Diez por Diez. Literatura dramática y Escritura escénica

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Diez por Diez. Literatura dramática y Escritura escénica

Con Prólogo de Mónica Berman

Editorial Escénica Sociales, 2015

Páginas 300

CdOEM1RWwAI_RnY.jpg:largeAzucena Ester Joffe, María de los Ángeles Sanz

Una textualidad que recoge algunas de las puestas más interesantes de la cartelera del teatro en Buenos Aires, es un hecho positivo y significativo para el campo teatral de Buenos Aires. Como afirma Mónica Berman en su reflexión sobre el arte y el mercado, en el prólogo que le da inicio:

Reflexionar sobre los mecanismos de legitimación en las artes escénicas implica pensar, en cada caso, quien puede de hecho y de derecho hablar, a quien de que modo […] No es difícil arribar a las dos conclusiones siguientes: Primero, un proceso de legitimación puede ser solo parcialmente una búsqueda de autolegitimación: sin un mercado que acepte, que otorgue valor, que establezca los precios, no hay capital simbólico. Segundo, es impensable suponer que hay un solo mercado, ni siquiera en el reducido ámbito de las artes escénicas porteñas. Ah, editar un libro bien supone un proceso de legitimación de las obras públicas, es justo explicitarlo. (6)

La bestia rubia de Andrés Gallina que inicia el texto es uno de las dos obras que dieron cuerpo escénico a la figura del padre Mujica1. De la memoria a la palabra la personalidad de Carlos Mujica es el paradigma de una forma de ver la sociedad desde la justicia y la reivindicación de clase, su imagen magnificada por el sacrificio de su vida y de su muerte no fue sin embargo una temática recurrente en nuestro teatro. La pieza dividida en cantos que son como los pasos seguidos por la pasión de Cristo, como la estructura de una letanía, con un lenguaje que no se priva de lo escatológico en las dos acepciones de la palabra;2 lleva adelante los momentos previos al ataque del que fue víctima y pone en acto las dudas como hombre y como pastor que el padre podría haber tenido en su misión en las villas.

Señor, no pare nunca / de buscarte / en todas las cosas. / Señor ayúdame / quiero estar con ellos / a la hora de la luz / El cielo está cerca / Quien pierda la vida por mí / la va a encontrar / Así dijiste vos / pero ahora no quiero. / Una ganas de vivir…/ Señor. (9)

Los cantos siguientes ponen en la boca de testigos, amantes de los recuerdos, custodios fieles de la memoria necesaria, esta dualidad entre el hombre y el siervo de Dios. Entre aquél que ama la vida tan despareja y azarosa, y quien sabe que a pesar de ser un simple mortal siente que tiene una misión que no puede eludir: “El hombre que pretende vivir / como un ángel / y termina viviendo / como una bestia.” (11) Su antiperonismo de clase y su realidad de pastor: “En mi barrio mi mundo / paladea la victoria. / Algo de todo ese mundo / se me derrumba. /Algo de todo ese mundo / ya no me pertenece / Eso sentí. / Y eso me gustó.” 13) El amor ella, tentación y pecado, pero también amor, ese que la religión dice que debemos sentir por todos. Las pasiones, la fama, fútbol y sus apariciones en la televisión, un hombre que desea irse lejos con la mujer que le enamoró el corazón a pesar de saber que le está prohibido. Un héroe romántico en pleno siglo XX que lucha por los pobres y que sabe que el amor debe sacrificarlo por la causa. Si el cede deja de ser creíble, él no es el Che que concilio amor y lucha, el es un siervo del Señor, con lo que eso implica a una Iglesia que prohibe y acusa a quienes defienden a los hombres por sobre la Institución. Un texto fuerte por la impronta de su enhebrado escritural, y por el personaje que aborda: “Señor / quiero estar / con ellos / a la hora de la luz. Acompaña al texto dramático el análisis de la puesta de Mónica Berman que resalta la actuación de Nelson Rueda y la dirección acertada de Tatiana Santana desde un texto que sin estructura dramática tradicional propone un desafío diferente a la hora de llevarlo a la escena: “La dirección de Santana y la actuación conmovedora, potente, plena de ternura, así, sin solución de continuidad- de Nelson Rueda colocan a La Bestia Rubia en uno de esos lugares inolvidables.” (33)

El segundo texto dramático, En el fondo de Pilar Ruiz, es contundente y pone de manera descarnada el tema tan actual, lamentablemente, de la trata de personas y de la prostitución, y por supuesto de la violencia de género. La autora sin caer en lugares comunes le da una textura especial a sus dos personajes en una relación simbiótica entre victima y victimario. Una historia en constante tensión y suspenso, un sobre que Flora no quiere abrir y un celular que llama con insistencia a Pedro.

Pedro: (Abre el sobre y saca una foto vieja en la que está Flora de chiquita) Mirate, sos vos antes de llegar. ¿Ves? […]

Flora: (Agarra la foto) No soy yo.

Pedro: ¿Sabes por qué no te reconocés? ¡Porque todavía no eres tan puta!

Flora: (Mirando la foto hipnotizada) Ustedes me sacaron el alma. Capturaron mi cuerpo y me sacaron el alma.

¡Andate! ¡Andate lejos! (50)

La situación dramática se va construyendo en la delgada línea que divide el mundo inocente y falto de cariño de ella y el submundo de la oscuridad, de las mentiras y la explotación sexual de él. El amor entre ambos no tiene futuro, solo queda la pequeña bicicleta con rueditas, un globo terráqueo con luz y un embarazo que para Flora es otro más y para Pedro es el hijo de ambos. El texto crítico que lo acompaña es del periodista y crítico Daniel Gaguine, Madurez y creatividad para una puesta de cruda actualidad, quien desde su mirada experimentada en las artes escénicas aborda la obra desde los distintos sistemas significante y afirma que:

En el fondo es una puesta fuerte, atrapante y reflexiva en cuanto a la problemática tratada. Lo destacable es que venga de una joven creadora como Pilar Ruiz, que se sumergen un mundo de marginalidad y violencia pero sin caer en el lado oscuro de la banalidad y el golpe de efecto de la coyuntura reinante. (57)

Esto también pasará de Mariano Saba y Andrés Binetti presentan un juego ficcional, una ucronía, donde los personajes argentinos van en una cápsula espacial junto a una extraña mujer, y si bien da cuenta de un país en el futuro donde la posibilidad de los viajes espaciales forma parte de su realidad, también en la presentación del espacio físico nos da cuenta de que seguimos siendo esos argentos que arreglan todo con alambre, cuya tecnología es apenas un simulacro.

El futuro. Argentina ha logrado finalmente atravesar el espacio con su primera nave comandada por humanos […] Todo el receptáculo se encuentra teñido por una leve pátina de desgracia: los viejos artefactos arrumbados, el óxido invadiéndolo todo, los tubos y los caños agujereados por donde asoman ramilletes de cables cual si fueran las entrañas mismas de un cyborg despanzurrado. En medio de todo eso, un par de astronautas realiza actividades. (61)

En el juego dialéctico entre la posibilidad y la carencia la temática de la falta de agua, fantasma que sobre vuela el mundo, y que nos convierte en un reservorio que en el futuro parece acabado para todos. Marte parece la solución posible, y el vuelo paródico que Saba lleva adelante en su textualidad dramática, nos habla con humor de una problemática que nos amenaza en un futuro no deseado pero posible. La inclusión de un poema que imita a la gauchesca con sus versos octosílabos, y su relato de las circunstancias de los sujetos que narran van tiñendo de argentinidad un espacio y un tiempo en que la identidad argento, parece desdibujada.

Ya soy un espejo roto / con sombra de alma vana. / La memoria de este croto /no puede ver un mañana / Pero puede, si creer / que algo vive en la nostalgia. / Y así cruzarte otra vez / en una tarde de magia / Sos mi amor y sos mi sol, / sos mi luna y mis faroles. / Morena de ojos saltones / que hoy queda solo en mi voz. (88)

El análisis de la puesta en el Teatro del Pueblo fue realizado por Verónica Escalante, que realizó un estudio exhaustivo de su poética, el género de la ciencia ficción, como también de los recursos y procedimientos escenográficos. La definición del género y su implicancia dentro de otro, tiene en el análisis un interesante marco teórico que va desde Umberto Eco a Jorge Luis Borges.

Sin dudas, la construcción del espacio escénico es de los gestos más contundentes de la obra. La puesta dice más allá del texto. La desgracia se materializa en los elementos que componen la escenografía (que recrea el interior de una nave espacial. (98)

La siguiente obra es de Rubén Sabadini, Trópico del Plata, el autor desde la primera didascalia construye el mundo privado e interior de la joven, la situación de opresión y soledad en la que se encuentra sin una salida posible. Con la previa aclaración de que ambos personajes “deberán ser actuados por la misma actriz (o actor)”. Aimé, en cada uno de los bailes de los Enmascarados, se va transformado y ya no pareciera sentirse un objeto sexual, una cosa casi sin valor, sino que te va animalizando a la espera de poder satisfacer a su depredador:

Guzmán siempre me dice: “Sos mi tira de asado y te voy a chpara hasta los huesos” […]

Yo me río desde la parrilla,

medio que no me importa que me vaya comiendo por adentro.

Ojo, sé que me trae problemas en mi cuerpo

no tener algunas de las partes de acá adentro,

que él se va comiendo vez a vez […]

Yo me dejo comer.

En pleno asado vienen los amigos,

disfrazados todos,

y él como es generoso

les da un trozo de mi carne,

acompañado de vino frappe […] (111/ 2)

Un texto durísimo que sumerge al lector/ espectador en el abismo incontrolable de la trata de personas, de la prostitución y, obviamente, de la violencia de género. El trabajo polifónico de Mónica Ogando, El cuerpo y el espacio en clave de género, da cuenta de la experiencia espectatorial de la puesta en escena:

Todo monólogo inevitablemente construye un pacto de interlocución más o menos implícito. Y la autoconfesión que ensaya Aimé para sí también interpela a una platea que, como un tercer personaje tácitamente aludido, completa el acto enunciativo. Por momentos, el silencio de la sala oscila entre la impotencia y la expectación, entre la complicidad y la indignación contenida. (123)

El corazón del incauto es una obra cuya escritura es compartida por Patricia Suárez y Sandra Franzen. En un escenario de gauchesca, ambientado un siglo atrás, los personajes tejen un triángulo amoroso diferente, donde la mujer es el cuerpo trasvertido de uno de sus vértices. La poética realista –costumbrista se ve atravesada por los procedimientos del romanticismo: la pareja imposible, la figura del villano, la coincidencia abusiva, el final trágico. Todo se teje en un medio tono que va in crescendo hasta el desenlace no deseado. La autora, Patricia Suárez, tiene una larga trayectoria en el teatro con textualidades solo propias y otras compartidas, como en esta pieza, que con una mirada desde el género va componiendo personajes que buscan entre otras cosas una identidad escurridiza que se escapa entre los pliegos de la desesperación y el mandato social. Personajes femeninos no importa el sexo, que se buscan a sí mismos en el acontecer de las acciones y pronto se enfrentarán a los límites de la historia, la propia, la cotidiana, que como en espejo se vuelve metáfora del acontecer en la sociedad con los cuerpos y las almas de esos sujetos que se buscan a sí mismos. La puesta tuvo la sensibilidad y calidez que el texto requería: “Pues los signos de los rostros exceden la internalización del drama y dejan al descubierto la ambigüedad, la inestabilidad y la fragilidad de tres almas en un entorno social / material que los devora” (157)

En sexto lugar, Por eso las curitas, de Macarena Trigo es una puesta en abismo de su autora. Teatro autobiográfico que tiene el color local de la tierra de su infancia y adolescencia, España. Una historia simple y única, privada, que a modo de un juego infantil va proyectando distintas imágenes: el mapamundi que se convierte en globo terráqueo, la animación de un trencito o de un autito realizado con un paquete de tabaco, las fotos de m. (así se llama el personaje),… sumerge al lector/ espectador en el mundo fragmentado e inacabado de los recuerdos. Con humor, por momentos irónico, y con la necesaria reflexión que dan los años, la distancia temporal, la protagonista y narradora recupera y nos entrega esos momentos particulares que van dejando marcas -desde sus 3 añitos hasta sus casi 20 años. Ya hace más de una década que vive en Buenos Aires y casi ha olvidado la niebla de Castilla, quizá la lluvia de nuestra ciudad la ha ayudado a correr la bruma sobre esas heridas que sufrió desde la tierna infancia y que aún duelen. Solo las curitas del tiempo podrán lograr que cicatricen bien:

La lluvia tiene un efecto cucharita que todo lo revuelve. Los recuerdos. Quizá por eso de que obliga a pararse en las esquinas esperando que escampe o porque te sorprendes corriendo, saltando charcos y gritando como un niño en medio de la calle, no sé. Con los recuerdos de la lluvia nunca se sabe qué aparece. (173)

La reflexión que realiza Leticia Martin, Una apuesta a la puesta, destaca la importancia de las imágenes visuales, entre los otros códigos teatrales:

[…] es innegable que la anécdota de vida -a nivel del soporte visual- aparece como escapando a la ficción y consiguiendo, de todos modos, altos momentos de verdad escénica […] observamos aquí la presencia de ciertos procedimientos mediante los cuales la escena construye sentido al adjudicarle una función significativa a cada uno de los elementos visuales o sonoros que incorpora, ya sean éstos reales, tomados del flujo de la vida, o producidos intencionalmente. (175)

El siguiente texto es Ensayo sobre La gaviota. Antón Chejov es un desafío para actores y directores del campo que difícilmente pueda ser soslayado. Marcelo Savignone no podía escapar al deseo de tomar la textualidad tal vez más veces llevada a escena del dramaturgo ruso y ofrecernos una lectura particular sobre ella como ya lo había hecho en Un Vania. La palabra ensayo que principia el título nos habla de algo que está en continuo proceso de producción, como un eterno movimiento de la palabra, la textualidad primera será trabajada hasta lograr que aquello que quiere ser dicho entre los intercisios de la voz y los silencios se expanda rizomáticamente para lograr en el espectador sensaciones nuevas, y una puesta que busque ofrecer luego del tiempo transcurrido una cadena de significantes que forman una línea interrogatorio, para el quehacer teatral hoy, la relación con la escritura, la fuerza de la corporidad en escena, y todo las problemáticas que surgen de una lectura cruzada con el núcleo primario de la historia. No sólo la pasividad de una sociedad, la rusa, que deja mientras discute banalidades que lo importa le pase por al lado, sino los ingredientes que conforman esa discusión eterna entre quien es el autor final de una puesta de teatro. Marcelo Savignone tiene una particular poética a la hora de actuar y dirigir actores, y busca desentrañar, más allá de las palabras, aquello que se oculta en el deseo de los personajes y que duda de ser expresado. Para ello como bien afirma Daniel Gaguine, se arriesga, cruza texto dramático y papeles narrativos, no porque desconfíe del poder del texto teatral, sino porque quiere abarcar el mundo chejoviano y traerlo hasta nuestros días con una nueva eficacia.

Será este espíritu creador de Savignone el que enmarca esta versión tan personalísima creativa de La Gaviota. Por tal motivo, dividirá aguas entre aquellos que sientan como un texto puede expandir sus límites hacia otros lenguajes para enriquecerlo y quienes se quedan en el reproducir “in eternum” lo mismo, sin tocar una coma – esto sería “una falta de respeto”. (207)

El cruce no será sólo el entre de la producción del dramaturgo, sino que los lenguajes se cruzarán con otras disciplinas: la música y la danza. En un trabajo coreográfico que incita al espectador a tomar parte del acontecimiento, como si eso fuera posible, tras el rompimiento de la cuarta pared. “Pero el gran hallazgo será que no caerá nunca en un videoclip en vivo. Por el contrario, la utilización de temas de fuerte carga dramática permite establecer una forma de contención para el propio desarrollo de la puesta” (209)

El lema scout parece ser estar siempre preparado, listo, para la supervivencia. Dennis Smith en BoyScout desde la escritura dramática y la escritura escénica le dio visibilidad a un tema difícil de abordar: la violencia y el mal trato que sufren los niños/ adolescentes por parte de sus pares y/o de sus lideres. Desde la primera acotación Smith es claro y Mariana Mazover en el texto que acompaña destaca:

La soga es el elemento metonímico privilegiado del mundo del BoyScout. La soga se nombre, se establece como motivo recurrente en el texto y también es utilizada como signo visual […], en afirmación que, reñida con el mundo mágico de Lewis Carroll, desmiente rotundamente que los tiempos de la infancia y la pubertad pertenezcan únicamente al reino de lo maravilloso. (227)

Un relato de vida ficcionalizado, necesario para exorcizar los fantasmas y seguir creyendo en un futuro mejor, que a través de los saltos temporales nos va dando cuenta de los difíciles momentos vividos y la forma en cómo el personaje se distancia de esa realidad viéndose asímismo, recuerda: “Yo ya tengo la cabeza abierta. Hace un día que me miro a mí mismo desde afuera” (216); o bien cuando le responde a Mr. CampLeader: “De entender, de eso se trata. O de aceptar. Quizá entender desde el corpus vulnerado no sea la solución, y haya que aceptar y observar desde afuera, desde otra cabeza.” (223). Un recorrido doloroso y fragmentado por los recodos de la memoria, donde en cada recuerdo la salida se hace más difícil:

Entonces, mientras me patean y me vuelve a patear y me escupen, el germany empieza a suceder. Es algo bastante asqueroso. Termino empapado y pegoteado. No lloro, Gaby, perdón. Me duele tanto todo que ya ni lloro. (224)

Por último, Mazover en su texto, Crecer para narrar, desde su mirada lúcida entre otras cosas comenta:

[…] también se singulariza el lenguaje del teatro musical al que apela la puesta: las canciones arman una suerte de biografía musical del personaje/autor con un precioso repertorio que tematiza el amor y celebra la vida. Dennis Smith versiona canciones populares y resignifica sus sentidos para encontrar, también en aquellas letras, algo de lo que nos quiere decir sobre sí con su garganta herida. (228)

En Los talentos los personajes son jóvenes que buscan una identidad ligada a las palabras y a la poesía, y que de una manera singular, con diálogos fluidos y juegos verbales, dan cuenta no sólo de las acciones que proponen, sino de un interrogante que subyace en cada palabra escogida, en cada controversia, cada vez que escanden un verso: quienes somos, y que queremos ser en nuestra vida. Una historia de amor también está presente, porque en una pieza cuyo destinatario son los jóvenes, la problemática de las relaciones personales y la búsqueda de un sentido profesional son temáticas que los involucran con honda preocupación. El futuro y el enfrentar la vida desde el crecimiento y la libertad están también atravesados por la cuestión de clase: “Ignacio: Claro, viste, si mi vieja fuera rica y me hubiera regalado un departamento como éste, yo también los invitaría.” Con profusas didascalias, que no sólo son funcionales a la puesta sino que van creando el clima y la construcción de los personajes, desde la mirada del otro, que es siempre un juez de las acciones de sus compañeros de ruta en ese viaje que la vida les propone entre las cuatro paredes del departamento y en la condición de la memoria que busca el encuentro con aquello que está teñido de nostalgia. Entre fábulas y apólogos y la diferencia entre animales y humanos, lo que queda es la moraleja, es decir, una enseñanza buscada y esperada desde la literatura para encontrar el camino, el punto de apoyo a la realización personal.

Ignacio: Una cosa más acerca del poema, Lucas. Es cierto lo que vos decís que no lo podés terminar hasta no saber qué va a pasar con los Budas reales…Pero yo sé muy bien lo que hay que hacer en cada uno de los casos […] 107

El análisis de la puesta lo realizó Leni González que busca en el lenguaje cinematográfico un punto de contacto con la temática y la conformación de los personajes de la obra. Punto de contacto que afirma el cine expandió con mayor amplitud, y que el teatro todavía no ha explorado suficientemente.

La última obra de este interesante compilado es Cactus Orquídea de Cecilia Meijide. La dramaturga desde el inicio a través de las acotaciones da cuenta de la construcción de los personajes que se multiplican en el cuerpo de cada actor, una actuación coral donde estas criaturas se sustituyen y se confunden en el otro sin alterar el sentido de cada escena. Los actores deben romper la cuarta pared y ellos mismos “devenidos en utileros armarán y desarmaran el espacio […] También accionarán un equipo de sonido para musicalizar…” Esta demostración del artificio genera un ritmo especial e intenso. Son espacios públicos y cotidianos de coordenadas espaciales precisas –en un bar o en una ferretería, en La Giralda o en el Puente de la mujer, en la calle o en un museo- que dan lugar a historias simples, mínimas, que a veces se pierden en la rutina. De este modo, a lo largo del relato cada escena tiene cierta continuidad con la que la precede o la prosigue por un personaje, por un comentario o por un objeto. Así como puede ser errático el recorrido por nuestra ciudad así es lo que “dibuja” la particular escritura de Meijide: inacabada, artificialmente creativa y no caótica. Encuentros, desencuentros y reencuentros entre estas criaturas sensibles y urbanas.

Isaías: (A público) Estoy escribiendo lo que creo va a ser una novela, es sobre un hombre que pierde a su mujer, pero en vez de extrañarla su vida se silencia. Es una historia mágica […] Yo estoy en la mesa de un bar, Imelda en la mesa de al lado. (219)

Un joven que luego se describe como “un escritor bloqueado” y que incluirá en su futura historia coral a la joven Imelda. Un cactus orquídea o un folleto, nada es lo que parece y quizá son como fantasmas que solo están en la imaginación del escritor, o como los cuentos de La mil y una noche que surgen uno del otro para que el lector/ espectador se sumerja en el clima del realismo mágico. Para Natalia Laube, autora del texto que acompaña la obra dramática, “Cactus orquídea es, entre muchas cosas, un pequeño canto de amor por esta ciudad”. (321)

La propuesta que plantea Diez por Diez. Literatura dramática y Escritura escénica, tanto desde el texto primero como desde el hecho espectáculo, está orientada a un segmento amplio de lectores y/o espectadores del quehacer teatral. Una propuesta necesaria, polifónica y creativa, para pensar y disfrutar de nuestro actual campo teatral.

1 El otro texto le corresponde a Cristina Escofet, Padre Carlos, el rey Pescador (2014)

2 Escatología significa: 1- conjunto de creencias y doctrinas referentes a la vida después de la muerte. Rama de la teología que estudia la problemática del destino último del hombre, las cosas y el mundo desde la perspectiva de la fe cristiana. 2- Tratado de cosas excrementicias.

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