Orlando. Una ucronía disfórica de Emilio García Wehbi

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El destello del ex poeta Virgilio

9711 Obra Orlando de Emilio García Wehbi Foto Carlos FurmanNora Mezzano noramezzano4@yahoo.com.ar

La propuesta de Emilio García Wehbi Orlando. Una ucronía disfórica, en el Complejo Teatral General San Martín, toma como punto de partida la novela de Virginia Woolf, Orlando. Una biografía e invita a una diversidad perceptual tal que propicia una multiplicidad simultánea de sentidos. Eso sí, requiere de un espectador que se permita lecturas abiertas, descentradas, fragmentarias.

En un escenario sin bambalinas permanecen durante toda la función, que se inicia antes del ingreso del público, a un lado un asistente de imágenes, del otro un cuarteto de cuerdas (de la UNTREF) y tres personajes protagónicos: Maricel Álvarez, como Orlando; el propio García Wehbi como un biógrafo; y Horacio Marazzi como un ex poeta (según nos anuncia el programa).

La presencia de Marassi es la más actoral y teatral de las tres. En su cuerpo, a la manera de un palimpsesto vivo, pueden leerse una variedad de citas e intertextos. El ex poeta viste una camiseta de fútbol de la selección argentina, la n°10, que en el reverso lleva impreso el nombre de Virgilio, el poeta romano. Virgilio no es Homero. Messi no es Maradona. Mismos estamentos no garantizan la misma grandeza. Pero Virgilio y nuestro ex poeta insisten en recordar a Homero: “Los dioses tejen desdichas en las vidas de los hombres para que no les falte qué cantar, decía.”

Completa el vestuario del actor Marassi un slip blanco, zapatos negros con zoquetes y un estetoscopio que utiliza durante el ingreso del público para auscultar a los espectadores a los que el actor aleatoriamente se va acercando. Su rostro/máscara está maquillado a la manera de un payaso/mimo siniestro, un Guasón contemporáneo. Sobre una base blanca líneas en rojo cruzan y chorrean de sus ojos y se dibuja una triste y sangrante boca. Salvo por la camiseta argentina, el atuendo de Marassi replica el que él mismo usó en otro espectáculo de García Wehbi titulado Hecuba y el gineceo canino, estrenado cinco años atrás con el mismo elenco.

También es huella, metaforizada en su máscara y en su retórica de actuación, la historia e identidad profesional de Marassi. El actor inicia su carrera en los años de la dictadura en la Compañía de Mimo de Angel Elizondo. La propuesta de Elizondo rompió entonces estereotipos respecto de la figura clásica y naif del mimo e indagó en nuevas posibilidades expresivas del género.

El personaje de Marassi, como mencionamos más arriba, es el más teatral. Una suerte de decadente, patético y ansioso presentador que hace un uso recurrente del “etcétera” para concluir sus pronunciamientos. La reiteración del mismo no hace más que señalar que si bien quedan cosas por decir, cuestiones que tienen existencia, se decide suprimirlas, acallarlas, ¿autocensurarse?, para avanzar, para acelerar los tiempos y no detenerse en lo que él señala. El etcétera lo vuelve así redundante y por ello banal.

El personaje se autodefine como un “semi presentador retirado del salón de fiesta Olimpo”. Y este significante, Olimpo, de inmediato se dispara sobre dos significados desplegados en la obra de Webhi. Uno ligado al recinto de los dioses griegos, dioses de los que Orlando abjura en su discurso. Y el otro el nombre que se le dio, en tiempos de la dictadura, al centro clandestino de detención, tortura y exterminio que funcionó en el barrio de Vélez Sarsfield de la Capital Federal. En su puerta se podía leer el macabro “Bienvenidos al Olimpo de los dioses”. “Bienvenida” que remite a la irónica frase de Homero que nos recuerda nuestro ex poeta.

Finalmente, el programa de mano nos sugiere leer al personaje de Marassi en clave del “Angelus Novus” de Paul Klee. Esta pequeña pintura acompañó durante toda su vida al filósofo Walter Benjamín y se hace presente en su teoría pesimista sobre el devenir de los tiempos. Es allí el “ángel de la historia” que corre espantado y al que Benjamín lo hace mirar hacia atrás, despeinado como el ex poeta de Marassi, desalineado, avanzando e intentando capturar los destellos de los vencidos que desde el pasado aparecen fugazmente en nuestro presente.

El palimpsesto que nos propone Marassi parece jugar con el sinfín de imágenes que se proyectan velozmente en pantallas alejadas imposibles de ser vistas al mismo tiempo, con la verborragia y multitud de citas explícitas que locuta Orlando, con un paredón repleto de graffittis que ella/él y el biógrafo continuarán escribiendo sobre el fondo a lo largo de la propuesta. Y juntos proponen una obra que sólo permite retener fragmentos: de textos, de actuación, de historias, de Historia, de imágenes, de sentidos… Por ello, nuestra lectura es una deriva de las tantas posibles a la que la intertextual puesta de García Wehbi nos invita.1009 Obra Orlando de Emilio García Wehbi Foto Carlos Furman

 

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