Cámara Lenta de Eduardo Pavlovsky

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Cámara Lenta
de Eduardo Pavlovsky
La decadencia de un ídolo

Azucena Ester Joffe, María de los Ángeles Sanz

camara lentaEduardo Pavlovsky admira el boxeo, es por eso, que inevitablemente tenía que escribir una pieza dramática que nos hablara desde su particular punto de vista de su significado, sus héroes, y sus fracasos. Cámara Lenta no es su primera textualidad sobre el tema, en el ‘67 escribe junto a Juan Carlos Herme, Match o Último Match que va a ver los escenarios del Teatro San Martín casi tres años más tarde, en el marco de la Fiesta Nacional del Teatro. Cámara Lenta terminada de escribir en su exilio madrileño, tuvo una primera lectura para la actriz Norma Aleandro quien sería la que prologaría la edición de Búsqueda en 1979 en Argentina. Su primera versión teatral fue dirigida por Laura Yusem a su regreso a Buenos Aires, mientras Pavlovsky también participaba del movimiento Teatro Abierto 81 [1]. A treinta años de aquella versión la dirección de Christian Forteza nos ofrece en el ámbito de la Sala Osvaldo Pugliese del Centro Cultural de la Cooperación una mirada sobre el texto que desde el clima y la actuación se propone recrear la atmósfera que llevó al autor a la construcción de esos personajes desgarrados. Forteza que ya había dirigido Potestad, construyó la figura de la víctima / represor en el cuerpo del actor Jorge Lorenzo que logró entonces adueñarse del personaje ideado por Pavlovsky como en esta versión de Cámara Lenta donde su Dagomar guarda toda la soledad, el dolor y el amor trizado que contiene el personaje desde la escritura del dramaturgo. Los tres integrantes del elenco fluyen en la concreción de sus criaturas, dueñas de una intensidad desde el acontecimiento que Pavlovsky resuelve con maestría. En ellos el pasado es sólo un montón de cristales rotos, que no pueden encontrar ya su todo porque los pedazos aparecen pero se resisten a formar el rompecabezas, mientras sus aristas filosas se lastiman entre sí cuando se acercan al recuerdo. lenta
Así es la relación entre Dagomar y Amilcar, su manager, su amigo / enemigo, aquél que siente sobre sí el peso de una responsabilidad que no termina hasta la última decisión; la anticipada por el sueño, la que late en el aire de la destrucción implacable de un deporte admirado pero que como la vida se ensaña con aquellos que se dejan seducir con los cantos de sirena del triunfo momentáneo. Lorenzo logra crecer en la introspección de los personajes pavlovskianos, en su ambigüedad y en sus límites, que siempre aparecen en el cuerpo, y en aquello que la memoria prefiere olvidar. Su trabajo entiende muy bien los tiempos subjetivos que la dramaturgia de Pavlovsky requiere, un tiempo que tiene que ver con el acontecimiento y no con una lógica temporal; por eso, su Dagomar ignora la iteración del relato que se neutraliza por los agujeros negros de una memoria que se resiste a ciertos recuerdos. El estrecho espacio escénico de la Sala se expande desde su centro, centro en el cual la precisa iluminación, casi cenital, va recortando a los personajes como si estuvieran en un viejo camarín de boxeo después de la inevitable y última derrota. El espacio lúdico despojado permite focalizar nuestra mirada sobre ese sitio íntimo y núcleo duro de la historia, donde cada criatura parece estar hablando para sí ante la imposibilidad de comunicarse con ese otro, por momentos, cercano y, en otros, ajeno. Es interesante como se construye este tiempo fragmentado y anclado básicamente en el pasado, así como capas del recuerdo [2] las escenas se suceden sin una lógica temporal, pues son la sumatoria de breves momentos que la memoria actualiza. Solo Rosa, amiga de ambos, pareciera estar en algún nivel entre el presente y el pasado, pero el cuerpo dañado y sufriente del boxeador materializa ese tiempo pretérito en sus mínimos movimientos. Pues el presente de la historia está deshabitado y el futuro no existe, casi no hay acciones físicas porque ellos quedaron atrapados en ese “ayer”. Por lo tanto, podríamos pensar que el discurso verbal estaría subordinado al discurso corporal, a los gestos y a los silencios. Un propuesta que acierta en poner en escena la despersonalización de los personajes, especialmente la de Dagomar.lenta 1

Ficha Técnica: Cámara Lenta de Eduardo “Tato” Pavlovsky. Intérpretes: Jorge Lorenzo, Raúl Mereñuk y Lorena Penón. Iluminación: Horacio Novelle. Prensa: Silvina Pizarro. Adaptación, Dirección y Puesta en Escena: Christian Corteza. Sala Osvaldo Pugliese del C. C. de la Cooperación. Duración: 60’. Estreno: 04/04/2015.

[1] En aquel acontecimiento político – teatral su intervención se dio con la pieza Tercero incluido.

[2] Deleuze Gille, 2007. “Puntas de presente y capas de pasado” en Imagen – Tiempo, Estudios sobre cine 2. Paidos: Buenos Aires (158-170)

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