Festival Temporada Alta 2017

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Festival Temporada Alta 2017 [II]

unnameden Timbre 4 (al 16 de Febrero)

Alacrán o la ceremonia y Acceso

Dos piezas de intensa fuerza actoral

María de los Ángeles Sanz

Una figura vestida de impecable traje blanco, y murmurando por lo bajo, desciende por las escaleras hasta llegar a escena, es Alacrán, un personaje que busca narrar una historia, la suya, y la de aquellos que conformaron su continente en un tiempo que sólo cabe en su relato personal: la Cangrejo, el Paquito, y el gato. El baile, los bajos fondos, los artistas que van de pueblo en pueblo, de escenario en escenario, deambulando su destino. El cante jondo y el flamenco, se dan presencia en el cuerpo de José Antonio Lucía, bajo la dirección de Rodolfo Podolsky. Un cuerpo que se luce en su flexibilidad, y su dominio de movimientos, que se expone para ser admirado, una búsqueda de autoestima, en la necesidad del personaje de hacerse valer, en el escenario, en el mundo, que es cruel con sus criaturas. El arte de narrar con gracia y estilo se hace presente en esa voz que dice, mientras el cuerpo teje otro lenguaje para ir construyendo una trama inquietante, que no deja ni un momento de impactar al espectador. La transformación del cuerpo en otro se va produciendo en escena, lentamente, la pintura de las uñas, en solo aquellos dedos que conserva la Cangrejo, y que le dan carnadura a su apodo, el taconear de unos zapatos de baile sobre la mesa, y por último el vestido que sustituye al traje, y conforma por fin el personaje buscado. Todo es magia en escena, como la de Paquito, que se devela hacia el final, porque la gente quiere saber la verdad, y la verdad no siempre necesita ser transparente; por eso el relato nos ha ido llevando sinuosamente por las intricadas calles de la peregrinación de los desposeídos, de los que conforman una corte de los milagros, que resisten y son resistidos por aquellos que viven en un territorio ordenado y prolijo. La excelencia con la cual Lucía transcurre su performance en escena logra que la expectación tenga una intensidad de principio a fin, por una densidad dramática que no tiene vacíos, y que se nutre a sí misma con la música y el humor, oscuro por momentos pero que nos arranca una sonrisa sin que nos demos cuenta. Un teatro ritual, como una religión necesaria para exorcizar los demonios que nos habitan y explorar el territorio del arte y la vida con sus espiraladas temporalidades. España - Alacrán o la ceremonia

Desde Chile llega el actor Roberto Farías para darle carnadura a Sandokán el personaje de Acceso, construido por el conocido cineasta chileno Larraín, cuya dramaturgia cuenta con la colaboración del actor. La puesta en escena es del propio Pablo Larraín, y narra con crudeza y un lenguaje rudo plagado de los términos coloquiales del sector marginado de ese país, una historia que es el drama de muchos de nuestros países: la desprotección y el abuso de los menores de edad en situación de calle, o que no tienen una familia que los contenga. El personaje es un vendedor callejero, que ofrece una variedad de objetos desde libros hasta peines, pero que en realidad busca encontrar una escucha en el otro, y develar una realidad horrorosa, que muchos desean no conocer. En un registro alto, siempre arriba entre exabruptos, y rompiendo la cuarta pared, el relato va tejiendo los caminos de su infancia, entre los sectores de poder que dicen ayudarlo pero que solo lo utilizan como objeto sexual, para propios y ajenos. El sexo, la droga, y el hambre son un cóctel explosivo que produce la alienación del personaje, que termina pensando que sus abusadores son los únicos que le han ofrecido amor, cariño y comida, a cambio de su cuerpo, y que esa transacción es justa: ¿él acaso no ofrece objetos por dinero? El como un objeto más se vende por un pedazo de pizza, un beso, una caricia, que es mejor según su manera de ver las cosas, que el desinterés de los demás. Su interpelación a los posibles clientes de su venta diaria, es siempre agresiva, violenta, con una furia escondida en las palabras que escupe como balas sobre todos. Actor y autor, construyen una crítica ácida, dolorosa sobre el estatus quo, sobre los poderes: políticos, religiosos, sobre la policía, y sus estamentos, y sobre la psiquiatría y su manera de controlar y corregir el problema, cambiando una droga por otra, para mantener al paciente en estado de aceptación de un sistema podrido desde sus bases. Sin embargo, el mensaje puede para el no prevenido quedar en su literalidad, y pensar que es una defensa de aquellos que comenten el delito, ante la reiterada afirmación de amor que el personaje siente de manos de sus abusadores. El síndrome de Estocolmo, en acción. Una puesta potente, con un texto de vocabulario explícito, degrado y desgarrador, una actuación de exasperada violencia, y un espectador que no tiene aliento en los sesenta minutos que dura la puesta.Chile - Acceso 1

Ficha técnica:

Alacrán o la ceremonia de José Antonio Lucía. Interpretación: José Antonio Lucía. Prensa: Marisol Cambre. Producción: Murática Teatro, Sandra Commisso Dirección: Román Podolsky. (España) 50 minutos.

Acceso Dramaturgia de Pablo Larraín y Roberto Farías. Intérprete: Roberto Farías. Iluminación: Sergio Amstrong. Operación técnica: Catalina Olea. Asistente de producción: Josefina Dagorret. Asistencia de dirección: Josefina Dagorret. Puesta en escena: Pablo Larraín. (Chile) 60 minutos.

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