La maldecida de Fedra de Patricia Suárez

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La maldecida de Fedra

Un monólogo de Patricia Suárez

Una historia conocida desde los ojos de un testigo necesario

000133282Azucena Ester Joffe, María de los Ángeles Sanz

La estructura del monólogo que escribiera Patricia Suárez tiene como en un relato narrativo, dos líneas de desarrollo, la primera, la que produce el relato en superficie y la segunda que es realmente la que se quiere contar. Fedra enamorada de su hijastro, Fedra y su destino trágico; la palabra destino en la boca del personaje varias veces será una distancia: ellos le llaman destino, es el aquello que para el personaje bajo el foco de iluminación de esa escena circular pareciera ser lo central, pero Eleonora Wexler es Pelegrina y además es una esclava, vendida por su madre a los ocho años, a quien ella justifica porque en su situación no podía, tal vez, hacer otra cosa; es una esclava en el palacio de Fedra, y posee un solo bien, un perro. Ella por azar es el ser que la vida convierte en testigo de la tragedia de sus amos, y trata de comprender a unos y a otros, a pesar del maltrato y la soledad que siente crónica en su vida. Esa historia es la que realmente nos atrapa, no la conocida, sino los ojos que la miran y la voz que la cuenta desde una perspectiva diferente, desde el dolor de la tragedia propia. Una elección interesante, un trabajo que ubica aquella otra razón para prestar oídos a los integrantes de los grandes dolores humanos pero que no tienen un nombre para ser recordados por la memoria colectiva. La columna de seres anónimos que están allí para ver, oír y callar, sin fuerza para modificar nada, pero con la suficiente para sufrir los daños colaterales de las acciones de otros. Un texto entonces con un interesante punto de vista que como la propia Patricia Suárez afirma, modifica las reglas del género instaladas en la dramaturgia desde la Poética de Aristóteles: “ […] se me ocurrió dar vuelta la premisa aristotélica que dice que las tragedias son propias de los reyes y las comedias del pueblo”1 000133018Por otra parte, una perfomance, la de la actriz en el centro de la arena, con el dolor del personaje atravesándola en la total superficie de un cuerpo entregado a la pasión de la palabra. Una excelente actuación de Wexler que logra la intimidad necesaria con el espectador, en ese decirse a sí misma, contarse para ser oída las circunstancias de un relato que no le pertenece pero, que todas maneras, la provoca y la hiere de muerte. Gestos suaves, una coreografía baja y en círculos da cuenta del encierro en el tiempo, su cárcel de acciones sin rejas, su esclavitud sin amos. Ese círculo de arena en el espacio despojado no solo focaliza nuestra atenta mirada sino que, por un lado, expande el espacio lindante, aquel en donde se produjo su tragedia, espacio oscuro y cruel. Pero, por otro lado, ese mismo círculo de arena parece refractar la precisa iluminación. Esto permite destacar el rostro de la actriz que condensa la vivencia de los diferentes sentimientos por los cuales atraviesa la protagonista -del dolor intrínseco de un cuerpo maltratado desde la tierna infancia a la ternura de un alma que busca la calma que solo le ofrece su perro. Las distintas expresiones exceden los límites físicos del cuerpo femenino que se hace carne con el personaje mientras atentos observamos en cada mirada una fuerza inquietante. Según Le Breton, “el rostro es un lugar y el tiempo de un lenguaje, de un orden simbólico” (2010: 91). Es en este punto que a través del rostro de Eleonora Wexler/ Pelegrina pareciera, por momentos, que el discurso verbal enmudece ante la posibilidad de actualizar una historia particular desde la corporalidad puesta en escena. Pues, “el rostro se vuelve fácilmente un escenario en la medida en que se leen en sus rasgos los signos que expresan la emoción” (93). Por último, el vestuario es perfecto para terminar de construir a esta criatura que como el mito del ave Fénix renace en cada representación. Gracias a la conjunción de un grupo de profesionales en el quehacer teatral.000133019

Ficha técnica: La maldecida de Fedra de Patricia Suárez. Actriz: Eleonora Wexler. Puesta en escena y dirección: Marcelo Moncarz. Asistencia de dirección y producción: Nicolás Asprella. Vestuario: Jorge Lopez. Iluminación: Sergio Iriarte. Fotografía: Alejandra López. Prensa: Débora Lachter. Teatro Hasta Trilce. Reestreno: 07/03/2015. Duración: 55′.

Bibliografía

Le Breton, David, 2010.”El otro del rostro: el orden simbólico” en Rostros. Ensayo de antropología. Buenos Aires: Letra Viva: 91-119.

1 Programa de mano

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