Noches Rusas. Díptico chejoviano de Martín Ortiz

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Noches Rusas. Díptico chejoviano
El Oso, El pedido de mano de Antón Chéjov
Dos vaudevilles con la seria comicidad del dramaturgo ruso.

María de los Ángeles Sanz

10501602_10152893804553600_6021754015871125224_nEl vaudeville [1], género francés considerado de tono menor, fue el elegido por el dramaturgo ruso para dar cuenta de temas populares, para “los escenarios de provincia”, como el mismo aseguró, en sus obras El oso y Pedido de mano ambas de 1889. Las piezas de un solo acto, escritas con fino humor presentan personajes característicos, envueltos en situaciones cotidianas de la pequeña burguesía campesina y guardan el tono de crítica sobre las costumbres populares, su relación con el dinero y el amor; el matrimonio, las apariencias, y el valor del tener sobre la voluntad de ser. Conceptos universales que el describía a través de las criaturas que conformaban su realidad, y que desde la risa hacia la melancolía daban cuenta de la profunda disconformidad hacia su tiempo, y al modo que sus contemporáneas tenían de enfrentar la vida2. Tanto en una como en otra el tema del dinero está presente y en el medio de las relaciones de pareja. En El Oso una deuda contraída por el esposo muerto, hace que sea su viuda quien tenga que vérselas con su acreedor, y entre la disputa por la cobranza surja el deseo. En Pedido de mano un estudiado estado de situación hace que un joven se acerque a su vecino para pedirle la mano de su hija, pero en vez de eso se suceden un sin fin de actos tragicómicos donde la tierra y su posesión invalida cualquier posible contacto amoroso. Sin embargo, estamos en la comedia y ambas terminaran con un final feliz, apropiado en el sentido que finalmente el ‘amor’ venza a las cuestiones materiales y permita el encuentro de las parejas. La dirección de Martín Ortiz logra con las excelencias de las actuaciones crear el clima necesario de la comedia chejoviana en los tonos, el manejo del cuerpo, el desborde de las pasiones, la doble intencionalidad de las palabras y los gestos. Los personajes nos 000115339trasladan a un escenario donde todos los enunciados nos son verosímiles y nos permiten distendernos a través de la risa sin olvidar que ésta encierra más de una situación indecorosa. El juego entre las antítesis de personajes que se mueven entre la explosión y la contención de los sentimientos se establece en ambas obras; el personaje de Mario Petrosini avanza con rigor y brusquedad sobre una mujer, Marcela Fraiman, que se sostiene en sus principios hasta el desborde final. Ambos establecen un dueto que conjuga la destreza del cuerpo contra la fragilidad expresada en la voz de la actriz y sus movimientos de muñeca. Y la pequeña mujercita del pedido de mano, una increíble María Viau, en un despliegue de movimientos y recursos tiene en cambio toda la fuerza que aparentemente le falta a su pretendiente, David Paez, quien realiza un trabajo donde debe construir un ser anodino, pusilámine pero que crece cuando se siente atropellado en sus derechos. Los cuatro están muy bien acompañados en sus perfomances por César André, el padre, y Fernanda Cantarella, la sirvienta, para conformar un grupo de trabajo sin fisuras en la búsqueda de expresión de un Chéjov comediógrafo. Un balance que sostiene la intriga y mantiene la expectativa del espectador que rie sostenidamente al correr de las acciones, disfrutando de lo que se ofrece en escena. El dramaturgo ruso tiene en los escenarios de Buenos Aires una presencia constante, puestas tradicionales, adaptaciones, versiones y atrevidas construcciones desde procedimientos alejados a sus propuestas se suceden año tras año, sin embargo, no todas logran o se proponen el aire de su manera de ver el mundo y el teatro, está propuesta de la sala El Crisol, nos envuelve en su atmósfera y nos lleva al imaginario de sus personajes, para reírnos de nosotros mismos como Chéjov quería.000115338

Ficha técnica:
El Oso de Antón Chéjov. Elenco: Fernanda Cantarella, Marcela Fraiman, Mario Petrosini.
Pedido de mano de Antón Chéjov. Elenco: César André, David Paez, Maria Viau.
Diseño espacial y vestuario: Jorgelina Herrero Pons. Diseño gráfico: Marco Petrosini. Dirección Martín Ortiz. Teatro: El Crisol.

Bibliografía:
Lo Gatto, Ettore, 1972. La literatura rusa moderna. Buenos Aires: Losada.

1 Rusia había gustado siempre de este género teatral, pero durante varios decenios quienes habían compuesto “vaudeville” no habían sido los comediógrafos sino los actores. En tiempos de Chéjov el género había decaído bastante. “Escribir un buen vaudeville -solía decir Chéjov- no es cosa fácil. Se requiere una peculiar disposición de ánimo, hecha de espíritu elevado.” (Lo Gatto, 412)

2 “Muchos de los que lo conocieron cuentan que Chéjov reía abiertamente de las anécdotas e historias que narraban los otros, pero que era capaz de contar él mismo historias cómicas sin la menor sonrisa en el rostro.” (Lo Gatto, 411)

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