La Sirena de Luis Cano

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La Sirena
de Luis Cano

Ya no puede recorrer las rutas de nuestro país sin mirar a los costados y saber que en esas casitas precarias llamadas whisquerías, algunas o muchas mujeres eran víctimas de este flagelo.(Torres Cárdenas, 51)

nonameAzucena Ester Joffe, María de los Ángeles Sanz

Una mujer lleva adelante como Sherezade en una noche orgiástica un pacto: alcohol a cambio de relatos, cuentos, pequeños algunos, otros cada vez más ciertos, más cercanos a lo real. Su cuerpo bajo la luz de los reflectores, en un improvisado tinglado, con una tela decorada al fondo, el de la pintura de Françoise Louis Thomas, en estado de indefensión, cuerpo cosificado, ante los ojos ávidos de los parroquianos, de nosotros, mudos testigos, convertidos en jueces de moral, ángeles vengadores de un crimen, pero sin saber juzgar al que le dio origen. Un piano como en las viejas películas, suena lánguido sus melancólicas notas, el pianista es también un cuerpo cosificado que da lo que piden de él, sin voluntad propia, cómplice necesario de la escena que se desarrolla sobre el banquito que sostiene a la improvisada actriz. El derecho de apropiación del cuerpo femenino, el deseo del hombre que debe saciarse sin importar como, la indiferencia de todos, propios y ajenos, y el castigo cuando ese cuerpo se rebela, quiere huir, se niega a ser sólo un objeto de placer. Luis Cano con procedimientos minimalistas, pone en escena una FOTO La sirena 2cuestión que arde en la sociedad toda, la atemporaliza, la convierte así en el hecho imperecedero de un tiempo cíclico, el abuso sexual, el crimen sobre la figura femenina, la cuestión de género, y como desde allí comienza, el descendente camino de la desesperación y del trabajo de la prostitución1. Entre el cuerpo concreto y el mitológico, una sirena, se tejen dos miradas diferentes pero la misma condición fatídica. La sirena que con su canto seduce a los marineros en la Odisea, Ulises atándose al palo mayor para no acudir a su ruego; y la mujer bruja que pacta con el demonio para seducir y manipular al hombre, hay dos culturas, pero el mismo desafío. Sin embargo, en algunas culturas pre – cristianas, la virginidad y la sexualidad femenina estaban ligadas a los dioses, los babilonios, tenían la costumbre considerada infame por Heterodoto:

La costumbre más infame de los babilonios es esta: toda mujer natural del país debe sentarse una vez en la vida en el templo de Afrodita y unirse con algún forastero. (…) Cuando una mujer se ha sentado allí, no vuelve a su casa hasta que algún forastero se una con ella sexualmente fuera del templo y le eche dinero en el regazo. Al echar el dinero debe decir: “Te llamo en nombre de la diosa Milita”. Los asirios llaman “Milita” a la diosa Afrodita. (65)

Foto de escena La sirena 3La actriz da cuenta de la teatralidad de sus actos, los propios y los de su personaje, que también se construye a sí misma como otra, el gesto de sacarse la peluca, hasta develar ante todos, quien es, que esconde de sí misma. Monina Bonelli, emplea un registro que va desde el tono menor, casi intrascendente hacia una tensión que nos lleva como espectadores a sentir en el cuerpo las heridas que nos narra, para lograrlo además de su talento, cuenta con la buena disposición lumínica Julio Alejandro López, y el fondo de sonido de la música original, en la creación de Ana Foutel. Cuerpo expuesto en el escenario, cuerpo frágil que contiene en sí mismo la falta y la fuerza, y que ella desde su gestualidad y desde su voz, sabe como hacernos sentir la dicotomía en que la sociedad envuelve a la figura femenina. A la que se le exige docilidad y al mismo tiempo fortaleza para soportar la agresión sin defensa. El relato ubica al personaje en el punto exacto de un acto par, el que se permite el débil al asumir su propia fuerza y en un acto de coraje, defenderse y contraatacar. Una puesta potente, fuerte, que nos atraviesa y que nace de la unión de un texto y una actuación en perfecta sincronía. Foto de escena La sirena 1

Ficha técnica: La Sirena de Luis Cano. Actriz: Monina Bonelli. Pianista Ana Foutel. Escenografía y vestuario: Rodrigo González Garillo. Iluminación: Julio Alejandro López. Operador de Luces: Javier Casielles. Música original: Ana Foutel. Pintura del telón: Margarita López Doufour. Sastrería: Patricio Delgado. Asesoramiento Peinado y maquillaje: Cecilia Mendi. Beatriz Andiloro. Realización escenográfica: Gustavo Di Sarro. Fotografía: Marcelo Zappoli. Diseño gráfico: Lucía Vanín. Prensa: Octavia. Pre- producción: Lourdes Sole Dolphyn. Producción: Nico Capeluto. Asistencia: Lucas Sánchez. Dirección: Luis Cano. Teatro El Extranjero. Duración: 60’. Estreno: 15/07/2015.

Bibliografía:
Torres Cárdenas, Mariana, 2013. “Los cuerpos como mercancías” capítulo 3 en Se trata de nosotras. Buenos Aires: Las Juanas editoras.

[1] La sociedad ha naturalizado la apropiación del cuerpo femenino por el masculino en el comercio habitual de la prostitución, en otras culturas, la iniciación sexual de la mujer tenía inclusive carácter divino, sin embargo, con las religiones judeo – cristianas, y musulmanas, el placer femenino es visto como pecado, y la dominación y castigo de su cuerpo es la forma de controlar el deseo masculino y su dependencia. Negarle valor al cuerpo de la mujer, considerarlo no persona, es la manera de trasladar la impureza del propio deseo en el del otro, es la fémina la que con su conducta provoca el deseo en el hombre y lo lleva a manifestarse desde su instinto animal. Ella ya es culpable desde el vamos, sólo por su condición de mujer.

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