Las Bernardas de Teresa Duggan

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Las Bernardas de Teresa Duggan

Que la casa se incendie, pero que el humo no salga por la chimenea.

las bernardas 4 baston y sillasbAzucena Ester Joffe, María de los Ángeles Sanz

Lorca escribe La casa de Bernarda Alba en 1936, poco antes de ser asesinado por los fascistas en la guerra civil española. Podríamos decir que era una metáfora de la falta de libertad que existía, y como una premonición del destino de quienes se opusieran al autoritarismo que vendría luego con el triunfo del franquismo. La puesta comienza con la figura en bajo piso del gato, que se desplaza por la escena como quien juega con un ovillo de lana y va señalando las líneas del destino de las vidas de las Bernardas. Sus movimientos sinuosos, escurridizos conforman una red donde las palabras son atrapadas. Luego las mujeres vestidas de un negro riguroso porque están de luto, se mantienen en la rigidez del espacio de una casa que protege y a la vez agobia. Entre ellas una se atreve, a vestirse de colores, el verde identificará a Adela en toda la puesta, a morder la manzana, símbolo del pecado, a amar a quien no debe, y a decidir finalmente que hacer con su vida. Teresa Duggan, juega con la dramaturgia lorquiana que se mueve entre los pies de los personajes, con una luz que también recuerda a Adela. El ritmo pesado del taconeo, la rigidez del mandato 2423  Las Bernardas de Teresa Duggan Foto Carlos Furman Prensael social encarnado en la voz de una madre con autoridad patriarcal: Bernarda. Sus hijas, títeres de su voz y su mando, se desplazan, juegan y se oponen al deseo que les despierta lo que está afuera de las paredes blanqueadas de las casas andaluzas; el amor, el hombre, Pepe el Romano. Un objeto de deseo que la directora resuelve en escena a partir de un pantalón con tiradores, de los que cada una y todas tirarán como símbolo de su sensualidad a flor de piel. La tela blanca, que se extiende por sobre todas, el vestido de novia que añoran, el blanco símbolo de la pureza, la castidad, la honra virginal que debe tener una mujer que se precie, en el asfixiante mundo del pueblo. La voz en off que resemantiza lo expresado por el cuerpo en escena, que se mueve al compás de la música y las contradicciones entre el pecado, el sexo y la condición social impuesta. Sin embargo, en algunos cuadros, aunque nos lleve hacia la tragedia, la solemnidad se suaviza y la risa de los juegos aparecen hasta que nuevamente el objeto de los desvelos de esas mujeres presas de los mandatos y de su propio miedo aparezca para volverlas frágiles, vulnerables. La disposición espacial en ángulo de noventa grados, divide la percepción del espectador, y obliga a dos frentes, aunque la dirección haya privilegiado el lado a la derecha de la entrada de la Sala. Ese nudo duro lorquiano es lo que ha privilegiado Teresa Duggan, y en cuanto a los movimientos coreográficos que realizan las bailarinas/ las Bernardas 7 sillas en los piesbactrices estos “partieron de las sensaciones, del texto, de lo que se cuenta en la obra y está traducido a veces en movimientos muy impulsivos o muy cortados. Es decir, trabajamos el movimiento en relación al estado de ánimo, en vez de ponerle pasos a esos estados de ánimo”.1 Por lo tanto, es un movimiento que se ha originado en el interior de cada cuerpo y se expande hacia el exterior buscando distintos tipos de contactos de placer y desplacer. Esta estructura coreográfica/ dramática que para algún espectador podría resultarle indeterminada, por el contrario, permite que sea el receptor de estas potentes imágenes visuales y auditivas quien le otorgue un sentido particular al hecho espectacular. Con un vocabulario expresivo propio y con ductilidad cada intérprete construye a su Bernarda y como espejos se multiplican ante nuestra atenta mirada. Un mundo poético, metafórico, dicho por el cuerpo, por cada movimiento y por los precisos objetos -como las pequeñas sillas recordando los años de la tierna infancia. Un relato intenso, con escenas de tensión y de muerte y otras casi oníricas que se entrecruzan, como las apariencias se entrecruzan con la sensualidad reprimida, como se entrecruza el espacio privado, íntimo, con el espacio público, social. Otros dos aciertos de la puesta en escena son, por un lado, el dispositivo visual que proyecta sobre el piso y la pared fragmentos, palabras sueltas “como si ellas estuviesen metidas adentro del libro”2 y, por otro, la música original que por momentos acompaña y en otros se distancia del devenir ficcional. Una escritura coreográfica y dramática que actualiza el texto primero con sello propio, producto de una destacada trayectoria en el quehacer artístico de la Compañía Duggandanza.las bernardasb

Ficha técnica: Las Bernardas de Teresa Duggan. Compañía Duggandanza. Coreografía y Dirección: Teresa Duggan. Música original: Edu Zvetelman. Intérpretes: María Laura García, Daniela Velázquez, Magda Ingrey, Vanesa Blaires, Laura Spagnolo, Josefina Perés, Gabriela Pizano, Vanesa Ostrosky. Vestuario: Nam Tanoshil. Visuales interactivos: Federico Joselevich Puiggrós. Concepto de iluminación: Teresa Duggan. Fotos: Carlos Furman. Asistente: Claudia Valado. Prensa: Simkim & Franco. CELCIT. Reestreno: 03/2016. Duración: 50′.

2 Idem

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