La sombra de un perfume de Susana Gutiérrez Posse

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La sombra de un perfume
de Susana Gutiérrez Posse

La mujer, que al amor no se asoma,
no merece, llamarse mujer.
Es cual flor, que no esparce su aroma
como un leño, que no sabe arder. [1]

Azucena Ester Joffe, María de los Ángeles Sanz

La-sombra-del-perfume.-660x330La dramaturga Gutiérrez Posse construye con su escritura un mundo femenino donde lo onírico, el sueño que se vive tanto de día como de noche, atraviesa a los personajes y sobre todo a uno de ellos: Candela. Un sueño común y tal vez único para las mujeres de un pequeño pueblo, Los Aromos, donde el lugar de lo secreto es exclusivo para ellas con un mandato de género que las oprime y las contiene al mismo tiempo, pero que las lleva indefectiblemente hacia la soledad o hacia la muerte. En esa constancia de años de ser siempre las segundas, las que van atrás de sus propios sueños, el abrazarse al tronco del Cedro y atravesar con él, la puerta de la vida, es un gesto de libertad inapropiado pero real y transgresor en la afirmación por fin de una presencia que necesita ser vista y oída por todos. La sociedad cubre con su mandato a una generación la de Capricho, Blanca y Candela, pero encuentra en Laurinda, un contendiente que puede y logra otra salida, otra forma de resistencia fuera de los contornos de esa cárcel privada. El amor prohibido, el amor ausente, la falta de amor, siempre el amor como universo para la mujer, en los la sombra de undiálogos, y en las canciones que se suceden a capella en las voces de las actrices, y que van componiendo un relato, que al principio deja muchos espacios horadados, pero que fragmentariamente va dejando caer las notas de una historia que pervive a pesar de pretender ser ignorada. El hombre, en la ambigüedad de los sentimientos de estas mujeres es el objeto de deseo, y a la vez el cosificador del cuerpo femenino, que bajo su mirada se transforma en una cosa que se toma y se deja con el desgano que aportan los años que apagan la pasión, para dejar paso a una dulce costumbre, como los scones. El espacio escenográfico se expande hacia delante y hacia atrás de su disposición en H, lo que permite al espectador ver y verse, mirar y ser mirado, mientras se suceden las secuencias, y la extraescena se hace presente por medio de las voces en off. Con movimientos, bruscos y desesperados, los de Candela, o suaves y felinos, los de Laurinda el lugar es recorrido coreográficamente en toda la dimensión posible. Los intrincados recovecos del alma femenina, su amor y la capacidad de odio que puede desarrollar cuando la venganza la transforma es también una manera de entablar diálogo con su complejidad, con la lucha interna que libra entre el deber ser y el deseo, entre la libertad y las paredes de su prisión. La violencia de género que no es sólo la del golpe, sino la de la indiferencia y la mentira, aquella que con su red de frases hechas, las que las canciones van naturalizando como verdaderas, se vuelve en una dulce trampa cuya salida puede ser la tragedia. En el reducido espacio lúdico se destaca la sombraun maniquí con el vestido de novia a la espera de un sueño inalcanzable, también observamos algunos tocados y elementos para realizar el tan soñado vestido para la novia de turno por Blanca. Mientras Capricho se dedica a maquillar a los muertos de manera artesanal para que sus familiares lo recuerden de la mejor forma; como si solo hubiese dos posibles caminos para las mujeres de la casa: el casamiento o la muerte. La constante referencia al Cedro, el personaje ausente, un espectro que debe cuidar que se cumpla el mandato patriarcal sobre las tres hermanas, formando un circulo cerrado y asfixiante mientras la joven aprendiz, Laurinda, es el personaje que irrumpe y rompe la aparente y frágil armonía. Cada actriz construye a su criatura con solvencia, de manera orgánica, y sin altibajos otorgándole al relato el ritmo y la intensidad dramática que requiere la historia. Si bien, la disposición del espacio lúdico permite que se expanda y nos involucre en todo momento, la precisa iluminación crea el clima intimo, confesional, donde la dolorosa soledad ha puesto en primer término la relación con el trabajo para cubrir los miedos y los verdaderos sentimientos femeninos. Por otro lado, el cuidadoso vestuario y los boleros a capela terminan por ubicarnos en un tiempo y espacio preciso. Un hecho teatral sin fisuras y de un acabado perfume a mujer.la-sombra-de-un-perfume3x2-650x0

Ficha técnica: La sombra de un perfume de Susana Gutiérrez Posse. Elenco: Belén Brito, Silvina Bosco, Ingrid Pellicori, Pochi Ducasse. Asistente de dirección: Juan Doumecq. Producción: TNC. Fotografía: Gustavo Gorrini. Mauricio Cáceres. Diseño gráfico: Verónica Duh, Ana Dulce Collados. Iluminación: Soledad Ianni. Escenografía y vestuario: Julieta Riso. Dirección: Corina Fiorillo. Teatro Nacional Cervantes. Duración: 60’. Estreno: 19/04/2015.

[1] Fragmento de Una mujer de Sandra Mihanovich

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