El Invernadero de Harold Pinter

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El Invernadero
de Harold Pinter
La fuerza de la burocracia es un discurso prolijo

ff794c8736935ac5c8b1a2765d489fe2María de los Ángeles Sanz

En el Camarín de las Musas, el absurdo de amenaza tiene bajo la dirección de Agustín Alezzo, una lectura de El Invernadero del dramaturgo inglés, Harold Pinter, respetuosa del texto dramático. La textualidad dramática tuvo una primera versión en 1958, que no llegó a estrenarse, para ser reformada luego en 1979 [1], como hoy la conocemos, y fue puesta en escena un año después en Londres [2]. La crítica a las instituciones sociales, y a sus falsas relaciones, los juegos con un lenguaje que sólo sirve para la confusión generalizada, que oculta y distorsiona la realidad concreta de las acciones, enmascarando una verdad que nunca se devela tras el peso de su cadena de significantes, el encierro de sus personajes en ese mundo construido, alejado del otro, de un contexto que cumple la doble función de sostenerlo y a la vez amenazarlo con su posible destrucción, es el nudo de la tensión dramática de la pieza. En un tiempo y espacio sin determinar, que la puesta ancla entre los sesenta y los setenta por el vestuario, y los objetos que constituyen la escenografía: el teléfono a disco, el 000120269diseño del mobiliario, su disposición espacial, se desarrollan las acciones que Pinter pensó para dar cuenta de muchas de sus preocupaciones. El espacio se presenta dividido en tres: la oficina del jefe, la sala de descanso, y el cuarto donde se lleva a cabo el interrogatorio, en sucesión horizontal, y que a partir de la iluminación le permite al público acceder a las acciones que allí se desarrollan, pidiéndole al espectador que se traslade visualmente de un escenario a otro a medida que la intriga avanza, mientras los otros personajes quedan en el espacio escénico, en penumbras. Sin atravesar la  cuarta pared los personajes van desarrollando las secuencias, y proponiendo una tensión de fuerzas que va cambiando de signo. Las actuaciones en general llevan adelante con soltura su muy buena perfomance, destacándose la que lleva adelante Edgardo Moreira como Roote, en su composición del ex militar ejerciendo el autoritarismo en el mundo civil, (el discurso de Navidad nos retrae a recuerdos no deseados de nuestra propia historia) y los enfrentamientos que tiene tanto con Nicolás Dominici, Gibbs, y Lush, Federico Tombetti, momentos 000120270en que los tres tienen un muy buen desempeño. La puesta pasa el punto de vista por lo absurdo de las situaciones, y explora los diálogos intensificando su costado de humor. De esa manera, provoca en el espectador, más allá de la dureza de la temática que se sospecha, la risa que alivia y que acentúa las contradicciones entre lo expresado y las acciones. Un humor sarcástico, ácido, en diálogos fluidos, ligeros, pero que provocan la reflexión sobre un mundo mecanizado y dominante de las voluntades individuales; que tras la máscara desenfadada nos deja percibir la crítica profunda a un sistema que lo que no atina a destruir, intenta por todos los medios fagocitarlo. La extraescena, esa que amenaza el status quo, penetra a través del relato sobre la madre, y en la voz en off que da cuenta de un entorno que puede no ser domesticado. Una puesta que revela la importancia del texto en escena para cierta manera de pensar el teatro, y que busca poner en el escenario el imaginario de las escritura, y del contexto en que aquella fue instaurada por su autor, con un muy buen desempeño actoral y de dirección.000120268

Ficha técnica: El Invernadero de Harold Pinter, traducción de Federico Tombetti. Elenco: Edgardo Moreira, Nicolás Dominici, Georgina Rey, Sebastián Baracco, Federico Tombetti, Bernardo Corteza, Jorge Noya. Diseño de iluminación: Félix “Chango” Monti. Diseño de escenografía y vestuario: Marta Albertinazzi. Música original y diseño sonoro: Mirko Mescia. Asistencia de dirección: Martín Ventimiglia. Asistencia de escenografía y vestuario: Analía C. Morales. Prensa: Duche & Zárate. Diseño gráfico y fotografía: Ramiro Gómez. Dirección: Agustín Alezzo.

Bibliografía:
Pinter, Harold, 2005. El montaplatos, El invernadero, Una noche de juerga. Buenos Aires: Editorial Losada.

[1] Escribí El invernadero en el invierno de 1958. Lo dejé a un lado para deliberar un poco más sobre la obra y no hice ningún intento de verla producida en ese momento. Luego continué escribiendo El cuidador. En 1979 releí El invernadero y decidí que valía la pena montarla. Hice algunos cambios durante los ensayos; principalmente, cortes. (Pinter, 2005, 55)

[2] El Invernadero se estrenó en el teatro Hampstead, de Londres, el 24 de abril de 1980 en una producción dirigida por Harold Pinter. El montaje se trasladó luego al teatro Ambassador, de Londres, el 25 de junio de 1980. (Pinter, 2005, 57)

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