubros Coreografía e Iluminación, y nominada en el rubro Dirección; cuatro Destacados de los Premios Teatros del Mundo en los rubros Coreografía, Dirección, Iluminación y Música Original), La casa del diablo y La noche más negra (ambas creadas para el Ballet Contemporáneo del Teatro Gral. San Martín, 2008 y 2012), Joan Crawford (creación para el Ballet Argentino, 2010), Nada te turbe, nada te espante (2009), Bajo la luna de Egipto (2007), Sudeste (Centro Experimental del Teatro Colón, 2006), El Lobo (2006). Por su trabajo como actor en Souvenir de Stephen Temperley (dirección, Ricky Pashkus) recibió el Premio María Guerrero “Categoría Estímulo” y fue nominado a los Premios ACE y Clarín como Actor Revelación en 2009.
http://elculturalsanmartin.org/programacion/evento/220-ciclo-el-cultural-baila-la-wagner-etapa-primera-de-pablo-rotemberg

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