Cuando se detiene la palabra de Omar Pacheco

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Cuando se detiene la palabra

Omar Pacheco

Prólogo de Víctor Hugo Morales

Prólogo de Rodolfo Braceli

Entrevista: Jorge Dubatti

Páginas 151 (Anexo fotografías)

Ediciones Colihue Teatro 2015.

Azucena Ester Joffe, María de los Ángeles Sanz

Todas las formas convencionales y naturalistas me resultaban accesibles y podía desarrollarlas con una alarmante facilidad. En los lugares de formación por donde transitaba, sentía que todo se empobrecía, que perdía el valor de la trascendencia, de la hondura, de lo que podía construir internamente como emociones que escapaban de mi cuerpo sin poder retenerlas. En ese preciso momento presumí que la comunicación tenía que ver con la trascendencia del instante sagrado. (Pacheco, “Consideraciones Preliminares)

getBookImgEl dramaturgo ofrece un texto que abarca su propia visión teórica de lo que debe y puede ser la acción teatral, y lo hace con una suma de pretextos, propios y ajenos que nos van introduciendo como huellas a seguir para que nuestra lectura sea lo más productiva posible. El material que nos ofrece es rico de por sí, pero los prólogos de Víctor Hugo Morales, Rodolfo Braceli, y sus propias reflexiones previas son una suerte de indicios para el descubrimiento de una manera diferente de pensar el teatro.

No inicie la lectura de una manera convencional.

Antes, acepte el siguiente desafío:

Abra el libro en una página cualquiera, ponga un dedo sobre un conjunto de frases.

Seis o siete líneas.

Ahora sí lea. (7)

Desde allí, desde el teatro como forma de vida además de construcción artística, las palabras van tejiendo una red donde el hombre, el profundo aquel que tiene un compromiso consigo mismo y con los demás debe aparecer no ya desde la técnica sino desde una manera de ver y sentir la vida. “La búsqueda del hombre hacia el encuentro con el actor” es uno de sus apartados donde explica de que se trata su método:

En la primera etapa del proceso de formación, de una manera opuesta a cualquier otro tipo de aprendizaje teatral, es mucho más productivo trabajar con un aspecto virgen del ser humano que con alguien que haya tenido experiencias circunstanciales de seminarios aislados o diagnósticos equivocados en disciplinas sueltas. (33)

Todo aquello que sujeta al individuo a la sociedad para agradar, las máscaras necesarias del hábito de la convivencia debe dejarse en la puerta del taller de Pacheco para desde esa desnudez poder incorporar un proceso nuevo: “En la primera etapa metodológica, el individuo trae un bagaje de información y busca todas las seguridades como para encontrar resultados eficientes, por lo tanto, lo que está cargando en su disco rígido es una cantidad de información que tenemos que sacar como un virus de la misma máquina” (34-35). Esta es una “decisión” que el alumno / tallerista debe tomar, no una “opción” entre tantas, sino una elección en la que se sienta identificado. En nuestro método afirma el director “no importan la edad, ni la condición social, sino que lo que se pone en juego son la pasión y el deseo de profundizar en zonas que desconocemos y tememos profundamente” (35). Es podemos afirmar casi una experiencia religiosa, un ir desde adentro de cada uno creando desde allí las herramientas que ayuden a enfrentarse con los demonios propios y ajenos, los más íntimos y los que la sociedad despliega sin atenuantes. Inquieto por la pasividad, por las excusas que se ponen para no cambiar, preocupado por la falta de una rebeldía sana y real, el ve al adolescente como demasiado acomodado a las circunstancias, sin intentar que las mismas sean las que se construyen por ese misma persona a diario: “Correrse de ese lugar de seguridad es el principio de la transformación del hábito, del aburrimiento, de la repetición de los sucesos cotidianos […] por la valoración de la comunicación en un área artística: el teatro” (38). El teatro entonces, no es el lugar de la fama ni de la exposición, sino es el lugar del riesgo, hay mucho de Artaud en estas afirmaciones. En este particular y acabado método su última instancia es como “perderse en tiempo y espacio”:

Él [estudiante] comienza luego a permanecer en ese lugar y a sentir una falta de conciencia temporal. No sabe cuánto duró un taller, cuánto tiempo habitó un estado y cuándo el cuerpo permaneció en un lugar desconocido para él, porque también perdió sentido de la geografía del espacio que habita. Empieza a hacer uso de su cuerpo en una realidad simbólica. (58)

La propuesta de Pacheco es intensa y única, primero para el hombre así éste puede descubrir en su individualidad al actor. En este recorrido, encontrar “el camino esencial que nos permite rozar en algunos momentos el estado ideal de la creación, que es un estado inconsciente”, es alcanzar una especial subjetividad. Un punto de partida para un estilo de vida y una forma de actuación. En los breves apartados el director y docente va desglosando de manera clara las diferentes etapas del aprendizaje sin olvidar los otros signos teatrales -los objetos, la arquitectura escénica,… Porque cuando “se borran los bordes” es posible esa comunión con el espectador desde la percepción, más allá de una lectura intelectual. En cualquier punto de su escritura pedagógica el dramaturgo e investigador es transparente y a la vez firme en su compromiso con y por la vida y con el quehacer teatral. Hundirse en cualquier párrafo de este libro es vivificante, es como un breviario indispensable para cualquier sujeto social y, en particular, para el actual sujeto espectador. Porque está redactado desde la fuerza interna y la coherencia que ha mantenido y mantiene entre lo dicho y lo hecho: “cuando hablo del Teatro Inestable, hablo del futuro, del presente y del pasado”. (69)

Hacia el final del texto dos géneros completan la escritura: una extensa entrevista llevada a cabo por Jorge Dubatti y un trabajo de investigación realizado por Ludmila Barbero. El desarrollo de la entrevista le da un marco histórico al recorrido de Omar Pacheco, siguiendo una línea desde sus trabajos primeros, su exilio, su regreso al país y sus últimos trabajos. Por otra parte, el trabajo de Barbero le encuadra en un sistema que va formando en el desarrollo de poéticas que fueron abarcadas por el actor / director desde sus comienzos1.

1 Una primera etapa (1983 / 1989) “(…) la búsqueda de lo que Pacheco denomina “zonas universales de comunicación”, un segundo período (1993 /1997 /2001) y la Cuna vacía (2006) (…) se caracteriza por una mayor referencialidad histórica que la que podíamos observar en las piezas anteriores. Un tercer período con la pieza Del otro lado del mar (2205) y la pieza inédita La otra vida. “En estas obras los elementos más marcadamente referenciales que habían salido a la luz en las obras anteriores encuentran un equilibrio con respecto a la amplitud polisémica del símbolo.

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