La crueldad de los animales de Juan Ignacio Fernández

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La crueldad de los animales

de Juan Ignacio Fernández

Humano, demasiado humano

                                                                                                                            Azucena Ester Joffe

lacrueldad2(1)Un título metáforico que aglutina varios sentidos. Ser cruel es un comportamiento humano sumamente agresivo que está atravesado por la experiencia social y cultural, también por la vida psíquica de cada individuo. Un claro síntoma de la tensión y del malestar que se ha generado en el ámbito privado y/o en el público, una pulsión de muerte que se manifiesta hacia el mundo exterior con fuerza destructora y que puede transformarse en autodestrucción. Juan Ignacio Fernández, autor de la obra, comenta que ha tomado como punto de partida la crisis del 2001 para “recuperar y entender desde un lugar sensible y precario, mis propias experiencias durante esos años. Contar una época sin nombrarla para no pensarla como un pasado sin retorno”. [1] La puesta en escena da cuenta de qué forma la crueldad es sólo humana y que depende de la coyuntura histórica. Desde esta mirada, el grupo de personajes agresivos demuestran cierta excitación al descargar esa tensión en una perra, en el capataz o en la empleada doméstica, o bien en sus propios hijos. Entonces, cuál es el mecanismo de un acto cruel que en cierto modo es naturalizado por su particular entorno:

En la definición y la conceptualización cotidiana y oficial de la crueldad, encontramos una función económica de descarga en la que se desplaza lo aberrante (lo malo) hacia otras representaciones comoal, a esa carne que encontramos en condiciones en que la persona está desprovista de sus atavíos psico-sociales habituales o adecuados para la convivencia.[2]

Aunque estamos acostumbrados que en las distintas expresiones artisticas – cine, literatura, plástica, danza,… – la crueldad puede ser el principio constructivo de la propuesta, en esta obra se manifiesta en diferentes formas – agresividad verbal y física, violencia de género, humillación feroz, sometimiento cruel,… – mientras la tensión va en aumento con una fuerza contradictoria que, por un lado, nos arrastra y, por otro, nos repele dejándonos sin aliento en la última escena. En oposición a su inicio, cuando al ingresar a la Sala Luisa Vehil parte del elenco recibe de manera afectuosa a aquellas personas que le son cercanas y entablan un breve diálogo, mientras el público se va ubicando en sus lugares, y el resto de manera distendida se mueve o desplaza 5K1A0700por el escenario. El reducido espacio escénico nos ubica en el jardín de la casa, se observa en el mismo el cesped sinténtico y varias sillas que se utilizarán en el centro o por fuera de este imaginario ring, en tanto los actores esperan para volver a ingresar a la ficción o bien participando desde ese sitio. Cada actor / actriz con solvencia crea a su criatura, por momentos desde una perspectiva orgánica y eniales, la búsqueda de un teatro que requiere una herramienta, el otros desde la exterioridad, otorgándole a estos personajes la textura necesaria para poder distanciarnos de la dureza de la temática. Ya desde el programa de mano, la imagen es inquientante: el cuerpo de una joven que con tímida desnudez muestra su belleza y de manera violenta el dedo de una mano masculina es introducido en su costado – como aquel soldado romano que atravesó el costado del cuerpo de Jesús para confirmar que ya estaba muerto. La historia se desarrolla en algún lugar a orillas del Paraná, donde en las tres generaciones de una determinada clase social la violencia doméstica fue adquieriendo mayor ambición, en tanto su “peonada” siguió manteniendo la frustración y el desasosiego innato de los más vulnerables. A los primeros los unifica el vestuario con sus abrigos de piel a pesar del calor, mientras que los segundos no tienen posibilidad de metamorfosearse, dentro de la cadena alimenticia, y sólo portan la vestimenta según su rol determinado. La particular escritura escénica de Guillermo Cacace es díficil de asir, acorde a una dramaturgia comprometida con nuestra realidad, sin embargo necesaria para rodear el núcleo duro del texto primero – como en su5K1A0524 anterior obra Mi hijo solo camina más lento, también en cartelera. Por un lado, dos de los personajes a modo de coreautas van narrando y mediando entre la pura ficción y la realidad y, por otro, el resto de estos seres durante sus diálogos, en algunos momentos, parecen romper la cuarta pared como si fuera un cuasi monólogo mirando al publico o no, desviando la mirada quizá buscando la complicidad en un receptor ausente. Si al comienzo desde el espacio virtual representado nos invadían los ladridos de una perra que cuidaba celosamente a sus cachorros, a lo largo del relato cada pausa va adquieriendo peso propio y al finalizar nos invade el silencio abrumador desde el espacio representado. La precisa iluminación incide de forma directa sobre la tensión en cada escena. Podemos pensar que como hecho teatral sólido La crueldad de los animales es una “metáfora viva”, concepto desarrollado por Paul Ricouer, en tanto nos transforma, necesariamente, en sujeto espectador pues somos integrantes de una sociedad cada vez más violenta. [3]

Ficha técnica: La crueldad de los animales de Juan Ignacio Fernádez. Elenco (por orden de aparición): Denisse Van der Ploeg, Fernando Contigiani García, Gaby Ferrero, Sebastian Villacorta, Iván Moschner, Ana María Castel, Esteban Kukuriczka, Sabrina Marcantonio, Nacho Vavassori, Héctor Bordón. Producción TNC: Santiago Carranza. Fotografía: Gustavo Gorrini, Mauricio Cáceres. Diseño gráfico: Verónica Duth, Ana Dulce Collados. Asistencia de dirección: Matías López Stordeur. Colaboración artística: Julieta Abriola. Música original: Patricia Casares. Escenografía e Iluminación: Alberto Albeada. Vestuario: Magda Banach. Dirección: Guillermo Cacace. Teatro Nacional Cervantes: Sala Luisa Vehil. Duración:… Estreno en Gira: 11/07/2015, en CABA: 02/10/2015.

[1] Según programa de mano

[3] Después de la cruenta Dictadura cívico militar, con nuestra frágil democracia llegamos a la instancia de el gobierno (como dice el saber popular: no hay que nombrarlo) que supuestamente iba a revertir una situación que desde lo social había incrementado la violencia sorda durante diez años. Todo aquello contenido, frustración, dolor, falta de posibilidades dio lugar a una escalada de fiereza en las relaciones que de golpe y por dolor contenido desbordó los límites de lo permitido y puso en claro toda la violencia que arrastrabamos casi treinta años atrás. Mucha de nuestra violencia actual de género deviene de un sentimiento masculino de frustración y de no saber ya que lugar ocupa dentro del mapa de la sociedad, y que se pide de él. La mujer galopó como en otros tiempos sobre el caballo de la necesidad encontró un territorio donde la frontera a donde podía acceder fue un horizonte móvil, y esa libertad adquirida y que no quiere ser perdida sino profundizada desata en el otro, en aquel que marcaba los límites una exacerbación de la violencia.

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Acerca de lunateatral2

Este es un espacio que administramos Azucena Ester Joffe y María de los Ángeles Sanz donde los artículos sobre la creación teatral en Buenos Aires es el centro de la temática. Buscamos una relación fluida con el campo teatral de todo el continente.

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