El Don de Griselda Gambaro

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El Don
de Griselda Gambaro
La profecía que no será

Azucena Ester Joffe, María de los Ángeles Sanz

el dLa puesta que propone Silvio Lang de la textualidad dramática de Griselda Gambaro, El Don, busca producir en el espectador una oposición entre un texto que tiene un importante peso específico y una teatralidad que intenta movilizar esos cuerpos desde la levedad. En una estructura metálica que eleva el escenario, por donde los personajes se desplazan coreográficamente, se suceden las acciones de arrastre de objetos, que ponen en contraposición la acumulación de un mundo que se apaga por el peso de su propio egoísmo, y la figura de la madre, Márgara, que profetiza con dolor y sabiduría, un mundo que termina sino apostamos a la generosidad. Pareciera que en ésta su obra aún inédita, la dramaturga haya necesitado expresar la desazón de un momento planetario donde la violencia general, en lo más íntimo, la familia, como en lo más general, los países y los pueblos, es la vedette de los medios de comunicación. Sin saber hacia dónde nos lleva ese camino de ceguera generalizada, las voces del teatro se levantan una vez más, para decirnos a todos que volvamos sobre nuestros pasos y reflexionemos antes de seguir en una vorágine mortal. No la muerte necesaria, la que culmina con la vida luego de un plazo perentorio, sino esa que provocamos a nivel global con nuestras actitudes ególatras, con nuestro unnamedindiferencia hacia el otro, y hacia todo lo que sentimos que no nos involucra en lo inmediato. La dirección pide entonces a los actores ante una paradoja entre texto y escena que se involucren desde un trabajo con el cuerpo que no responde a un canon convencional. Desde una dramaturgia que apuesta a la palabra, a la necesidad de construir un relato sin quiebres en su lógica casual, a pesar de no presentar un tiempo y espacio reconocible, las actuaciones apelan al trabajo físico sobre el escenario sobre todo en los personajes que son el contexto de Márgara en esa tierra donde cerca del mar, reina la desolación. Desde el vestuario y la música original y en vivo, de características dodecafónicas, las secuencias se suceden entre la fuerte oposición tan transitada por la autora, entre las víctimas y los victimarios, entre quienes detentan la fuerza sobre los cuerpos, y quienes apelan a la palabra para modificar las conductas, ante la sabiduría de los años y la inconsciencia de quien la desprecia. Dice Gambaro en una entrevista:

Hay, sobre todo en los jóvenes, un gran desprecio que se expresa sobre todo en el comportamiento social. Los viejos, que son los más débiles, están muy desprotegidos en la convivencia. (2011: 169)

Ante la extrañeza propuesta desde la escena el espectador se incomoda pero a la vez disfruta de una belleza diferente. Interesante puesta en escena que hace añicos algunos de los códigos teatrales establecidos y quizá ganaría en intensidad y concentración de las “fuerzas actuantes” [1] si no tuviese las dimensiones edilicia de la Sala María Guerrero. El don2Una escritura escénica que provoca al sujeto espectador desde el inicio y que constantemente busca que las “fuerzas presentes en la escena” se extiendan más allá de las butacas. Un hecho teatral que puede provocar distintos sentidos y experiencias según la competencia del receptor pues tiene una clara intención de ambigüedad y de desnaturalizar cualquier limite en el hacer artístico. Podríamos pensar que tal vez una posible y parcial lectura sería a partir de pares de opuestos que provoca un feedback particular entre escenario y platea. Por un lado, la imagen visual del límite impuesto por la escenografía metálica de líneas rectas es dura y fría, una división tajante entre lo que podría ser la tierra – con días de intensa lluvias o de calor sofocante, un nivel más alto – de donde proviene el poder de la clarividencia – y otro nivel más bajo – quizá más humano. Mientras que el vestuario pertenece a otra “realidad” y parece desprenderse de un tiempo pasado donde ya no hay vestigios de la sociedad de consumo. Pero, el núcleo duro es la disociación estilística y estética entre el discurso verbal y el discurso corporal, pues ante la profusión del primero se opone la profusión en los movimientos y reiteraciones del segundo. Si la historia se ubica en algún pueblo costero el relato nos ubica en diferentes dimensiones, superrealidad escénica, logrando un texto teatral que es y será un punto de inflexión. Una experiencia espectatorial – física y emocional – que no es caótica ni es excesiva. Por último, la precisa iluminación y los sonidos – el eco, la deformación del tono de la voz,… contribuyen a ampliar el espacio real representado en este clima artificial y perturbador, y el elenco con solvencia ponen en escena la corporalidad distinta, orgánica, de cuatro seres que están a la deriva o quizá ya sean espectros pero capaces de mutar más allá del texto dramático.

Ficha técnica: El Don de Griselda Gambaro. Elenco (por orden de aparición): Cristina Banegas, Belén Blanco, Marcelo Subiotto, Claudia Cantero. Producción TNC: Yamila Rabinovich. Fotografía: Gustavo Gorrini, Mauricio Cáceres. Diseño gráfico: Verónica Duh, Ana Dulce Collados. Asistencia de dirección: Marcelo Méndez. Colaboración en vestuario: Laura Copertino. Coreografía: Diana Szeinblum. Música original y en vivo: Pablo Cécere. Vestuario: Renata Schussheim. Iluminación y escenografía: Gonzalo Córdova. Dirección: Silvio Lang. Teatro Nacional Cervantes: Sala María Guerrero. Duración: 95′. Estreno:13/08/2015.

Bibliografía:
Gambaro, Griselda, 2011. Al pie de la página. Notas sobre la sociedad, la política, la cultura. Buenos Aires: Grupo Editorial Norma.

[1] Conceptos utilizado por Silvio Lang: fuerzas actuantes / fuerzas presentes en la escena. http://www.revistallegas.com.ar/teatro-silvio-lang-estoy-harta-de-la-heteronormatividad/ [26/08/2015]

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