Pequeños círculos de William Prociuk

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Pequeños círculos

de William Prociuk

La relación entre lo ficcional y lo real es dialéctica, ya que la ficción se nutre de lo real y lo vuelve extraño al interpretarlo. Así se enrarece lo cotidiano y por ese acto de distancia, quiebra su alienación, para hacer aparecer nuevamente lo que la rutina mantenía ocultar: el valor del sentido. (Máximo Gómez, director teatral de Tucumán, 12)

000136201Azucena Ester Joffe, María de los Ángeles Sanz

En el Espacio Callejón (ex de los deseos) todos los viernes minutos después de las nueve de la noche se presenta la pieza de William Prociuk, Pequeños círculos; una pieza que le debe mucho a uno de los conceptos más discutidos dentro del campo teatral: la figura del personaje y sobre todo el carácter de su autonomía en relación al dramaturgo. Desde la pirandelliana manera de trabajar el tema, a través del expresionismo que era su poética preferida, Roberto Arlt escribe en 1937 El fabricante de fantasmas y da cuenta de cómo en la mente del escritor bullen los personajes que llevarán también al protagonista, Pedro, hasta el borde de su propio abismo. Prociuk nos relata también mediante el personaje escritor, asediado por sus propios fantasmas, las dos mujeres que en realidad son las creadoras de sus éxitos, un momento de crisis del mismo en que ya viejo necesita reconstruir una memoria que nunca sabremos su grado de realidad. Atravesado el texto por los procedimientos de la posmodernidad, caros a los dramaturgos de los noventa, el concepto de verdad como mensaje claro al espectador, cae en la pieza y siempre quedaremos con la duda de la veracidad de un relato, que juega con los círculos concéntricos del tiempo de narración, y con la reiteración de situaciones que provoca la relatividad de una verdad única y posible. La incertidumbre es en la puesta un procedimiento teatral más, que nos lleva como espectadores a esos giros concéntricos sobre la narración, un ir y volver, que nos confunde y nos atrapa. El recurso direccional de que la palabra quede fuera de la relación dialógica, el uso de rew de la voz en el pequeño y anacrónico grabador, y la simultaneidad de la voz con la presión sobre el teclado de la máquina de escribir, -otro objeto que no responde a un tiempo cronológico con la enunciación-, producen imágenes en instantáneas que fragmentan la historia y a la vez multiplican sus sentidos. La no modificación del vestuario de los personajes, aunque los momentos difieren, es otra huella de que su presencia se debe a una memoria, la del dramaturgo, que reúne entre lo real y lo ficcional el recuerdo para volverlo literatura. Para el escritor que constituye el dramaturgo Prociuk, la construcción del personaje como afirma Máximo Gómez, lo acerca a un estado de crepitación:

(…) algo crepita cuando entran en contacto la ficción y la realidad situación que sucede con mucha frecuencia a través de los personajes. La creación de un personaje para estos escritores, conlleva la dificultad inherente a todo acto de creación artística y lo pone al escritor en interfase directa con la realidad. Y esa ficción, el cortocircuito entre ficción y realidad, construye efectos imprevisibles. (14)

000137413Por otra parte, desde el lenguaje del cine podemos hacer otro acercamiento a la propuesta con un claro guiño a Providence (1977) dirigida por Alain Resnais. En el amplio espacio escénico de Espacio Callejón, con precisión, la escenografía crea los distintos espacios íntimos que se construyen desde el accionar de los personajes. Seres que se confunden entre “la realidad” y “la ficción” y que hurgan en la mente atormentada del escritor. Recuerdos o delirios, el amor y el suicidio atraviesan la urgencia por la escritura del dramaturgo para exorcizar esas voces que llenan su soledad. En el especial clima por la obsesión de poner en palabras lo que a borbotones fluye por los laberintos de la mente y de la memoria, el trabajo actoral de los intérpretes tiene la solidez y la ductilidad necesaria para que el juego escénico sea perfecto y sin fisuras. Un tiempo de articulación interna, que se contrae y se desdobla, y en cada pliegue parece desaparecer el artificio focalizando nuestra atenta mirada en un devenir circular y sin lógica temporal.000129195

Ficha técnica: Pequeños círculos de William Prociuk. Intérpretes: Alberto Suárez (Albert), Débora Zanolli (Charlotte), Margarita Molfino (Sonia), Valentino Alonso (Albert joven), Agustín Mendilaharzu (Hector). Escenografía: Alicia Leloutre. Diseño de luces: Matías Sendón. Asistente y operador: Sebastián Francia. Vestuario: Jam Monti – Pequeños círculos. Diseño gráfico: Leonor Barreiro. Sonido: Martín Bosa. Prensa: Caro Alfonso. Producción y asistencia de dirección: Javier Torres Dowdall / Manu Melgar. Director asistente: José Formento. Aporte creativo: Margarita Molfino, Agustín Mendilaharzu, Javier Daulte. Dirección: William Prociuk. Reestreno: 22/04/2016. Duración: 60. Espacio Callejón. Pequeños círculos, foto de Hernán Paulos (1baja)

Hemeroteca:

Gómez, Máximo, 2012. El concepto de Personaje teatral y sus variables. Cuadernos del Picadero. Año X, número 24. Instituto Nacional del Teatro.

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