Relato Íntimo de un hombre nuevo

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Relato íntimo de un hombre nuevo de
Martín Slipak
Un relato unipersonal de un
Hombre posmoderno

Azucena Ester Joffe, María de los Ángeles Sanzimage002

Un espacio blanco fondo y suelo, una escalera blanca también, y el cuerpo de un hombre de traje, un hombre de negocios, un yuppie, esos que la posmodernidad supo construir con su mirada mercantilista de la vida, con su adoración al dios mercado. Un relato discontinuo, por momentos fragmentado, que sin embargo, va conformando una historia de vida, de un instante del presente de esa vida, que narrada desde la liviandad de los acontecimientos nos deja un sabor amargo, de un alma suspendida en una nada que sólo se asume ante el recuerdo, como la magdalena de Proust, con el sentido del olfato, el olor de la oficina, su mundo, su continente. La familia en su relato aparecen como seres extraños con los que es obligatorio convivir; mientras el hombre va desnudando su alma y su cuerpo para mostrar las heridas y las frustraciones de una identidad que buscaba y busca su realización personal en la superioridad económica, y que fuera de esa instancia, la vida se le aparece como borrosa, como la película que viven otros y registran otros, donde él no aparece. ¿A quienes se dirige el narrador?, ¿cuál es el destinatario implícito en el relato? No parece una búsqueda de complicidad con el otro, sino una confesión dolorosa de alguien que busca reafirmarse a partir de justificar sus acciones. Un amigo, a quien describe con un físico descuidado, una mujer de plástico y un hijo, que disfrutan de las vacaciones, del paisaje, y sobre todo de la compañía, de la alegría de compartir juntos momentos de placer que merecen ser registrados, perpetuados por una cámara fotográfica. El espacio escénico avanza, cuando el cuerpo del hombre se sitúa entre la platea y expone su lasitud y su desarraigo ante una realidad que no le pertenece, que relata como un mal sueño, como una pesadilla de la que quisiera escapar, pero que lo deja en el interior de sí mismo sin discusión. Porque el paisaje de felicidad que describe para los otros apenas si lo roza, porque no puede compartir el mundo con los otros, cuando su mundo se describe en el espacio alienante de las cuatro paredes de una empresa; y su tiempo es una circunstancia paralela que no se toca con nada: “la mentalidad de nuestra época…es o demasiado rápida o demasiado letárgica; cambia demasiado o no lo suficiente; da lugar a la confusión y al equívoco”. (Claudio Veliz, en El mundo fragmentado, 13). Esta puesta en escena, en particular, no termina de crear la atmósfera necesaria para la intensidad de la historia. Pero, la ductilidad de Lisandro Rodríguez sí va construyendo desde el discurso verbal y corporal el cuerpo vital y seguro de sí mismo del hombre posmoderno, un cuerpo que responde de manera naturalizada a las exigencias de una sociedad de consumo cada vez más voraz:

La estatización de la vida social está basada en una puesta en escena refinada del cuerpo, en una elegancia de los signos físicos que éste afirma (puesta en signo) gracias a la cual se conjura la angustia del tiempo que pasa. Hay que domesticar a este socio reticente, para convertirlo en una especie de compañero de ruta agradable. (Le Bretón, 2006: 160)

Esta domesticación que se manifiesta a partir del cuerpo del actor pareciera ser de acentuada individualización que terminará por sumergir al personaje en el anonimato, en la invisibilización de su “imagen corporal” , de su historia particular. El elegante vestuario y el color blanco terminan de cerrar el círculo, pues la marcada tendencia en la actualidad por este color no es azarosa. La elección del blanco por los medios publicitarios para la decoración buscan reflejar armonía / equilibrio, simplicidad / suavidad, quizá para contener ese individuo que corre como en una cinta de moebius tras un deseo impuesto que se irá modificando según las necesidades del feroz mercado. Una obra en la que más de un espectador se verá totalmente reflejado.

Ficha técnica: Relato íntimo de un hombre nuevo de Martín Slipak. Intérprete: Lisandro Rodríguez. Asistente de dirección: Emanuel Parga. Iluminación: Matías Sendon. Escenografía: Cecilia Zuvialde. Vestuarista: Natalia Señorales. Foto Lozano. Dirección: Martín Slipak. Tutoría: Maruja Bustamante en colaboración con Ciro Zorzoli. Prensa Luciana Zylberberg. Espacio El Extranjero.

Bibliografía:
Castioradis, Cornelius, 2008. El mundo fragmentado. La Plata, Buenos Aires, Argentina: Terramar Ediciones /Caronte Ensayos.

Le Breton, David, 2006. “El hombre y su doble: el cuerpo alter ego” en Antropología del cuerpo y modernidad. Buenos Aires: Nueva Visión: 151-172.

 

 

Seguimos la definición de Matoso en tanto que la “imagen corporal” es propia de cada individuo y de su historia personal, mientras que el “esquema corporal” tiene que ver con aquello que nos hace pertenecer a una especie, raza, sociedad
Matosa, Elina, 2008. El cuerpo, territorio escénico. Buenos Aires: Letra Viva

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