Eduardo Pavlovsky (1933 /2015) Gracias por tanta generosidad y talento

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Eduardo Pavlovsky (1933 /2015)
Gracias por tanta generosidad y talento

Azucena Ester Joffe, María de los Ángeles Sanz

Hoy no vamos a subir la crítica de una de sus puestas, hoy no vamos a analizar ninguno de sus textos dramáticos, hoy nos toca la triste ocasión de rendirle un homenaje para desearle el mejor de los viajes en el nuevo estado al que finalmente accedió. Al que todos sabemos que alguna vez vamos a llegar, pero que de algunas personas no es más difícil asimilar, su ausencia de manera concreta, visible; aunque sepamos que dentro de nosotros todo lo que ofreció con tanto talento y generosidad no nos va abandonar nunca. Hoy su persona se fue del alcance de nuestra mirada, no de nuestra percepción atenta a todo lo que él representaba, y dejó para el crecimiento de la poética teatral, de la terapéutica, y de la captación de lo político y lo social a través del arte. Una cualidad de su persona, multifacético. Pavlovsky actor, dramaturgo, psiquiatra, director, pero sobre todo un hombre cabal. En lo personal, no tuvimos la oportunidad de conocerlo fuera de su actividad profesional. Compartimos algunos Congresos de Teatro, lo vimos en acción en algunas mesas redondas, como espectadoras disfrutamos de su presencia en el escenario, y escuchándolo con generosidad dándose a los demás en una charla; y lo leímos y admiramos desde la primera vez que tuvimos una de sus obras en nuestras manos. Un recuerdo personal de María de los Ángeles: “a mi hija Lucía, a los diez años, en una de sus primeras lecturas extracurriculares, la descubro leyendo y riendo, y cuando le pregunto cuál era el libro me contesta que me había sacado uno del escritorio que era muy bueno; aquella primera lectura no era otra que La espera trágica. Descubrí que alguien más se sumaba a mi admiración”. Un ejemplo del artista comprometido, que nunca abandonó esa forma de relacionarse con el todo, de no olvidarse de sí mismo en los otros, a quienes veía como iguales. No vamos a hacer tampoco un recuento de sus muchos logros en el campo de la ciencia y el arte, dos disciplinas que se han empeñado en separar como si ambas no formaran parte del acerbo de la persona humana, única en su fusión de cuerpo y alma; no porque necesitamos hablar de él desde allí, desde su humanidad, esa que nos trasmitía con las herramientas del arte y de la ciencia, pero que nunca se ocultaba en la frialdad de las palabras, sino que como decía su admirado Beckett, había que romperlas para encontrar en ellas la verdad, olvidando el simulacro de la convención. Abrirlas para leer en ellas lo que no se animaban a decirnos de otra manera. Buen viaje maestro, y gracias por enseñarnos a ser lo que queremos ser. “Antes te hablé de este hermano de mi mamá que fue mi primer gran maestro en la “forma de relatar la vida”. Un médico de barrio que contaba las cosas de la vida. Me “impregno”. Un sabio de la transmisión en el mundo de las escenas cotidianas” (Eduardo, Tato, Pavlovsky)

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