Antígona de Sófocles

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Antígona de Sófocles

Adaptación y traducción de Elisa Carnelli y Alberto Ure

Un arquetipo vigente para una mujer que se construye a sí misma

fe372b_b573876ae5784b738dba96ee57fb6856mv2Azucena Ester Joffe, María de los Ángeles Sanz

El Galpón de Guevara es un espacio de teatro provocador, de puestas que buscan nuevos lenguajes, nuevas poéticas de expresión. Esta vez la puesta de Antígona de Sófocles, cuya traducción fue realizada por Elisa Carnelli y Alberto Ure, y dirigida por Juan Manuel Correa, nos ofrece una lectura diferente del clásico griego, donde las oposiciones de poder entre Antígona y Creonte pueden realizarse a partir del análisis de un poder patriarcal1, que no se quiere rendir a la subjetividad femenina, y decide matar para acallar su voz y su libertad, mientras la pareja de Ismene y Antígona, aparecen como las dos caras de una sociedad, la actual, en la cual se establece un duelo entre el compromiso y el individualismo más feroz. Ismene en medio de una fiesta, de música dura, vestida con las ropas de los seguidores del heavy metal, es reclamada por su hermana para llevar adelante lo que considera un deber para con el hermano y para con los dioses; ante su pedido la respuesta no sólo es de temor por las consecuencias sino de desinterés, su mirada desencantada de la vida no quiere más que aquello que le procura diversión sin problemas, intenta disuadir a Antígona y la deja librada al destino. La condición de mujer a la que alude para convencer a su hermana de desistir, establece junto a las palabras de Creonte, una suma del imaginario griego sobre el lugar que la mujer ocupa, sus responsabilidades y su fuerza, muy parecido al nuestro. La respuesta de Antígona es aquella de quien no esconde su temor en la supuesta debilidad femenina, sino que a pesar de sentirlo, se sobrepone a él por convicción. Con una estética expresionista, en su clima de tensión, en la penumbra en que los personajes se mantienen, en el contraste de colores, negro y blanco para todos menos para Antígona que lleva un vestido túnica de color bronce, en la forma de recitado fragmentado del discurso; la eterna historia de Antígona y su lucha por imponer la ley divina sobre la humana, toma cuerpo en los actores desde una temporalidad contemporánea a los espectadores, que señala una vez más la vigencia del texto dramático, y nos permite el juego de los espejos entre el universo griego y nuestra precaria realidad. Sin caja italiana, con una disposición de espacio escénico en H, con los espectadores a un lado y otro de una larga escena de madera con luces en el piso, alargada hacia la platea por una tela roja, la propuesta establece una relación cercana con el público, en cuanto los personajes se acercan y surgen de las sombras del espacio escenográfico atravesado por la tragedia. Los personajes son los que imaginó y construyó Sófocles pero sus palabras tienen una resonancia eterna como eterno es el dilema entre los hombres, su ansia de poder, su ambición de mandar y ser obedecidos. La figura de Antígona, presa de un patriarcado, el griego, es hoy la figura de todas las mujeres que se enfrentan con valentía a los mandatos humanos para defender los divinos. La sociedad patriarcal tiene aún profundas sus raíces. La vida y la muerte juegan en escena su danza, nos muestran las contradicciones y las dudas de hombres y mujeres, que parecieran seguir un juego que nunca termina porque el hombre siempre será el lobo del hombre, pero sobre todo, un lobo cazador para la mujer. antigona-5Esta puesta en escena se entrenó en el marco del ciclo Espíritus en la fábrica2, en mayo del presente año. Es interesante la propuesta de revisitar a un clásico desde la idea de Fiesta. En ese momento su director comentó sobre el tema:

Nos preparamos para una fiesta, es por ello que desde los primeros encuentros trabajamos con el compositor y músico en el campo de ensayo. Empezamos con bases de música electrónica industrial, y a hacer los que hacemos en las fiestas: Bailar…Bailar…Bailar […]

En la fiesta hay algo de retorno a instancias de sensorialidad extremas, pues los cuerpos laten y respiran al margen de la voluntad; en la Fiesta, la Fuerzas colectivas son pura potencia de transformación; y el silencio cuando llega es arrollador… De alguna manera nuestro principal anhelo es oír en el silencio, aquello que aún no pudimos escuchar.3

Podríamos pensar que el principio constructivo es la música, en su sentido más amplio. No solo por la música en vivo sino, además, porque esos cuerpos tienen la musicalidad intrínseca necesaria, sin subordinación a la musicalizad del discurso verbal, para dale carnadura a cada personaje mítico. Mientras las imágenes visuales, por la sobreimpresión de los efectos lumínicos, son de un frenesí tal que nos sumergen a todo ritmo en la “locura” del ritual. Otro acierto, son las pequeñas escenas de forma simultáneas por fuera del relato principal, situaciones habituales donde Dionisio reina.fe372b_c22bfa7308984f95bbbd5be1a5b518afmv2_d_2048_1365_s_2

Ficha técnica: Antígona de Sófocles. Adaptación y traducción de Elisa Carnelli y Alberto Ure. Actúan: María Zubirí (Antígona), Martín Scarfi (Creonte), Mariano Páz (Hemón), Florencia Carreras (Ismene), Luca Firpo (Corifeo), Daniel Kargieman (Guardi), Eugenia Borrelli (Eurídice), Rubén de León (Tiresias); Coro: Agostina Prato, Natalia Pelayo, Sofía Vilaro. Asistencia de dirección: Laura Bambill. Diseño de iluminación: David Seldes. Vestuario: Agostina Prato. Asesoramiento vocal: Carmen Baliero. Asesoramiento coreográfico: Natalia Pelayo. Realización escenográfica: Fabián Crespi. Diseño espacial: Julio Lavallén. Composición musical y música en vivo: Daniel Quintas. Fotos: Vale Fiorini, Vicky Bornaz y Horacio Pablo Annecca. Producción ejecutiva: Sofía Vilaro. Prensa y difusión: Simkin & Franco. Diseño gráfico: María del Pilar Estevez. El Galpón de Guevara. Reestreno: 13/09/2016.

Blogoteca:

Atehortúa, Atehortúa, Arbey, 2000. “La figura femenina en la tragedia de Sófocles” en Revista Nº 24, diciembre.

1Este espacio histórico caracterizado por el hecho militar, la actividad política y el ejercicio poético como sustentador de una mentalidad aristocrática, restringió la función de la mujer en la sociedad al hogar y al cuidado de los hijos, debiendo guardar fidelidad a su marido y a las instituciones de poder que regían la polis; ésta a su vez le limitó sus derechos, prohibiéndole asistir y participar en los certámenes deportivos y artísticos y ejercer funciones públicas. Las espartanas y las lesbias gozaron de más libertad que en el resto de Grecia: las primeras por habitar en un estado esencialmente militar y las segundas por la apertura comercial y cultural que caracterizó la isla, posibilitando en este caso la creación de los tiasos dirigidos por mujeres como Safo y hasta por la misma esposa del dictador Pítaco: Andrómeda. Igualmente existieron las hetairas, mujeres que participaban de la fiesta y el jolgorio con los hombres. Las creaciones artísticas populares y literarias(2) reflejan esta mentalidad masculina donde la mujer cumple su rol exigido por la sociedad griega. La tragedia, la realizada por Esquilo, Sófocles y Eurípides en el siglo V, otorga un papel protagónico a la figura femenina, presentándola como un instrumento del destino (moiras y erinias) para la restitución y que, al igual que el hombre, incurre en transgresiones (hybris); como un ser que en mayor o menor medida contribuye a la alteración del orden cosmogónico por el tratamiento de los sentimientos de philía y de eros. (Revista N· 24, Ciencias Humanas)

2Las otras dos obras del trípico que se presentó en la sala E del Konex fueron: Hamlet y Macbeth de Shakespeare.

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