Tebas Land de Sergio Blanco

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Tebas Land de Sergio Blanco

GERARDO [lee]. Esfinge. En la mitología griega, la Esfinge era un monstruo de destrucción y mala suerte […] Fueron muchos los que fallaron en dar la solución, hasta que Edipo, el hijo olvidado de Layo y Yocasta que había sido abandonado por sus padres en otras tierras, llegó a Tebas del extranjero sin saber que estaba en la patria de sus padres, e interpretó correctamente el enigma…tebas land

Azucena Ester Joffe

La tragedia de Edipo continua siendo un punto de partida para la creación, y desde su título la obra, Tebas Land, aglutina varios sentidos. La escritura dramática de Sergio Blanco, dramaturgo franco-uruguayo, es profunda y polifónica -Dostoievski, Maupassant, Kafka, también Freud y Lacan, y logra concentrar en el asesinato del padre el punto de encuentro entre el pasado y el presente. En cada intersticio de esta “autobiografía”, el mito de Edipo sobrevuela atravesando siglos de historia. No es una revisitación del clásico de Sófocles, Edipo Rey, pero sí nos acerca al Edipo, hijo de la fortuna (1967) de Pier Paolo Pasolini1. Porque en este último lo trágico, producto de una sociedad determinada, está en el individuo y este sujeto trágico, el parricida, es el que se construye en escena. La estructura del texto dramático está ordenada en cuatro cuartos y su prórroga o tiempo suplementario, como en un partido de básquet, en donde el arbitro no es un personaje sino que está omnipresente, como un sistema de vigilancia panóptico que nos incluye.

El joven Martín Santos -haciendo referencia a San Martín de Tours- ha crecido entre la dureza de algún barrio marginal y la violencia doméstica, apenas sabe leer y hoy su tiempo está detenido en la cárcel, interna y externa, que lo habita. Mientras, L. -en referencia a Lautaro- es un escritor famoso que vive en París y está obsesionado por la escritura de su obra teatral sobre el parricidio, tratando de tener en cuenta la ética moral y las posibilidades escénicas sin caer en golpes bajos y sin tomar una actitud discriminatoria. Los breves encuentros entre los dos hombres -el dramaturgo y el preso, con vivencias totalmente distintas, se producen en la prisión en los límites fijos de una pequeña cancha de básquet. Ellos son como las fuerzas que se atraen y se repelen, con algo de miedo, distanciamiento y de cierta violencia contenida, pero esa distancia se va acortando para establecer una relación más intensa y con momentos de seducción.

Al ingresar a la sala los espacios lúdicos están bien definidos, a un lado, el institucional con la doble cárcel -la cancha de básquet- y, por otro, el espacio casi íntimo para la creación.

Lautaro Perotti de manera perfecta le otorga a su criatura, L., la credibilidad necesaria para contarnos su experiencia; al romper la cuarta pared de forma convincente nos introduce en una “realidad” que es pura ficción. Un relato en primera persona se presenta como autobiográfico, sobre las idas y vueltas que tuvo que sortear, a nivel personal e institucional, para poder tener un acercamiento con el joven parricida. De este modo, la metateatralidad se plantea como un punto de fuga para poder acceder a un tema por demás escabroso. El escritor mide sus palabras y controla sus emociones intentando no involucrarse. Luego, realizará el casting necesario para encontrar al actor que le dará cuerpo y voz al recluso e irá construyendo su texto a partir de los encuentros en el presidio. Gerardo Otero de manera impecable y visceral construye a ambos jóvenes -Martín / Gerardo, con la ductilidad necesaria para pasar de una “realidad” a otra. En tanto Martín es un personaje complejo, su discurso verbal y corporal denota una vida difícil desde su tierna infancia. Hablar del juicio y de la reconstrucción del crimen lo atormenta porque lo ha sumido en una especie de limbo. Para la sociedad él es peligroso, para él la sociedad lo ha expulsado y hundido en un “tiempo muerto”. Gerardo, el actor, sin mucha experiencia y algo inseguro intentará ir moldeando al personaje a partir de los ensayos: la tragedia personal de otro joven que no conocerá. Apropiarse de dicho material no le será tarea fácil y se pregunta: ¿Edipo fue finalmente un parricida o tiene atenuantes por no saber que a quien asesinaba era su padre? ¿Martín (el recluso) es un parricida o fue legítima defensa su crimen? El contraste y la asimetría entre ambos seres –el condenado y el actor- es contundente.tebas land 2

La foto junto a su padre a los 10 años, las fotos del crimen, los informes médicos y forenses, el registro visual constante y las proyecciones en la pantalla duplican los puntos de vista, como recordándonos que siempre en cualquier imagen visual y/o auditiva hay un recorte, una mirada, una construcción, y deja instala la pregunta: ¿qué es real? Las coordenadas espacio temporales -jueves, viernes, la semana pasada, en el tren,…- nos anclan en un relato que nos deja sin aliento desde su inicio. La precisa iluminación recorta ambos espacios y de manera sutil envuelve a los personajes, a veces, dejando en penumbras al resto y, en otras, dejando en descubierto al público. Las ráfagas de humor, la canción de Sandro –Por ese palpitar / que tiene tu mirar / yo puedo presentir / que tu debes sufrir / igual que sufro yo / por esta situación / que nubla la razón / sin permitir pensar…– son también un punto de contacto y, en especial, de alivio para el espectador.

Tebas Land plantea un gran desafío: intentar ponerse en la piel del otro, no justificándolo sino dando cuenta que la violencia constitutiva de nuestra sociedad produce a estos “homicidas” que tienen quizá “la culpabilidad de la inocencia”. La dirección de Corina Fiorillo2 acepta el riesgo y pone en escena un hecho teatral sin fisura, donde las aristas pueden verse bajo el prima que cada uno elija. Por lo tanto, nos involucra y nos conmueve como sujeto espectador.000153163

Ficha técnica: Tebas Land de Sergio Blanco. Dirección: Corina Fiorillo. Actúan: Gerardo Otero, Lautaro Perotti. Asistencia de dirección: María García De Oteyza. Escenografía: Gonzalo Córdoba Estévez. Asistente de Escenografía: Lull Peralta. Iluminación: Ricardo Sica. Asistencia de Iluminación: Lucía Feijóo. Prensa: Marisol Cambre. Fotografía: Fabián Pol. Coach de movimiento: Vivi Iasparra. Imagen gráfica: El fantasma de Heredia. Producción: Jonathan Zak y Maxime Seugé. Timbre 4: sala México. Estreno: 10/03/2017.

1 Pier Paolo Pasolini para su film se basó en Edipo rey y en Edipo en Colono de Sófocles.

2 Tomado de la gacetilla de Prensa: “Tebas Land está basada en el principio de la duda, del desnudo como criterio, de la dualidad como guía. Nuestro trabajo está enfocado en la cruda realidad de desnudar nuestros artificios teatrales para hacerlos reales. La obra tiene la complejidad de lo primitivamente sencillo, el origen de las cosas, la crueldad de la palabra sin artificio. Deseamos construirnos en nuestro propio ‘transcurrir’ con y sin artificios, con los dramaturgos finales que son los públicos en comunión con la puesta.”

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