Tarabust de Daniela Fiorentino y Carlos Peláez

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Tarabust, un rumor anterior al lenguaje …

tarabust-1Susana Llahí – chumbitoplus@yahoo.com.ar

En una de las salas de “Pan y Arte”, Daniela Fiorentino y Carlos Peláez presentan Tarabust, una pieza muy bella y curiosa en su estructura ya que tiene un formato tan arbitrario como el lenguaje mismo. Sus autores la han caratulado como “un rumor anterior al lenguaje”, buena definición para señalar toda aquella experimentación que en esta historia, precedió a la palabra del niño.

Sin dudas, como ya lo expresó Saussure “el gran ginebrino”, aisladamente, ningún signo tiene significado; cualquier significado de signo surge de un contexto. Por supuesto, esto sucede también con el signo lingüístico. ¿Qué es lo que me impide que llame “luz de luna”a la mesa del desayuno si es el momento más luminoso de mi día?. Claro está que los hablantes adultos sabemos (aunque no lo racionalicemos cada vez que tomamos el desayuno) que hay una norma que solidariamente une la expresión: “mesa”, con el significado: “tomar el desayuno”y ahí termina la cosa, mi “luz de luna” es simplemente una mesa. Pero ¿qué pasa con el niño que comienza a construir su mundo?, ¿cómo nomina esas cosas con las que comienza a interactuar?, generalmente, con el nombre de lo que ellas le producen que, sin lugar a dudas, no coincide con la norma que impone el lenguaje. Y, también sin lugar a dudas, eso causa angustia a los papás, fundamentalmente si son jóvenes o primerizos porque en ellos prima el desconocimiento de lo que es la psicología del niño (lo que no es tan importante para ser buenos padres) o el exceso de lecturas sobre el tema (y en este caso la preceptiva domina y apabulla).

Tarabust, según un diccionario médico, es la molécula pertubadora, peligrosa y acechante. En este caso, nuestro pequeño niño-títere desestabiliza a sus padres y los perturba y preocupa cuando se resiste a hablar y más aún, cuando le cambia el nombre a las cosas. La historia, en realidad, es una sucesión de situaciones donde el conflicto se centra en lograr que el niño haga todo aquello que sus padres consideran que es lo que corresponde a su edad cronológica y lo defraudados que se sienten cuando esto no sucede. De allí, la foto familiar y amorosa en la playa aunque luego, el niño casi se ahogue cuando lo fuerzan para que aprenda a nadar y es allí, en ese momento, cuando surge lo más importante en la vida del hijo: la ternura del padre ante la posibilidad de la pérdida. Finalmente, en estos papás tan cuidadosos y aplicados termina primando el amor y cuando el niño siente que es amado, naturalmente surgen las palabras, aquellas que son necesarias para la comunicación y que responden a la “norma”.

Resultan interesantes y creativos los procedimientos que hacen a la estructura de la pieza, por ejemplo, la metamorfosis que sufren los padres. El padre se transforma en burro y no es casual ese cambio, es el más ignorante en cuanto a la educación infantil (aunque sea el que se manifiesta más amoroso con el niño) y la madre, se transforma en pájaro, con una gran cabeza, “bisbeando”como sabelotodo y es la que asume la voz de la teoría. El vestuario de los padres semejan uniformes médicos, son de color neutro, asépticos, fríos, como de quien está experimentando con algo. El niño no tiene nombre, es Eso. Curiosamente, la arbitrariedad del lenguaje sirve como elemento para la metáfora de una educación equivocada, esos papás que quieren la palabra en boca de su hijo, lo llaman con un significante que puede ser llenado con múltiples significados.

Una puesta que toma un tema muy conocido pero que siempre es bueno repensar. Lamentablemente, cada época aporta lo suyo para complejizar una relación en apariencia tan simple, tan simple porque está impregnada de amor pero que sin embargo los seres humanos no terminamos nunca de entender: un niño sólo necesita amor y contención para crecer sano y feliz.

Tarabust de Daniela Fiorentino y Carlos Peláez. Teatro “Pan y Arte”, Boedo 876-T.E.: 4957-6922. Viernes 20:30 hs. Elenco: Daniela Fiorentino y Carlos Peláez. Diseño y realización de máscaras, títeres y vestuario: Sara Bande. Mecanismo de títeres: Alejandra Farley. Realización de escenografía: Víctor Salvatore. Diseño de luces: Adrián Cintioli. Edición musical: Roberto López. Entrenamiento vocal: Magdalena León. Voces de niños: Francisca Marín y León Marín. Asistencia general y codirección: Julia Ibarra. Dirección general: Daniela Fiorentino y Carlos Peláez.

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