El Sr Galíndez de Eduardo Pavlovsky

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El Sr Galíndez de
Eduardo Pavlovsky
Del ’73 al 2015 una mirada sobre el poder

María de los Ángeles Sanz

000122544 GalíndezEn el espacio de la Escuela Da Vinci se presenta una versión libre de El Sr Galíndez bajo la dirección de Daniel Loisi. La dirección que está también a cargo de la puesta en escena, hace pasar el punto de vista sobre aquellos procedimientos y situaciones que presentan de forma descarnada el grado de violencia institucional que se desata entre las paredes sinuosas de un espacio cargado de una espera dilatada para trabajar. Las dos formas con que el poder utiliza la tortura como herramienta, se bifurca en la pieza de Pavlovsky en las figuras de Beto y Pepe, representantes de la vieja escuela, y Eduardo aquel que inaugurará la sistematización de la misma, es decir, aquél que sigue no el instinto y la supervivencia, ya que para los dos primeros personajes lo que realizan es un trabajo que les permite vivir, sino que conoce los intercisios, los pliegues que el discurso presenta, aquel que se utilizará para los cuadros militares que luego van a ser adiestrados, no sólo por sujetos como los primeros sino por la escuela francesa que desató su furia en Argelia. Un texto premonitorio, de un dramaturgo comprometido con la realidad de su país y del mundo, que pudo ver con agudeza los nuevos tiempos que se avecinaban como una amenaza siniestra, sobre todos nosotros, las víctimas y los victimarios, y como era de labil la línea que dividía a unos de otros.

Durante casi un año – recuerda Jaime Kogan- trabajé con él sobre la obra. Tres fueron los factores que vigilaban nuestros devaneos. Rigor ideológico para tratar a la tortura como institución inherente al sistema y no como hecho aislado. Rigor artístico para formularlo como una realidad escénica válida. Y la astucia imprescindible para que todo lo anterior, pudiera ser concretado sin que nos prohibieran la obra. (Dosio, 74/75)

La puesta declarada de Interés Cultural en la Ciudad de Buenos Aires y en Mar del Plata, es directa y no deja sitio a la ambigüedad con la que si 000118209 Galíndeztrabajaba el texto de Pavlovsky; desde el comienzo, si bien se muestra a los personajes en su cotidianidad, el maltrato hacia el personaje de Eduardo, nos introduce sin atenuantes en esa espiral de violencia que no dejará de crecer a lo largo de la intriga, para desatarse hasta llegar a un hiperrealismo exacerbado hacia el final en los cuerpos de las dos prostitutas. El personaje de Sara que no aparece en escena y que representaba de alguna manera a la sociedad que era espectadora y cómplice, Loisi se lo ofrece al espectador que ante el avance de los personajes hacia el espacio escenográfico, con la ruptura de la cuarta pared, los involucra en su pasividad y su silencio, ante el pedido desesperado de ayuda de Eduardo, o ante el intento de escape de una de las mujeres. El miedo que la tortura produce en los espíritus, en aquellos que la sufren y en aquellos que pueden sufrirla fue en los setenta, y sigue siendo hoy una herramienta de control a distancia, como una expansión que impide que los actores sociales actúen con libertad para que por el contrario, cada individuo ejerza, aún sin presión evidente, una manera de control que lo haga ciego, sordo y mudo ante la realidad, igual que los tres monitos de la prudencia. Las actuaciones son potentes, ante un trabajo corporal exigido en escena desde una proxemia intensa en las SR GALINDEZescenas. La fuerza de los cuerpos golpeados o picaneados piden del actor una impronta que atraviese en ese momento único el cuerpo del espectador, y ese instante se logra, haciendo que todos contengamos la respiración y podamos sentir la incomodidad de ser testigos del dolor ajeno, sin intervenir, participando con nuestro silencio de una complicidad no deseada. El Sr Galíndez es la pieza más reconocida del autor, que tiene y tuvo numerosas versiones dentro y fuera del país, junto con Potestad, de las dos hay una versión cinematográfica. Necesaria intervención de otro lenguaje para dar cuenta de una realidad que no es fácil de aceptar, y que muchos quieren ignorar: la certeza de la tortura como herramienta de represión en todas las épocas por parte de las instituciones que se supone deben cuidarnos; y la apropiación de los cuerpos, de los bebés nacidos en la última dictadura cívico militar, y de aquellos que trafican con las personas en la democracia [1]. Loisi entonces lleva adelante una puesta que considera imprescindible el preguntarnos, junto a Pavlovsky, cuáles son los mecanismos que ponen en funcionamiento en la mente humana la cosificación del otro; proceso que posibilita que alguien que podemos encontrarnos en cualquier parte, y que no lleva el estigma de su labor marcado en la frente, tenga sin culpa, como trabajo, el poder sobre los cuerpos, sobre la vida y la muerte de un semejante; y lo hace de forma contundente.

Bibliografía:
Dosio, Celia, 2003. El Payró. Cincuenta años de teatro independiente. Buenos Aires. Editorial Emecé.

Piraino, Damián, 2013. Detrás de Luciano. Buenos Aires: Anarkumbia Tirapiedra. Imprenta Grafika Under.

Ficha técnica: El Sr Galíndez de Eduardo, Tato, Pavlovsky. Elenco: Marcelo Arteaga, Christian Heredia, Daniel Loisi, Laura Manzaneda, Marilú Maygret. Operación de sonido: Rodrigo Aldoa. Diseño gráfico: Christian Heredia. Asesoramiento de imagen y estético: Laura Manzaneda. Fotografía: Matías Moraes. Puesta en escena y dirección: Daniel Loisi. Escuela Da Vinci.

1 Los casos de Julio López o de Luciano Arruga por mencionar sólo dos de los que se tienen registro, son una evidencia clara que el aparato continúa, y está basado en el miedo que produce hablar de ciertas cosas, y por una forma de discriminación que nos lleva como entonces a pensar que si les pasa es porque “algo habrán hecho”. Así nos relata lo que acontece con el destacamento de Lomas del Mirador en su libro Detrás de Luciano, Damián Piraino: “Buscan menores porque al ser inimputables, la puerta giratoria tan nombrada es maravillosamente funcional a su caja negra. A un menor se lo puede usar varias veces y llegada su edad punible alcanza con un kilo de merca, una 38 y un cadáver para cerrar su negocio criminal, no vaya a ser que estos negros después canten. ¿Los que se niegan? Submarino seco, picana, escuela de la Américas, y en quince días está listo el caco suburbano; el que te apunta con esos ojos que no son del mundo, que ya están prostituidos ¿Los que se siguen negando? Bueno, Luciano. (pág, 35)

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Acerca de lunateatral2

Este es un espacio que administramos Azucena Ester Joffe y María de los Ángeles Sanz donde los artículos sobre la creación teatral en Buenos Aires es el centro de la temática. Buscamos una relación fluida con el campo teatral de todo el continente.

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