Iride Mockert, talentosa y comprometida actriz

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Iride Mockert, talentosa y comprometida actriz

Me gustan los personajes con transformaciones importantes. Que le pasen cosas y si le pasan muchas, mejor.

foto-irideAzucena Ester Joffe, María de los Ángeles Sanz

Entrevista a Iride Mockert realizada en algún bar de la calle Corrientes, en Villa Crespo, en Junio del presente año. Con un clima distendido, nos reunimos para un diálogo ameno y la entrevista se fue dando en ese clima cordial. La talentosa actriz con generosidad se brindó a nuestro cuestionario, y lo que surgió en ese tiempo, entretiempos, es lo que publicamos hoy.

¿Qué te parece estos formatos de los Festivales, en especial 2º Festival Internacional de Dramaturgia Europa + América? ¿Te parecen productivos para el intercambio de poéticas?

Para mí está buenísimo siempre el generar. En este caso, el Festival que organiza Matías Umpierrez. Está bueno lo que hacen, en tanto que acercan textos que, de otra manera, uno no llegaría a conocer. Textos más contemporáneos y más autores jóvenes. Tal fue el caso de Ivor Martinić, autor de Mi hijo solo camina un poco más lento de quien, por ejemplo, este año se realizaran otras dos obras suyas. Si no hubiese pasado lo anterior, no quedaría esta secuela buena.

Después si me parece que estamos atravesando una situación bastante complicada. Hablé con algunos colegas que están con obras en el Festival y planteábamos lo siguiente. El Festival duró 15 días, a dos funciones de cada obra con precios muy accesibles -$75, una ganga para estos tiempos-. ¿Qué pasa después? Se sale del Festival y el precio pasa a ser otro, el que está acordado con la sala que se combinó hacer ese espectáculo. Estamos en un momento muy duro, donde la gente está eligiendo mucho en que gastar y lo que más está recortando es el esparcimiento, salir a comer, salir a ver un espectáculo, ir al cine. Una amiga -que está con otra obra del Festival-, me decía que, cuando pasan estas cosas, te planteas para quién estoy haciendo lo que hago y para qué lo hago. Con todo el laburo que llevó poner la obra, arengas para que la gente vaya y quizá solo van 20 personas. Entonces, te angustias mucho. Este es un momento complicado y en ese punto siento que este Festival está moviendo un poco las turcas. Algo interesante que paso fue ver un poco el post-Festival. Había gente que pensaba que las obras no seguían. Entonces se pensó en relanzar todo. Que ellos siguieran publicando en sus páginas, porque la obra seguía viva.

¿Cómo fue tu experiencia en No daré hijos, daré versos?

Acepté la obra por las condiciones que eran. Por el material y por el grupo, se armó un equipo hermoso. No ví las otras obras. Entiendo que hay textos mejores y otros peores como en todo festival. Después, está la realidad y es que hubo poco tiempo para preparar el material. Creo que hubo una suerte de prueba. Siento que todos lo tomamos con mucho profesionalismo y también como un espacio de experimentación. Una especie de “prueba y error”. Es un texto que te llega y quizá uno le cambiaría cosas. Pasó que quizá pensás: “esto no lo haría o sacaría esto”, pero aceptás ese juego y ese desafío al mismo tiempo. En el caso de la obra que hacemos, de Francisco Lumerman, fue así: montarla, convocar a la gente y colocarse el proyecto a la espalda, meterle el cuerpo en el poco tiempo que hubo. Nos pasó que no podíamos cuajar los ensayos porque todos teníamos otras cosas y terminamos haciendo un ensayo general dos días antes y sin el músico.

¿Conocías la obra de Delmira Agustini?

No, no conocía nada. ¡Y eso que soy fanática de Uruguay! Conocía más a Idea Vilariño, a Marosa [di Giorgio], a Juana [Ibarbourou]. Empecé a ver quién era a partir del texto. Pedí libros y me prestaron uno de las cartas que ella se escribó con Reyes. Delmira viajaba mucho a Buenos Aires porque la madre se hacia atender acá por los médicos. Se escribía con Reyes y después con [Manuel] Ugarte. Una amiga mía, Anahí Gadda, me prestó una novela de ella.

¿Hay planes de llevar la obra a Uruguay?

Se está haciendo allá y es dirigida por Marianella Morena. Había una idea de llevarla para hacer dos versiones. Le tiramos la idea de un intercambio de puestas, como posibilidad. Después si salen viajes está buenísimo. Estamos contentos, trabajándola en cada función porque estrenamos con muy poco ensayo. La obra tiene algo un tanto peligroso como es el ritmo. Al hacerla una vez por semana es una maquinaria que tiene estar muy bien aceitada. Son tres registros, tres dinámicas y tres actuaciones supuestamente diferentes. Después empiezan a jugar más cosas del personaje que le tocó actuar a cada uno. Pero hay un caos, en la parte del medio, que necesita imprimirle más ritmo.

Además pasa algo, que habíamos hablado con Marianella -ella sabe más que todos nosotros-, y es que había algo que, de pronto, pasa a tomar más poder y reverberancia que es la forma de su muerte que la obra misma. En un momento de la obra, Reyes le dice a Delmira, “Nadie te leerá, no sos nadie, ¿para quién escribís?, sos una niña mimada”. Eso a mí me resuena de Delmira y de ver que nos toca a todos los que somos artistas: ¿hacia dónde va lo que uno está haciendo? El valor que le pone el otro es muy subjetivo.

Es un personaje totalmente distinto a lo que haces en Yiya, el musical:

Sí, Yiya es otra cosa. En las dos obras me divierto mucho, aunque en Delmira sufro. Me formé con Guillermo Cacace. Soy de las que cree en la actuación en red, en la acumulación y de que uno no está solo en el espacio. Se atraviesa con el otro. Hay algo de No daré hijos, daré versos y el laburo que hizo Francisco, como director, que me hace acordar mucho a Guillermo y a mi formación. Me volvió como amigar con el teatro. Había quedado muy dolida con La Fiera el año pasado y me bajé de muchas obras. No tenía ganas de actuar en teatro. Uno hace las cosas que elige hacer y lo que representa como artista, por amor. Cuando ocurren proyectos así, te vuelven las ganas y decís “¡Qué bueno que soy actriz!” Te resignifica todo y en ese punto, más allá del sufrimiento del personaje de Delmira, lo paso muy bien. Siempre es una aventura, por esto de que no hay plata en el Festival. La pollera que uso, está retocada pero es la que usaba en el 3er año del IUNA, cuando hacía Lorca y a O’Neill. Para mí es muy fuerte estar actuando trece años después, con esa pollera en algo más profesional. Eso me emociona. Son las vueltas de la vida… Al final, la obra entra en un registro muy heavy metal, al estilo Lorca, y justo estoy con esa pollera. Es emocionante el verse uno en el recorrido que hace y sumar.

foto-skefingtonSos una actriz intensa, todo terreno: televisión, teatro, cine y ahora un musical:

La comedia musical es otro planeta. En Yiya, el musical canto a tres voces a diferencia de No daré hijos, daré versos que cantamos al unísono o en La fiera que cantaba sola. En Yiya,… nosotras somos las amigas de la protagonista. Hacemos la armonía y eso es difícil. Pero también lo es porque la comedia musical no es como el teatro. Está bueno porque es un color que nunca hago y es diferente. Entrené mucho. Siento que, con Yiya, aprendí un montón de cosas como lo del oído musical, entrenar, cantar a tres voces -que es dificilísimo-, las coreografías. Hice muchas obras con coreografías, como Marathon de Ricardo Monti, dirigida por Villanueva Cosse en el Cervantes. Eran dos horas en las que estábamos bailando todos pero nunca tan rigurosamente como siento con Yiya. Es una disciplina, en el mejor de los sentidos, a veces yo siento que como actriz uno no la tiene. Con Patricio Contreras decíamos que es como otro planeta, es entrar en otro código. Hay marcas en el piso y tenes que respetar las posiciones. Un segundo que te colgas… La música es en vivo, y también hay algunas pistas superpuestas. El otro día se nos cortó la luz, a los 20 minutos de obra y dije ¡qué loco! Ahí tomé aún más dimensión de lo que es la comedia musical. Hay un juego del artificio -en el buen sentido de la palabra-. Se sostiene mucho a partir de lo espectacular, el sonido, la música en vivo. Depende mucho de la luz, de la energía eléctrica. De otra manera, es imposible seguir. Pensaba que, en La fiera, cantaba sin micrófono y con la música en vivo. Si se cortaba la luz se podía seguir. Era poder hacerlo incluso en una plaza. Cuando se arma un gran show, con luces estroboscopias, plataformas que suben y bajan como en Yiya, sin luz no se puede.

¿Se está filmando la película de Yiya?

Lo único que escuché es que el hijo estaría filmando un documental. Creo que es sobre su vida, para juntar plata y filmar después la película en la que él haría de su padre.

Hablemos de tu trabajo en Yiya, el musical

La obra es Karina K. El elenco está buenísimo pero Karina es impresionante. Yiya es Karina. Es una capo cómica, muy Tita Merello. La idea es que es una revista y ella es como la que remata todo. Para mí está buenísima la experiencia. Aprendo y el verla a Karina también. Es muy grosa Karina. Tiene un laburo del cuerpo con gran precisión. Se nota que hace años que hace esto. Hay que tener mucha concentración porque es cantar, bailar, actuar, el ritmo… Son un montón de micro-pensamientos al instante en la comedia musical. Siento que, cuando uno actúa en las obras de teatro, hay algo más del vértigo de no saber bien por dónde se va a ir. Pero en la comedia musical hay una velocidad, un ritmo, una posición y una música que te van corriendo el tiempo. Tenes que ser una maquinita, pero bien. Es a otra velocidad. Todo es mucha más atención y en ese punto, es un entrenamiento que está buenísimo. En mi caso, que soy muy visceral y doy todo, me vino bien estar en Yiya. Por ejemplo, tengo un micrófono y soy la única que acoplo porque hablo muy fuerte. Entonces me joden. “Tenés mucha sensibilidad” me dicen pero es que uno está acostumbrado a otra cosa. En eso siento que suma muchísimo, en todos los sentidos. Después el elenco, como laburar con Patricio Contreras a quien admiro y adoro. Uno tiene esa cosa de cantar y siento que Pato se dio ese permiso. Es conmovedor ver eso en un actor con tantos años de trayectoria, que encuentra un nuevo desafío. Cuando se labura tanto es difícil encontrar desafíos, algo que te conmueva.

Me gusta pensar la actuación como un acto de fe. Uno tiene que tener fe a la hora de salir al escenario, en eso que está haciendo. Vas sumando material y back up asi como conociendo gente y elegís con quien laburar y con quien no. Uno está avisado y se pone como después de muchas rupturas de pareja. Ya se sabe. Esto si, esto no. Uno va viendo donde quiere poner su fe.

¿Cómo encontrás el equilibrio entre el proyecto que te proponen y tu búsqueda personal?

Creo que es la impronta que uno le pone. En Paraná Porá el personaje que hacía lo había hecho antes Valeria Lois. Hacía otra cosa y el personaje por escrito era lo mismo. Pasa lo mismo en las Delmiras de No daré hijos,… Hago la Delmira en la parte del realismo pero antes somos tres y bastante diferentes entre nosotras. Siento que tengo una naturaleza pero también la elijo. Por ahí me domo la fiera que hay en mí como en Yiya, o en la tele.

En el verano hice mi primer protagónico en un largometraje. Se estrenó en Corea y ganó un premio. Se llama Los decentes. La historia es tremenda. Me encanta la historia y en Corea hicieron merchandising de mi. ¡No lo podía creer! Es una mucama que no se sabe de donde viene. Llega a una consultora y comienza a trabajar cama adentro en el country. En la casa de una mujer con mucha plata que vive con su hijo. Mi personaje casi no habla en toda la película. Tengo muy poco texto. Medio que no entendes para qué vive. En un momento descubre, bordeando el country, que hay un club nudista y se empieza a liberar, al final se arma una revolución. La película pone en juego a las clases sociales. Hay desnudos obviamente, pero el tema que toca es quiénes son los decentes. ¿Los del country que tienen plata? Expone a los vínculos que se construyen así como a la gente que se deja ser libre. Que deja su vida en la puerta del club y se abre a jugar a ser lo que realmente es. La película fue dirigida por el director austríaco Lukas Valenta Rinner. Se filmó en diciembre, enero y los primeros días de febrero. El elenco cuenta con la participación de Pablo Seijo, Martin Shanly, Mariano Sayavedra y Andrea Strenitz. Recuerdo haber pensado, cuando fui a hacer el casting, “tengo que ir modo clonazepam, para bajar las revoluciones”.

En teatro me gusta vibrar una energía que no se puede en la tele ni en el cine porque no lo permite el formato. El año pasado hice Un gesto común con dirección de Maruja Bustamante. Ella me conoce bien y me dijo que está bueno como para probar otro color. Hay algo que me agrada de eso. Me gustan los personajes con transformaciones importantes. Que le pasen cosas y si le pasan muchas, mejor.

Contános algo de tu trabajo en la película “Topos”

Ahí hago de pareja de Osqui Guzmán. Fue hace un montón de tiempo y estuvo buenísimo. Emiliano Romero tiene una búsqueda personal y específica. Me interesa cuando aparecen directores como él, porque hace cosas muy disímiles. Ahora está dirigiendo Sucede como un espectáculo interdisciplinario con poesía, canciones y performance. Tiene un humor que va mutando como si fueran sketchs pero es otra cosa. Es muy particular.

¿Vas a hacer tele proximamente?

Tuve dos casting para TV y nada que ver con lo que venía haciendo. Eso me alegra porque hace que uno pueda probar cosas distintas, lo cual es muy difícil en la tele. Una cosa era un delirio, un descontrol, obviamente en lo que quisiera quedar. Fui relookeada y me dieron ganas de actuar. A los cincos días me llaman para castear para una serie, un tema que a mi me interesa como el de trata de personas, con una actuación más lavada.

¿El proyecto trabaja sobre la trata de personas?

Si. También estoy en otro proyecto con Emiliano Romero. Estamos armando una serie con un equipo que está buenísimo. Es medio en clave de comic. Una suerte de Kill Bill, una vengadora por causa personal pero, a su vez, nacional. Estuvimos investigando y juntándonos mucho con Margarita, de Madre Victimas de Trata, y nos pasábamos datos. Por ejemplo, hace poco detuvieron a un pastor en Mar del Plata que reclutaba personas con la excusa de la iglesia y se le descubrió que, junto con su mujer y un par más, tenían 25 personas trabajando. La idea es que cada capítulo está basado en un hecho verídico y para eso tenemos mucha información.

¿Cómo fue el contacto para llegar a esa información?

Se fueron dando cosas de mucha casualidad. Filmé en febrero la película y una de las extras estaba ayudando a esta madre víctima de la trata, con la Asociación que recién se había armado. Esta madre es una super héroe urbana. Le desaparecieron la hija en los 90′. Sabía donde estaba y la iban cambiando de lugar. La entrevistamos varias veces y hablamos también con otras madres. Me quedó grabado lo que nos dicían: “cuando uno pierde una hija por la trata, perdés tu trabajo y es lo primero que necesitas para darle comida para tus hijos -si tenes-, porque lo único que haces es salir a buscar a tu hija todos los días. Lo otro es que empezás a hacer política”. Esas fueron como las dos cosas más contundentes. Empezás a tocar todas las puertas: la policía, el juzgado de menores,… Entonces haces política. Nos contaron de todo, muy duro. Me llamó mucho la atención aunque hice La fiera, la leyenda de la mujer tigre.

¿Cómo se sigue el camino de tu trabajo?

Ahora estoy en un proyecto con Maruja. Le dije que no a registrarlo en nombre de las dos pero si que aparezca que la idea es mía, ya que yo no escribo. Los personajes son los que yo quiero actuar y contar. Así que ahora estoy armando eso y lo de la serie. Después estoy con otras cosas, pero bueno, eso es lo que un poco a mi moviliza, como hablar de la trata, de la violencia, del abuso.

¡Cómo son las vueltas de la vida que Mané Pérez, la actriz que está haciendo La fiera en Uruguay, hace el personaje de la mucama de No daré hijos,… ¡Es chico este mundo!

¿Cómo ves el campo teatral hoy? ¿Qué podés decirnos sobre nuestra actualidad?

Está muy complicado. Por ejemplo, Silvio Lang y el grupo de danza van a realizar como un Congreso de política y arte. Yo creo que en la crisis es cuando más se caldea el buen teatro. Como que el teatro se estaba medio aplanando, se estaba poniendo un poco más panqueque y digestivo. Eso es lo que yo rescato, en esta situación de emergencia, en la que no hay casi plata ni gente que pague las entradas. O sea, todo te cuesta más. Uno de verdad decide que hacer y como denunciar, como activar para que el espectador piense sobre todo lo que está pasando. Entonces, me parece que en ese punto ganamos todos dentro de la crisis. Siento que todo se va a poner más revulsivo y revolucionario. Después me parece terrible que empiecen a pasar cosas, como a jugar con las listas negras o a señalar. Como hizo Lopérfido, antes de su renuncia, con [Luis] Machín, Rita Cortese. Gente que uno conoce y sabes como trabaja, que no son millonarios. Entonces vos decís: “no puede ser que una persona porque es ministro y tiene ese poder malverse la información, que esté diciendo mentiras, falacias. El actor es un ser político, de otro modo no haría lo que hace. Lopérfido fue un supuesto trabajador de la Cultura y se ocupaba teoricamente de promover la Cultura, entonces cómo puede decir esas cosas. Espero que de esta crisis el teatro salga fortalecido.

La entrevista se termina, entre tazas de café y risas por la alegría del tiempo compartido. Un buen momento para reunirnos hablar de lo que amamos y es nuestra pasión: el Teatro.

* No daré hijos, daré versos de Marianella Morena, en Timbre 4.

* Yiya, el musical de Osvaldo Bazán, en Teatro El Nacional.

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