Camaradería de Analía Fedra García

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Camaradería sobre la pieza Los Camaradas
de August Strindberg
El amor, la amistad, un hombre, una mujer.

_MG_3294Azucena Ester Joffe, María de los Ángeles Sanz

El autor sueco, nacido en Estocolmo, es uno de los más reconocidos autores del siglo XIX por su poética en constante movimiento entre el realismo, el naturalismo y una poética oscura de carácter expresionista [1]. También es conocida su inquietante misoginia [2], sus difíciles relaciones en su vida personal con las mujeres, en la forma de ver y entender el papel que éstas debían llevar en la sociedad, la necesidad de su exclusión en el ámbito de lo público, y la justicia poética a que eran sometidos sus personajes femeninos cuando se atrevían a la trasgresión de los límites impuestos a su género. Los Camaradas es uno de los dramas primeros del autor, cuyo camaraderia 007nombre fue en 1886 Merodeadores, para tener su nombre definitivo dos años después, en 1888. Es una textualidad que tiene una intertextualidad con el naturalismo de Emile Zola, a quien Strindberg admiraba, junto al director André Antoine, y es también su primera obra centrada en las relaciones de género. El contraste del alma atormentada de Axel, su apreciación de las virtudes de Berta, su dolor al comprobar que ha sido desplazado del Salón de Arte, hace que el amor posible que sentía por su mujer se vea confundido con otro sentimiento menos noble como la envidia, o el deseo de no verse despojado de su lugar central en la vida de ambos. Analía Fedra García hace una lectura fiel al imaginario del dramaturgo, y expone en un espacio de escenografía minimalista un cuadro de situación entre dos parejas, la de Berta y Axel, asediada por el deseo oculto tras camaraderia 026la máscara de la amistad de Gagá, y Abel. Estos últimos personajes de una sexualidad que aparece ambigua, ya desde la elección de sus nombres, y que refuerza este sentido en la formas de vestirse, de comportarse y de enfrentar la vida. La igualdad que la mujer como actor social reclama en el siglo XIX y hoy también, se enfrenta al muro de los prejuicios que sostienen una esencia femenina que impide que entre ambos sexos puede existir la misma relación que entre los hombres, es decir, imposible ser “camaradas” ya que la mujer pertenece al sexo débil, y por lo tanto, es un peligro para el hombre que debe defenderse de su seducción, herramienta con la cual despoja a éste de toda posibilidad de defensa, y además de sus bienes materiales, no ausentes en la discusión entre los cónyuges. Esta particular puesta en escena parece tener como principio constructivo dos pares opuestos. Por un lado, mientras el espacio escénico es simbólico – grandes marcos camaraderia 009que se desplazan según requiera la situación dramática – el vestuario nos ancla en una época precisa; por otro lado, mientras el  discurso verbal es naturalista las actuaciones son inorgánicas y distantes, lo cual provoca un clima entre dos perspectivas distintas, como fuerzas que se atraen y se repelen. Por ultimo, también los personajes arquetípicos son opuesto entre la pareja que se consideró durantes años como ideal y sus amigos que intentan constantemente demostrar que la institución del matrimonio es solo una fachada. Interesante propuesta que, aunque por momentos decae el ritmo y tensión inicial, cumple con la difícil tarea de revisitar a un clásico del teatro universal.

Ficha Técnica: Camaradería de Analía Fedra García, sobre Los Camaradas de Strindberg. Intérpretes: Walter Quiroz, Yanina Gruden, Juan Pablo Sierra, Tamara Garzón Zanca; Diseño y Realización de Escenografía: Paula Molina. Diseño y Realización de Vestuario: Paula Molina. Diseño de Luces: Marco Pastorino. Diseño gráfico: Laura Rovito. Fotografía: Nestor Barbitta. Prensa: Silvina Pizarro. Asistencia de Dirección y Producción Ejecutiva: Marcio Barceló; Musicalización y Dirección: Analía Fedra García. El Portón de Sánchez. Duración:… Estreno: Agosto 2015.

_MG_3176B (Large)Bibliografía:
Strindberg, August, 1994. Teatro Completo. La Señorita Julia, Acreedores, Padre. Buenos Aires: Editorial Fray Mocho.

[1] Excluidos sus primeros ensayos románticos, Strindberg fue el introductor en Suecia, del modo naturalista en literatura que tomó de los franceses, especialmente de Zola, por quien sentía gran admiración, pero su naturalismo se orientó casi de inmediato a la exposición de los oscuros problemas de las almas, pudiéndose en este sentido su obras al lado de la Dostoiewsky. Strindberg pone al descubierto los móviles oscuros, los bajos apetitos, la crueldad innecesaria, todo lo irracional que constituye el motor de las actividades humanas, dejando un balance tan grande de desaliento. Sufrió más adelante la influencia de Nietzsche. (Prólogo a la antología de sus obras)

[2] En 1875 ocurre un episodio trascendental en su vida que había de convertirlo en uno de los misóginos más notables de la historia de la humanidad. Conoce a entonces a Sigrid Wrangel, esposa de un oficial del ejército sueco, con quien tiene un enredo muy romántico en su comienzo que termina con el divorcio de la protagonista y su casamiento con el escritor en 1877. Pronto comienzan sus dificultades matrimoniales y en 1883 deja durante casi seis años a Suecia (a raíz de la publicación de su libro “El nuevo reino (1882) que provocó un gran escándalo) residiendo en Paría, Suiza y Dinamarca” Tuvo otros dos desafortunados matrimonios más, el último con la actriz de sus obras Harried Bosse, que terminó en 1904.

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