Donde está el peceto

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¿Dónde está el peceto?
2001 Odisea de una realidad inesperada
Desde la memoria con humor

María de los Ángeles SanzDONDE ESTA EL PECETO 2001
En la sala del Centro Cultural El Túnel, un grupo de actores lleva adelante una comedia que pone en un presente satírico una situación dramática que como sociedad padecimos todos, una década atrás. La crisis de 2001 relatada desde la casa de una familia de la “alta”, ganaderos, sojeros, típicos representantes de la élite, despreocupados de todo lo que no se refiere a su propio placer, se ven envueltos por un siniestro personaje de la iglesia que con la excusa de ayudarlos, los pierde. Una típica familia, padres y dos hijos, varón y mujer. Cada uno con su propio rollo en la vida. Enfrente la “servidumbre”, es decir, gente que trabaja, y que lleva adelante las responsabilidades de la casa. Un hecho seudo azaroso, la pérdida de un peceto, se ve envuelto en un contexto de fracasos y pérdidas mayores. Lo micro dentro del seno familiar, lo macro una situación que como sociedad nos involucrará a todos. La comedia, ese género no siempre valorado, tiene la posibilidad de tratar temas de una seriedad aplastante, agudizando en certezas, planteando dicotomías, y entreteniendo a la vez que nos hace pensar en aquello que nos produce una carcajada cómplice. El 2001 parece un pasado lejano, que supimos conseguir distraídos en cosas menores, sin embargo no fue hace tanto, y sus secuelas y las de la década del noventa que provocaron la situación, todavía es hoy una valija no del todo vacía. La textura dramática fue escrita por tres de los integrantes del elenco, Carmela Cabezudo, una temperamental Blanca Estela, María Lucila Grimberg1, quien compone a una Pilar absolutamente verosímil, y que crece a medida que lo hace la trama, y Rolly Torcoletti, el padre Monasterio, que logra componer su personaje desde la hipocresía de su ministerio con soltura; él será quien cierre la puesta, dándole a la mirada final, el toque necesario para que todos hayamos comprendido, de que viene la mano; rompiendo la cuarta pared por segunda vez en la trama. La escritura juega de entrada con la ironía, desde la elección de los nombres de sus personajes. Todos recordamos cuál era el papel de Monasterio en la serie de El Zorro, que aún los nostalgiosos pueden disfrutar en un canal de aire. El espacio dividido en sala –comedor, y cocina, utiliza paneles negros para las inevitables entradas y salidas de una comedia de enredos. Porque así deberíamos definir como género a la obra, sólo que en este caso atraviesa lo íntimo, para dar lugar a una problemática histórica. Patrones y empleados enfrentados en sus intereses que al final tendrán que juntos caracerolear para pedir que un poder mayor les devuelva los que les pertenece. Desde la tipificación necesaria cada uno de los personajes está construidos por los actores desde el exterior, vestuario, postura del cuerpo, lenguaje utilizado que los identifica, intereses; cada cuál con su máscara para llevar adelante el rol que quieren jugar en el relato, un relato que constituye un momento puntual en sus vidas: diciembre de 2001. Todos logran credibilidad en la construcción de sus muñecos, y en la época, donde el descreimiento en los valores consagrados eran puestos en tela de juicio, ante el avance de un individualismo feroz, ante el sálvese quien pueda. Tanto en la adicción al consumo como en la búsqueda de nuevas creencias, como pieza de exotismo, cáscara banal que sirve de escape a la realidad, como en Thiago, (Axel Follín) El choque entre la Iglesia Católica y sus signos vaciados de sentido, la búsqueda en creencias alternativas, ponen al desnudo que el único dios que interesa para todos, es el dinero, el poderoso caballero. Como también el punto de vista de la pieza no deja dudas en que la unión de todos contra quien se va con lo propio, es sólo por eso motivo, es decir, porque ven amenazados sus valores económicos. ¿Dónde está el peceto? Es entonces en clave de humor una radiografía de un momento de nuestras vidas, sesgado en la vida de una familia de clase media alta, con todos los estereotipos que construye el imaginario social, logrado por el buen desempeño de sus actores y una dirección que mantiene el ritmo, sólo transgredido por los apagones que permiten transitar las elipsis de tiempo, y cambiar la escenografía, y por la caracterización de la hija, Lolita, Guadalupe Besteiro, quien lleva adelante un soliloquio de danza, que permite enterarnos de cuales son sus deseos, dentro de una familia donde todos son islas pérdidas en el placer momentáneo. Otro signo de época.

Ficha técnica: ¿Dónde está el peceto? Dramaturgia: María Mercedes Elicabe, María Lucila Grimberg, Rolly Torcoletti. Elenco: José Luis Baini, Guadalupe Besteiro, Carmela Cabezudo, Axel Follín, Esteban Garvie, María Lucía Grimberg, Agustina Sanz, Ramiro Torcoletti, Rolly Torcoletti. Vestuario: Arianna Rodríguez. Diseño de escenografía: Carolina Rivera y Marian Pagani. Realización de escenografía: Carolina Rivera y Lorena Booth. Puesta de luces. Esteban Garvie. Sonido: Axel Follín. Diseño gráfico: Juan Buffagni (Tienda Bufón) Fotos: Nacho Miyashino. Maquillaje: Mónica Martinez Preti. Web: Alexis Santander. Asistente de producción: Carolina Rivera. Asistente de dirección: Myriam Torcoletti. Dirección: María Lucila Grimberg y Rolly Torcoletti. Prensa: Tehagolaprensa. Centro Cultural El Túnel.

1 El equipo de dramaturgia en 2010 puso en escena en el Vitral Claramente Juan.

 

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