New York de Daniel Dalmaroni

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New York
de Daniel Dalmaroni
El idioma que más se habla en New York es el Castellano
Y el que más se usa en la casa es el silencio.

María de los Ángeles Sanz

newCuatro personajes, una casa suburbana, un fin de semana en familia, y un juego verbal que da cuenta de la sordera, la real y la buscada, para no saber aquello que rompería el universo organizado sobre el deber ser social que dictamina que la familia, la consaguinidad es el paraíso de los sentimientos. Nada mejor para el descanso del guerrero, nada mejor para el resguardo de nuestra integridad que un encuentro familiar. Sin embargo, Dalmaroni, con humor y un texto que no tiene fisuras da cuenta de la fragilidad de una institución a la que sólo puede salvaguardar la ignorancia. Los diálogos se convierten en monólogos ya que a quien van dirigidos no le llegan o lo hacen fragmentaria, tergiversadamente. Un tío y una sobrina son los ejes de una relación que de ser escuchada causaría horror, pero como todo se mueve entre los discursos sin trascendencia, su grito de verdad no encontrará el eco necesario. Los padres de familia, mantienen con la palabra un registro de relato apócrifo, desvirtuado por el recuerdo, por esa memoria caprichosa que elige que y que no guardar para sí. Secretos, demasiados secretos, y la antítesis declarar a cada momento que: “la verdad nos hará libres” o que “hay decirlo todo, porque sino se pudre adentro”, frases, que se repiten vacías de sentido, que son claro ejemplo de un lenguaje que se constituye como máscara. De las acciones a la enunciación mentirosa dentro de los lazos familiares, el teatro argentino podemos decir que ya ha sentado cátedra; que tiene entonces de diferente el texto de Dalmaroni; que se ocupa de una temática que sólo apenas hace unos años forma parte de la experiencia teatral: la violencia de género, la elección sexual. La violencia, las relaciones asimétricas, el poder ejercido sobre los cuerpos en las textualidades anteriores no discriminaba: violencia social que se ejercía en público o en privado. Desde el 2000 la dramaturgia se hace cargo de una violencia que nace de una constitución social, que se ejerce sobre el término más débil, que recae sobre el cuerpo femenino ante la complicidad de todos. Las actuaciones hacen aquello que la textualidad requiere, que nos caigan a la vez simpáticos y nos provoquen rechazo. La figura de la madre en el cuerpo de la actriz, divierte e inquieta en su afán de vivir tranquila por sobre todas las cosas, haciéndose la tonta, para pasarla mejor, sin querer saber aquello que le están diciendo en todos los tenores; pero en los matices que le imprime a sus palabras deja entrever que todo es un simulacro, que la verdad está allí, palpable, real, tanto como la picadita, la pileta, y ellos mismos. La hija, inicia con su presencia muda una historia donde finalmente sentirá que vive en un absurdo que no puede revertir, y nos comunica a los espectadores ese relato siniestro. El padre logra construir el individuo pasivo, que simula ingenuidad a partir de la sordera, pero que oculta y calla, para construir una armonía ficticia, y finalmente el tío, piedra de escándalo, se construye con gestos y expresiones, que constituyen la unidad de un discurso fragmentado, atravesado por el imperio del orden familiar. La escenografía naturalista junto a la iluminación produce climas, e impone el continente referencial que esperamos de los personajes. Dalmaroni parecería querer decirnos, la lengua, nos conforma en nuestro intento desesperado de ser eso mismo que creamos con ella; como una sobrenaturaleza, que nos exhibe y nos oculta. New York bajo la dirección de Jorge Schwanek es una puesta que logra construir el universo Dalmaroni, una nueva forma de grotesco, de seres que se mueven en el patetismo de reír y llorar, pero que nunca abandonan la máscara que los constituye, por mucho tiempo.

Ficha técnica: New York de Daniel Dalmaroni. Elenco: Rodrigo Cárdenas, Sofi Cristo, Ricardo Galizia, Nanci Raquel Losada. Escenografía y vestuario: Fernando Gaba Theurier. Diseño gráfico y Fotografía: Carolina Erbes. Producción: Jorge Schwanek. Asistente de dirección: Fernanda Sforza. Dirección: Jorge Schwanek. Prensa: Silvina Pizarro. Teatro: El Ópalo.

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