Mi hijo camino sólo un poco más lento

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Mi hijo camino sólo un poco más lento: Una invitación a pensar sobres las relaciones interpersonales, los prejuicios y los miedos en la familia.

Horacio Garcia Clerc – hgclerc@gmail.com

Adriana Libonati – superlibonati@gmail.com

Un sábado, once treinta de la mañana, inusual para una obra de teatro porteño, en Apacheta Sala-Estudio (una pequeña sala, de las tantas alternativas que hay en la ciudad de Buenos Aires) actores y actrices vestidos con atuendos deportivos, sin maquillajes, nos reciben con chipá y mate mientras otros dialogan entre ellos o se preparan para la escena.

Nos espera un espacio despojado, bañado de luz natural que entra por un ventanal y que se convierte en la fuente lumínica principal de la escena. Sobre un pizarrón, uno de los actores didácticamente escribe el nombre de la obra “Mi hijo sólo camina un poco más lento (una pieza croata)”. Una pieza de Ivor Martinic, joven autor croata producida durante el Festival  Internacional de Dramaturgia “Europa + América” en el año 2014, estimulando las relación entre autores y puestistas de los dos continentes.

En esta puesta de Guillermo Cacace la entrega de mundo no tiene referencia geográfica, espacial o temporal, allí habitan tres generaciones que conviven y donde se destaca el vínculo materno filial. La familia se dispone a festejar el cumpleaños de Branko, el hijo que no camina. Una calamidad que avergüenza y estigmatiza. El hijo varón en el marco de las sociedades de un fuerte sesgo patriarcal es quien debe llevar adelante la esperanza de la transformación. La madre enmascara el linaje discapacitado para sobrellevar la frustración de sus deseos.

Desde el sistema de personajes se presentan situaciones que se activan entre el ocultamiento y la desdicha, disimuladas por la sobreprotección. Branko el hijo inválido, sometido al sistema que lo cuida y ahoga. Mia, la madre, juega una actividad doméstica efectiva donde la dedicación a su hijo es primordial. Su hermana Rita que oculta su propia situación familiar. Ambas son hijas de Ana, la abuela exigente y fantasiosa de memoria aleatoria, acomodaticia y senil. Entre las tres, asumen las principales acciones de una estructura familiar donde Branko es el centro de referencia y ellas, depositan sus anhelos insatisfechos. Hay aún dos mujeres importantes en esta trama: Doris, hermana de Branko que siente culpa por ser la que no tiene impedimento físico y teme salir del entamado familiar para lograr su felicidad y Sara, enamorada de Branko pero a la que se le impide entrar al enmarañado círculo de la familia. Cabe destacar que el rol masculino – salvo en el caso de Branko se muestra disminuido. Los cuatro hombres son periféricos en la trama. Roberto, marido de Mia y padre de Branko, acobardado y sometido. Oliver, el abuelo, resignado y ausente. Miguel, el esposo de Rita intenta alejarla de la familia sin conseguirlo y Tin, novio de Doris, quien desorientado utiliza actitudes disruptivas y fuera de lugar, en su intento de demostrar sus sentimientos.

La comunicación entre los personajes se lleva a cabo mediante palabras viciadas /vaciadas, donde el sentido cae en un punto muerto, que son pronunciadas a la manera de un discurso ritualizado. De esta forma se manifiesta plenamente el deíctico escénico de obturación de los espacios de relación. Situaciones que se plasman en la actuación, cuando los personajes muestran la imposibilidad de expresarse mediante contactos físicos. Estas acciones son relatadas por un actor que asume el rol didascálico, entregando y comentando el segundo texto dramatúrgico que incluye directivas que no se desempeñan, reforzando de esta manera la imposibilidad de un acercamiento físico- afectivo. Es importante destacar esta figura, en un texto escénico que presenta filiación hiperrealista dado por la ropa deportiva que visten los actores, la ausencia de maquillaje, la luz natural, las sillas en escena ocupadas por los personajes cuando no están actuando, la interpelación permanente al público tanto en gestos, palabras o miradas, que harían mutar la poética a una zona intermedia. Construcción dinámica que hace asumir a la obra una clara referencia a la condición de ensayo, instalando una bisemia conceptual en ese sentido. Pero, esta suerte de trasgresión al encuentro personal le otorgaría la función en el aspecto semántico, de una metáfora de la incomunicación.

Los personajes son individuos sin un destino preciso que no parecen comprender que es lo que buscan. Pero en el final la obra también abre la opción del encuentro, la posibilidad del re-conocimiento más profundo y reflexivo. Una apertura a re- entramar a partir de las capacidades propias y disponibles, los vínculos que habiliten espacios de amor y sociabilidad constituyentes. Desde allí es factible pensar a los seres humanos, todos, como insertos en una trama de significaciones que ellos mismos han creado y en la que terminan siendo inmovilizados por esa red, que los obliga a seguir caminando en círculos.

Ficha técnica

Dramaturgia: Ivor Martinić Traducción: Nikolina Zidek Actores: Aldo Alessandrini, Antonio Bax, Luis Blanco, Elsa Bloise, Paula Fernandez Mbarak, Pilar Boyle, Clarisa Korovsky, Romina Padoan, Juan Andrés Romanazzi, Gonzalo San Millan, Juan Tupac Soler. Vestuario: Alberto Albelda Escenografía: Alberto Albelda. Diseño de luces: David Seldes Asistencia de dirección: Catalina Napolitano. Arreglos musicales: Francisco Casares. Director asistente: Julieta Abriola. Dirección: Guillermo Cacace. Espacio Apacheta. Reposición.

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