Pirucho / Funciones Patrióticas

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Pirucho
Por el Grupo
Funciones Patrióticas
Historias breves, Héroes anónimos

Azucena Ester Joffe, María de los Ángeles Sanz

Imagen

Dos situaciones históricas donde funciona el documento y la memoria familiar. Un adentro el espacio escénico que incluye a través de la iluminación y el acting al espacio escenográfico; un afuera la calle y sus ruidos cotidianos, los sonidos de los coches, las voces de la gente, y la entrada con una pequeña maleta de la Argentina como personaje en el cuerpo de Claudia Mac Auliffe. Todo comienza con los personajes entonando a capella, el Himno Nacional, ¿debimos seguirlos? la tentación estuvo. ¿Hasta dónde es interesante nuestra intervención? Luego, la presentación del personaje, situado en un corte sincrónico en la diacronía histórica: la llegada de Perón a la Secretaría de Trabajo y Previsión y a la Vicepresidencia de la Nación luego del golpe del GOU, su primer gobierno a partir de 1946. La Historia que encierra la historia de los hombres comunes, Pedro Rafael, Pirucho, la que guarda el diálogo que se establece a partir de la correspondencia que mantiene sobre todo con su padre, con sus hermanos, y la documentación que lo constituye como ciudadano de su época, la cédula de identidad, la libreta del Colegio, los papeles del Servicio Militar Obligatorio, la Libreta de Ahorro. El espacio escenográfico constituido por los actores y por los espectadores en un cuadro que se asemeja a La Lección de Anatomía1. Una mesa rectangular con un mantel blanco, profesionales y vouyers sentados alrededor, en filas, y elementos que nos hacen considerar el cuidado que requieren los elementos atravesados por el tiempo. Seudo investigadores, seudo historiadores, todos munidos de guantes descartables, signo de un siglo que es diferente al de la pintura, somos testigos de la autopsia de un cuerpo, que en sentido inverso a la disección, se va armando a través de la palabra, de los restos, de los fragmentos de una vida que se expresa a sí misma, y que es expresada a través de la mirada y la palabra de los otros: las cartas, los recortes de diario. Mientras la figura que lo encuadra todo La República, toma mate, come, o defeca ante la presencia del grupo y sus ocasionales ayudantes, que intercambiamos con ella grados sutiles de desdén e indiferencia. Un recorrido biográfico durante dos años en la vida de Pedro Rafael Soraire, desde 1945 a 1947, cuando él se aleja de la casa paterna para estudiar Bioquímica. El saber circula a través de las cartas que dan cuenta de la fuerte figura del padre y de su moral, además la forma como estaban designados los roles familiares y el de la mujer en el espacio público. Martín Seijo junto a Claudia Mac Auliffe, quien había escuchado la historia de su tío abuelo , materializan en un evento artístico, en una puesta en escena performática, el hecho real que transformó al joven en el héroe familiar. Ahora bien, como definir esta particular obra cuando la realidad supera ampliamente la ficción, el hecho teatral es subsumido antes la cantidad de documentos fehacientes que reconstruyen la vida del protagonista y su prematura muerte. Para los investigadores la cercanía con estas fuentes primeras y amarillentas tiene un plus extra y capta inmediatamente nuestra atención. Pero, también las cartas manuscritas del joven y las cartas tipiadas por su padre en alguna máquina de escribir atrapan al resto de los espectadores atentos a cada gesto, a cada movimiento o mirada cómplice de los personajes. A partir de ahora el joven Pedro Rafael Soraire, Pirucho, a dejado el anonimato y la intima admiración familiar, pues este relato de vida excede la vieja caja que lo contenía para convertirse, gracias a la Compañía, en un ser público y parte de nuestra memoria social. El grupo desde hace un tiempo le agrega a sus perfomances una economía de recursos directamente proporcional a la intervención que requiere del espectador, un público que lo sigue con fervor, porque sabe que siempre será sorprendido desde algún signo teatral o no. Podemos afirmar al ver sus puestas como Augusto Boal cuando define su teatro esencial que: “Todo ser humano es teatro. Teatro se define como la existencia simultánea – en el mismo espacio y contexto- de actores y espectadores. Cada ser humano es capaz de observar la situación y de observarse a sí mismo en situación”. Esa es la experiencia que Funciones Patrióticas propone con sus puestas a un espectador que ve y se ve a sí mismo constituyente indispensable de un ritual único. Para guardar para la memoria un evento de característica efímera, una foto grupal de integrantes y público constituirá un documento que formará parte de una identidad, que como es ya tradición, el teatro ayudará a consolidar.

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Ficha técnica: Pirucho. Investigación y Dramaturgia: Martín Seijo. Con: José Escobar, Ernesto Fontes, Claudia Mac Auliffe, Daniel Miranda. Vestuario: Nora Iniesta. Fotografía: Jorge Marino. Asistencia de Dirección: Rosario Iniesta. Dirección: Martín Seijo. Elefante Club de Teatro.

YAzucena Joffe, María de los Ángeles Sanz, Nora Iniesta, Lux Linder, Renata Lozupone, Susana Alvarez, Carolina Mac Auliffe, Carlos Mejía, Diego Gallo, Roque De Bonis, Sonia Novello, Ana Inés Mezzoparente, María Cristina Guahnon, Marité Molas, Graciela Esquivel, Pablo Laffaye, Cecilia Rainero, Lila Laffaye Rainero, Mónica Berman, Natalia Gauna, Sebastián Soler, Julieta Gibelli, Natalia Fernández Acquier y Mariano Villamarín.
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1 La lección de anatomía del Dr. Nicolaes Tulp es un cuadro del pintor neerlandés Rembrandt. Fue pintado en 1632. Se trata de una pintura al óleo sobre lienzo, que mide 169,5 centímetros de alto y 216,5 cm de ancho. Se conserva en el Mauritshuis de La Haya (Países Bajos). Es el primer retrato de grupo pintado por Rembrandt, que tenía entonces 26 años. Fue un encargo del potente gremio de los cirujanos, de los cuales Tulp, famoso médico de Ámsterdam, era un representante eminente. Un cuadro de similares características fue pintado por Thomas de Keyser en 1619. El cuadro muestra una lección de anatomía impartida por el doctor Nicolaes Tulp a un grupo de cirujanos. El doctor Nicolaes Tulp está representado explicando la musculatura del brazo a profesionales de la medicina. El cadáver pertenece al criminal Aris Kindt (Adriaan Adriaanszoon), de 41 años, ahorcado ese mismo día por robo a mano armada. Algunos de los espectadores son varios patrones que pagaban comisiones por ser incluidos en la pintura. En 1828 se decidió la venta pública de este cuadro en favor de la caja de las viudas de cirujanos. El rey Guillermo I impidió esta venta y ordenó comprar esta obra maestra para su «gabinete real de pinturas».

http://damiselasenapuros.blogspot.com.ar/2014/04/pirucho-una-leyenda-familiar-en-escena.html

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