Daría mi memoria por volverla a ver de Alan Robinson

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Daría mi memoria por volverla a ver de Alan Robinson

18056988_647503955459737_7242756158383833997_nComedia dramática sobre la locura y el amor

León: La veía a ella en mis visiones. Me miraba con los ojos de mirar un eclipse. Así. Entrecerrados. Y. Sonreía. La esperaba, como siempre. Ella me miraba, como ustedes que están en mi oráculo1

Azucena Ester Joffe, María de los Ángeles Sanz

Parece una historia de amor, y también lo es, pero fundamentalmente es una historia sobre la locura y el espejo cóncavo donde nos vemos los que nos consideramos “normales”, es decir, adaptados a un sistema que no concibe los márgenes, ni que nadie plantee vivir de forma diferente. Como definir la locura, no es tarea sencilla, Foucault puso el contexto histórico para demostrar como el concepto fue variando a través de los años, y como el tratamiento que se le daba al loco por su falta de cordura, tampoco es invariante. Alan Robinson dramaturgo y director de la puesta, tiene una experiencia con el tema que lleva a la escena a partir de la búsqueda de exorcizar los demonios, y de advertir del mal funcionamiento de la salud mental en el país. Locura y arte, una combinación que produce un límite con la marginalidad, vivir del arte y para el arte es para una sociedad mercantilista, cuyos valores están devaluados, una especie de locura que debe ser controlada, en el afán de permanecer dentro de los cánones, dentro de un sistema que determina lo que está bien y lo que está mal, y cuáles son los caminos para traer nuevamente al rebaño a los réprobos. La mirada de los otros, es la que instala la diferencia, y estratifica a la persona; pero como afirma Robinson: “La locura no es condición del ser, sino del estar”. Se está loco, para alguien, en algún momento determinado de nuestras vidas. Lo que aparece con claridad en la puesta, es además, el tiempo de la cura, es decir, como la sociedad a través de la medicina trata a la locura. Lo que siente el personaje, cuando en nombre de la salud, es separado del resto de sus seres queridos, de su mundo cotidiano, cuando le queda entonces  por su sola compañía, su sombra y un cóctel de pastillas, que lo volverá “normal”, adaptado, integrado nuevamente a una sistema que si no fuera porque estamos asimilados veríamos también como locura colectiva. Los actores en un espacio ocupado por el departamento de León y Mariana, y por el del amigo psiquiatra que intenta probar con él una nueva medicina, está ocupado de objetos caóticamente distribuidos; metáfora de lo caótica vida de los personajes, donde pareciera que nada está en su lugar, como corresponde, según el criterio en uso. Porque los significantes orden y cordura, se corresponden, con sus antónimos desorden y locura. La locura es desordenada porque rompe lo establecido, incómoda, despierta suspicacias, es imprevisible; porque no sabemos cómo comportarnos con ella. 17992343_649636795246453_3737866101879026241_n

Esta obra se estrenó en 2016, en El Crisol, y es una adaptación del texto dramático publicado en Actuar como loco. En esta oportunidad, la puesta en escena ha ganado en intensidad con un espacio más despojado, que es delimitado por la iluminación y las acciones de los personajes. Un espacio íntimo que se fragmenta a su vez en tres -la cocina de la casa, el consultorio, y un tercer sitio subjetivo que nos devuelve a León como un espectro, un ser que no se da por vencido. Por otro lado, el trabajo actoral de manera perfecta le da carnadura a estos seres sumido en un clima que oscila entre la tensión y confusión, el amor y la soledad. El devenir es sinuoso como lo es nuestra imaginación, momentos de euforia y otros para la reflexión, que no decae y nos atrapa desde su inicio. El teatro, la ficción, es un fuerte punto de anclaje para el protagonista -“Esto es teatro, el relato de una historia que pasó, que pasa y pasará. ¿No es verdad? Ya no estoy loco. Estoy acá con ustedes”- mientras la realidad irrumpe, el espacio público, de forma cruel. Una propuesta que nos interpela como sujetos sociales, pues la incisiva escritura de Alan Robinson -dramática y escénica- aborda un tema muchas veces invisibilizado por el entorno familiar y naturalizado por las instituciones que responden, en general, a los intereses económicos alejados del paciente. 18118832_649636731913126_6376783347091883659_n

Ficha técnica: Daría mi memoria por volverla a ver de Alan Robinson. Actúan: Leticia Torres, Maximiliano Sarramone, Martin Dodera. Composición original: Pablo Di Nardo. Escenografía y vestuario: Paula Molina. Diseño Gráfico y fotografía: Jueves Producciones. Asistencia: Leni Auletta. Producción: Los Hermanos. Dirección: Alan Robinson. Complejo Cultural Sanidad. Reestreno: 22/04/2017. Duración: 60′.

1 Robinson, Alan, 2013. Daría mi memoria por volverla a ver en Actuar como loco. Experiencias del teatro y la locura. Buenos Aires: Los Hermanos: 187-214.

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