La fundación de Susana Torres Molina

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La fundación

de Susana Torres Molina

Una moral en cajas de cartón

unnamed1Azucena Ester Joffe, María de los Ángeles Sanz

Una oficina, cuyo continente son cajas apiladas de dudoso contenido. Una pareja que busca desesperadamente ser padres, y que mesa de por medio dialoga con la encargada de recibir y evaluar las condiciones de su pedido. Un lugar siniestro sin motivo aparente, pero que la dirección de Héctor Levy-Daniel, junto con la escenografía de Cecilia Zuvialde y la iluminación de Ricardo Sica, logran volverlo un sitio intimidante. La temporalidad aparece desde el vestuario, y desde las referencias veladas a los tiempos que corren, a la violencia, y al resguardo de una sociedad, blanca, occidental y sobre todo cristiana; que son los valores que enarbolan una y otra vez, los representantes de la Fundación. unnamed

Susana Torres Molina actriz, dramaturga y directora de teatro tiene una larga trayectoria desde la década del setenta en el campo cultural teatral, y un compromiso real con los derechos humanos ya que participó en Teatro x la Identidad, en búsqueda de los niños apropiados por la dictadura cívico-militar-eclesiástica del ’76. El texto entonces propone una dura temática, por su construcción discursiva, y por su referencialidad, ya que lo que expone desde la palabra es parte de una realidad que atravesamos y nos atravesó en aquellos años de ignominia, y que el relato escénico trajo a nuestro presente a partir de las muy buenas actuaciones de los cuatro participantes en el trabajo. Los cuatro supieron trasladarnos al cuerpo, la incertidumbre, el miedo, la desesperación como así también la perversión y el cinismo, el fundamentalismo asesino que construía su propio relato de exculpación; ambos términos que conformaron en aquellos tiempos la asimetría de un poder exterminador, sustentado por la complicidad silenciosa de la sociedad.

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La familia como núcleo central era llevada al discurso como finalidad última, mientras en lugares clandestinos se la disolvía hasta pulverizarla para así construir, desde los despojos, una ficción, 1 donde sus componentes obedecieran a un poder que se sostenía de la violencia y la muerte. Un hallazgo el vestuario de época, hasta los zapatos que mantuvieron para los memoriosos aún más vívidos los recuerdos fragmentados donde la máscara sustituía a la verdad, y el silencio era la consigna. Una escritura dramática sólida y compleja que deja al descubierto su preocupación por la situación de la mujer y por la identidad femenina. Y, una escritura escénica que construye perfectamente esa densidad de sentido que los personajes, como si nada pasara salvo en la joven mujer, tienen a flor de piel. Es difícil de poner en palabras el ritmo interno que se genera en ese espació escénico asfixiante, como el ritmo cardíaco es una sucesión regular, intervalos precisos y sin falla, un ritmo agobiante que hace estallar nuestra memoria colectiva e individual. Un hecho teatral necesario, en especial para los más jóvenes, para que la sociedad argentina no olvide el grito de ¡Nunca más!99 Foto prensa Ph Camila Levy-Danie

Ficha técnica: La fundación de Susana Torres Molina. Elenco: Emiliano Díaz, Estela Garelli, Carlos Kaspar, Florencia Naftulewicz. Escenografía y vestuario: Cecilia Zuvialde. Diseño de iluminación: Ricardo Sica. Diseño gráfico y fotografía: Camila Levy-Daniel. Prensa: Marisol Cambre. Asistente de dirección: Marina Kryzczuk. Dirección: Héctor Levy-Daniel. Nün Teatro-Bar. Estreno: 08/04/2016. Duración: 70′.

Bibliografía

Pavlovsky, Eduardo 1987. Potestad. Buenos Aires: Ediciones Búsqueda.

1 La primera vez que el arte se atrevió a hablar de la apropiación de menores fue en el gobierno de Ricardo Alfonsín, en la película de Luis Puenzo La historia oficial (1984) ganadora de un Oscar. Allí no sólo se vio a la figura de las abuelas buscando a sus nietos desaparecidos junto a sus madres, sino la relación perversa entre los militares y los civiles en el orden de las listas construidas para la entrega de los niños. Años más tarde Eduardo Pavlovsky comenzaría a escribir en Uruguay una dramaturgia que también daba cuenta de la misma realidad, Potestad (1985)

Corriendo con Susana Evans en La Paloma, en el verano de 1985, me brotó la imagen de un médico raptor de niños. Escribí el monólogo en tres horas. Se lo dí a Norman Brisky. Ensayamos. Tuvo ideas muy creativas. (15)

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