Abrir la Puerta. Biografía de un P. H. de Pablo Bellocchio

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Abrir la Puerta
Biografía de un P. H.
de Pablo Bellocchio

Azucena Ester Joffe, María de los Ángeles Sanz

abrir la PLa escenografía construye el comedor de una casa que cobija una familia de la de antes, con hijos y entenados, y que tiene puertas donde sus integrantes entran y salen al mundo; un conjunto humano que guarda secretos y silencios, fragmentos de memoria de algunos de sus integrantes que prefieren la indiferencia egoísta a una relación verdadera. Con una ácida mirada sobre las relaciones filiales, Pablo Bellocchio nos enfrenta desde una puesta naturalista a un espejo deformante donde los personajes se comportan de manera grotesca en la desmesura de su individualidad. Como diría Borges no los une el amor sino el espanto de no atreverse a estar solos pero enfrentados a una libertad que se niegan a sí mismos, en una falsa creencia de compañía por habitar el mismo espacio: la abuela, enferma de edad, cuyo síntoma es la presión alta, el padre cansado de ser la cabeza de las responsabilidades de todos pero sin muestra de afecto, el hijo cuya única manera de diálogo con él es a través de la pasión por el football y que tiene una forma de ver la vida diferente, la nuera a quien la imagen de un hijo muerto y un marido ausente le impide salir del encierro, la hermana del pater noster, y su hija la futura arquitecta, dos seres que comprenden las intenciones de los otros; todos conviven junto a una pareja gay, uno de ellos inquilino de la casa, que no termina de asumir su sexualidad. Todos islas que flotan en el clima decadente de la casa cuyo emergente es la humedad. El egoísmo y la necedad están presentes siempre en una mesa donde los conflictos se ignoran o se resuelven a los gritos, pero donde nunca aparece una palabra de aliento o de cariño, salvo en el que no pertenece a ella, que a pesar de todos sus defectos la quisiera para sí. Nostalgia que el dramaturgo pone en ese personaje de un imaginario sobre el núcleo de la sociedad, que tal vez nunca fue real, pero que tiñe el deseo. 11138131_1578907185702041_8409531651165929574_n
Duros enfrentamientos verbales, en un todo contra todos, que las actuaciones, no todas en el mismo registro, expanden por el espacio escenográfico, haciéndonos sin romper la cuarta pared, partícipes de las estrategias de cada uno para escapar al dolor de las pérdidas que produce el paso de los años. Una cajita de música cuyo girar inunda el espacio mientras aún no han comenzado las acciones, cuando todavía el ámbito de ese comedor es la única presencia, y que con su sonido cerrará la etapa de una casa que se ha extendido demasiado en el tiempo. La ley de la sangre, parece decir el autor, ¿es suficiente para establecer entre las personas una relación de amor y gratitud?, la respuesta que nos inunda desde la escena es no; un no que se agiganta ante lo inevitable. La infelicidad, la soledad, el cuidado de los viejos, a quienes se los considera incapaces de decidir sobre lo propio, como si ya estuvieran muertos, son crueldades cotidianas que nos atraviesan y nos hacen reflexionar sobre nosotros mismos. En el centro del amplio espacio escénico el comedor familiar como punto de encuentro o, mejor dicho, de confrontación; el mismo está limitado por distintas puertas, hacia las otras habitaciones y la puerta principal aunque esta última pareciera no conducir a ninguna salida. Los constantes desplazamientos de los personajes por las mismas crean el clima de inestabilidad necesario para la acción dramática, una atmósfera enrarecida con los continuos reproches, y que los tonos de las discusiones podría resultar algo incómodo para el espectador desprevenido. Si el núcleo duro de la historia es la falta de comunicación entre estas criaturas tan cotidianas, los breves momentos de humor no diluyen la tensión del relato, transformando el espacio intimo en una jaula, una caja cerrada donde sus ocupantes no tienen la posibilidad de vislumbrar algún tipo de solución afectiva.11146472_1581424722116954_6043327718180433667_n

Ficha técnica: Abrir la Puerta. Biografía de un P. H. de Pablo Bellocchio. Elenco: Alejandra Barrionuevo, Rodrigo Blanco, Jorge Fernández Román, Sebastián Lis, María Cecilia Mariño, Malvina Montenegro, Agustina Peres, Nicolás Salischiker. Diseño Escénico: Jorge Ferro. Diseño de vestuario: Susana Zilbervarg. Diseño gráfico: Rodrigo Blanco. Asistente de escena: Josefina Rotman. Asistencia de dirección y producción: Clara Mastronardi. Dirección: Pablo Bellocchio. Producción Lascia Colectivo de Trabajo. Prensa: Tehagolaprensa. Sala No Avestruz. Duración: 60’. Estreno 02/04/2015.

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