Díptico Kafkiano

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Díptico Kafkiano
Franz Kafka /Alfredo Martín
El dolor del diferente

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Azucena Ester Joffe, María de los Ángeles Sanz

Hablar del peso específico de la narrativa de Kafka es casi una tautología, pero cuando nos encontramos con su escritura creativa puesta como hipotexto de una puesta en escena que la revaloriza profundizando su semántica no podemos dejar de mencionar la mirada, la percepción aguda de un autor que tenía sobre el tiempo que le tocó vivir una lucidez dolorosa. Envuelto en más de un mal entendido en su vida, la sociedad se le presentaba como una ajeneidad que lo asfixiaba sin comprender ni ser comprendido. El oscuro mundo de la burocracia estatal, la desconfianza sobre aquellos que no se adaptan al statu quo, y el peligro de no saber cuál es el castigo posible, ni porque causa es recibido, son constantes en una escritura que exorcizaba los demonios y daba cuenta de un camino sin salida, donde la inocencia era un grado más hacia la culpabilidad. Los textos que conforman el díptico tienen la particularidad de abrir y cerrar el ciclo de un pensamiento profético en la Europa de principios del siglo XX; textos en los que aparece la sociedad de su época en su función arrolladora sobre el ser humano, privándolo de una subjetividad que se empeña en destruir para convertirlo en el hombre masa capaz de aceptar con indulgencia los mayores crímenes sobre él.

Toda su obra nos parece autobiográfica: Kafka es el hijo de la carta al padre, Kafka es Samsa, Kafka es K, Kafka encarna como ningún otro hombre al engranaje anónimo de la maquinaria burocrática, al soltero virginal, al sedentario temeroso de toda corriente de aire, de todo viaje por nimio que fuere, de toda violencia proferida contra toda criatura (la vida misma parece una violencia en él) (Juan Forn, 2005, 5)

Como en puestas anteriores en Díptico Kafkiano Alfredo Martín como director trabaja con elencos numerosos que dispone en escena con maestría. El uso del espacio escénico, que en este caso se abre al espacio escenográfico mediante la voz de los personajes narradores, los investigadores del relato, guarda para la mirada del director en cada momento de la acción una funcionalidad sincrónica. Un locus dividido en dos, que será sala de estar o dormitorio, oficina o sala del juzgado según el relato lo precise; donde los personajes se mueven desde el centro hacia los laterales, amplificando la impronta de lo narrado desde un adentro que se expone, y un afuera, una extraescena que se sugiere. La elección de textos narrativos llevados al teatro, es otra de sus características, a la que como espectadores nos tiene acostumbrados. En este caso La metamorfosis (1915) y El Proceso (19251) son las textualidades elegidas para construir una estructura dramática que no se contenta con el relato lineal que de cuenta de las intrigas, sino que buceando en el nudo fundante de los mismos, pase su punto de vista por él y allí profundice un trabajo que mantiene una tensión dramática a partir de la actuación y del juego eficaz de los demás signos que intervienen en el texto espectacular: vestuario, iluminación, sonido. La primera obra fue escrita después del estallido de la Gran Guerra, mientras la segunda pertenece al período de entre Guerras. Es este estado de despersonalización y de deshumanización –surge la idea del soldado desconocido y después la experiencia de las trincheras produjo un hombre desilusionado con una fuerte manifestación de deterioro físico y psíquico- que la puesta en escena crea ante nuestra atenta mirada. En la escenografía el color gris metálico se impone – altas puertas, líneas rectas – como si fueran tanques de guerra en la línea de fuego; mientras la música atonal irrumpe remarcando la relación entre los personajes carentes de todo armonía. El espacio escénico produce la encadenación necesaria entre ambas obras, por un lado, y las muy buenas actuaciones, por otro, nos permiten abrevar en el inacabado universo kafkiano, Con solvencia cada actor/actriz le da cuerpo a estos personajes atormentados, algunos tratando de mantener los residuos de belle époque y otros sumergidos en la incertidumbre y el desosiego. Pero, es imposible no mencionar el trabajo corporal Iván Vitale en un Gregorio Samsa que nos resulta repulsivo y que se arrastra como un deforme insecto que no pertenece a ninguna especie:

Al despertar Gregorio Samsa una mañana, tras un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto. Hallábase echado sobre el duro caparazón de su espalda y, al alzar un poco la cabeza, vio la figura convexa de su vientre oscuro, surcado por curvadas callosidades, cuya prominencia apenas podía aguantar la colcha, que estaba visiblemente a punto de escurrirse hasta el suelo. Innumerables patas, lamentablemente escuálidas en comparación con el grosor ordinario de sus piernas, ofrecían a sus ojos el espectáculo de una agitación sin consistencia. (Kafka, 2005,71)

La tensión corporal desde los dedos de los pies, el sudor a flor de piel, la mirada vacía y los movimientos convulsionados dan cuenta de la bestialización y de la mecanización del ser humano. Si los dípticos necesitan ser construidos con materiales que permitan el pliegue del mismo, Díptico Kafkiano es una obra teatral que no acepta dobleces sino que, por el contrario, se despliegan como dos textos espectáculo que al cambiar de soporte tienen un plus extra a partir de la aguda mirada y del particular estilo de Alfredo Martín.

Dramaturgia: Alfredo Martín, sobre el cuento La Metamorfosis y la novela El Proceso, de Franz Kafka; Intérpretes: Iván Vitale, Daniel Goglino, Victoria Rodriguez Montes, Rosana Lopez, Cinthia Demarco, Gabriela Villalonga, Mariano Scovenna, Eduardo Perez, Brenda Margaretic, Pablo Mingrino, Gustavo Reverdito, Nicolas Fabbro y Eduardo Peralta, Musicalización: Mariano Schneider Madanes; Ejecución de Instrumentos: Mariano Schneider Madanes y Cinthia De Marco; Escenografía: Alejandro Mateo; Realización Escenográfica: Cinthia Chomski; Vestuario y Realización de Objetos: Ana Revello; Iluminación: Leandra Rodriguez; Diseño Gráfico: Gustavo Reverdito; Fotografía: Daniel Goglino; Asesoramiento corporal: Armando Schettini. Asesoramiento Artístico: Marcelo Bucossi; Asistencia de Dirección: Iñaki Bartolomeu; Puesta en escena y Dirección: Alfredo Martín.

Bibliografía:
Kafka, Franz, 2005. Franz Kafka. Relatos Completos I. Prólogo de Juan Forn. Buenos Aires. Losada / Página 12.

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