Archivos Mensuales: marzo 2020

Una dramaturgia de Giampaolo Samà

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Una de

Giampaola Samà

Cynthia Attie

cinthia.attie@gmail.com

 

Una opción imperdible para estos tiempos que corren.

Timbre 4 propone una modalidad de “Teatro a la Gorra”donde los amantes del teatro podemos colaborar a partir de un monto accesible para todes.

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“UNA” es una clase magistral de teatro, donde Miriam Odorico se mete en la piel de tantos personajes como requiera su historia. Los significados no importan tanto como los significantes. Porque al final, el nombrar a la cosa o rotularla, no hace más que cristalizar al ser humano. Ella dirá: “los nombres son para los muertos, yo todavía estoy viva”. Un ser humano tratando de reflejarse en un espejo donde se desconoce y la desconocen. Una mujer transitando un viaje de descomposición para construirse, un camino hacia la soledad íntima en un tiempo y lugar que puede ser pensado y vivido. El desafío a crear nuestra propia unicidad a pesar de las miradas de los otros. La grandiosidad de Pirandello en las manos de Giampaolo Samà quien dotò a la obra de vida.

Ficha Técnica: Dramaturgia: Giampaolo Samá. Actúan: Miriam Odorico.Vestuario: Julio Suárez. Diseño de luces: Giampaolo Samá. Diseño gráfico: Paola Bilancieri. Producción: Perbacco. Dirección: Giampaolo Samá

 

 

Emilia de Claudio Tolcachir del teatro a la web en cuarentena

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Emilia de

Claudio Tolcachir

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Cynthia Attie

cynthia.attie@gmail.com

Nunca estuve tan amiga de las plataformas on line como hoy en día. La necesidad desesperante de ir al teatro me ha llevado a organizar mi semana cliqueando en las distintas ofertas artísticas que promocionan todas las semanas.

Emilia de Tolcachir, ha sido una buena pero fuerte compañía el sábado pasado. Aquel que esté dispuesto a atravesar los avatares relacionados con la crianza, con lo disfuncional de los vínculos, con un espacio casi asfixiante, le recomiendo adentrarse en Timbre 4 y vivir la experiencia.

Emilia, mucho más que una niñera, una mujer que ha dedicado su vida a criar a Charlito, se reencuentra con él y su actual familia para adentrarse en lo perverso de esas relaciones. Fue y sigue siendo testigo de la carencia afectiva del niño que crió, sin límites y con un discurso perverso que genera la culpa y la ambivalencia del amor odio.

La pregunta certera sería preguntarnos si en la necesidad de no quedarnos solos o de sentirnos queridos, nos sacrificamos a nosotros mismos. Como a veces nos olvidamos de aquellas personas que, si bien no piden y no reclaman nada, fueron eslabones tan importantes para ser lo que hoy somos.

Una escenografía excelentemente lograda en forma de U, con una puerta que parecería estar prohibida para conectarse con el mundo exterior porque amenaza la supervivencia. Una iluminación perfecta y unas actuaciones que valen la pena compartir.

Ficha técnica:

Autoría: Claudio Tolcachir. Actúan: Elena Boggan, Gabo Correa, Adriana Ferrer, Francisco Lumerman, Carlos Portaluppi. Diseño de escenografía: Gonzalo Córdoba Estévez. Diseño de luces: Ricardo Sica. Asistencia de dirección: Gonzalo Córdoba Estévez
Producción general: Máxime Seugé, Jonathan Zak. Dirección: Claudio Tolcachir.

 

 

Paìs Cerrado Teatro en Cuarentena

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País Cerrado Teatro en Cuarentena

Mariàngeles Sanz

sanzm897@yahoo.com

 

El país está cerrado, es decir, está en cuarentena, el coronavirus se ha convertido para todos en un fantasma que nos persigue y avanza como un pac –man buscando devorarnos uno a uno. Las salas teatrales comenzaron tímidamente a seguir instrucciones de cuidado, alcohol en gel, separación de espectadores, no a espectáculos masivos. Pero tras el decreto del presidente Alberto Fernández, de declarar al país en cuarentena, todo se concentró en el universo virtual de Internet.

Un Internet que también pareciera estar a punto de colapsar en cualquier momento, cargado de miedos, ansiedades, pronósticos, consejos, advertencias, clases virtuales, obras de teatro virtuales, conferencias;  abrazos y besos que no contagien, y que nos hagan sentir menos solos, menos apestados, de lo que estamos sin estarlo. Porque todos somos potenciales enfermos, y debemos cuidarnos para no contagiar al otro, me cuido, te cuido.

La cultura tomó el toro por las astas y firme en no dejarse caer en la depresión y la inacción, pero consciente de su responsabilidad no baja los brazos, y todos, en todas las disciplinas aportan su grano de arte, su voz, su cuerpo en movimiento, la lectura de cuentos, de poemas, de todo aquello que nos haga sentir un poco más humanos. Están los otros, los que prefieren ignorar, porque su soberbia les impide reconocerse en los demás, y entonces creen que la cuarentena es un capricho. También están los que el día a día en el trabajo le es necesario para vivir, para sobrevivir, y los que no tienen techo y siguen comiendo de los contenedores de basura. Yo los vi, hace una semana, cuando salí por última vez de mi casa, para ir al teatro, y no podía dejar de pensar en cómo evitarles a la suma de sus desgracias una pandemia, que los demás podemos paliar con más recursos.

No sabemos cuánto tiempo durará esta situación, no sabemos cuál será su pico máximo, ni su declive, no sabemos que geografía, que mapa social nos encontraremos cuando todo esto acabe; pero desde el lugar que nos toca a cada uno, lo que sí sabemos es que nos corresponde ayudar, fortalecer el cuerpo social, que es la única manera de poder fortalecer nuestro propio espíritu, de lo colectivo a lo personal, ese es el camino, no al revés.

Escribo y exorcizo mis propios temores, y doy cuenta de una situación que es exponencial y que crece geométricamente sin pausa, y a su ritmo. A los indiferentes de siempre les pido que dejen por un momento su estado permanente de soberbia, y piensen que por más que hagan como los monos de la prudencia, el no ver, no hablar, y no oír, no los inmuniza al virus. Sólo los hace peores personas.

Hasta la próxima, cuando el tema sea el arte, y no como sobrevivir gracias a él.

Bailan las almas en llantas de Pilar Ruiz

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Bailan las almas en llantas de

Pilar Ruiz

La dramaturgia y la vida, el pasado y el presente

la lucha por el amor y la vida.

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Mariángeles Sanz

sanz897@yahoo.com

 

Pilar Ruiz desde el hipotexto de Shakespeare, “Romeo y Julieta” elabora una puesta en escena potente, que resignifica las tensiones que se presentan para darles la carnadura y la problemática que el presente nos ofrece como una temática a desarrollar. Dos bandos, no ya Capuletos y Montescos, sino bandas de marginales, unos con mayor poder debido a sus contactos con una ley corrupta y violenta como ellos mismos, con la que comparten botín. La droga, la prostitución, la falta de posibilidades en un medio hostil, donde la moral no existe, sólo se caretea, y donde priman en su lugar los intereses más concretos. El odio entre bandos está presente, y es material funcional al debe y al haber del negocio; y el cuerpo femenino es un objeto de cambio, mercancía.

En verso, como es el hip – hop o el freestyle, al igual que los viejos payadores, los personajes se manejan en un registro popular donde la rima es la forma de expresar no sólo una poética sino una verdad cruel, que los atraviesa. Con un excelente manejo del espacio escénico, la muy buenas performances llevan adelante una coreografía que se apoya en un artefacto de metal que se traslada, en una frontera marcada por una red metálica y telas como cortinas que separan los mundos. A fondo, arriba, las secuencias se anticipan, en tiempo y en la voz de un coro, que es el mundo testigo de la tragedia, que se repite una y otra vez. No sólo la imposibilidad del amor, sino de escapar de un mundo que agobia y determina un destino, el de la bala asesina.

Tanto la iluminación, la música, el vestuario, el ritmo, el lenguaje de los cuerpos de los personajes, sus movimientos, su gestualidad, todo se aúna para lograr no sólo el clima que necesita la tensión dramática sino para lograr un verosímil de una geografía que desconocemos, pero que se hace presente en escena, con sus debilidades, sus fortalezas, sus deseos; en donde la pérdida es una constante, donde la soledad de la familia contenedora, se cubre con la amistad entre pares. Es interesante que el rol que ocupó en la tragedia original la figura del sacerdote, sea cubierto en este caso por la presencia de la maestra de la nocturna, que cumple también en ese lugar más de un rol necesario. Como así también la figura del aya de Julieta, se transforme en el cuerpo de la prostituta que además es la amante del padre. Ninguna dulcificación innecesaria, pura realidad concreta.

Ficha técnica: Baila las almas en llantas de Pilar Ruiz. Actúan: Camila Conte Roberts, Daniel Begino, Federico Martínez, Franco Bertoglio, Jesús Catalino, Joaquín Gallardo, Juan Tupac Soler, Lola Banfi, Matías Méndez, Romina Oslo. Entrenamiento físico y diseño coreográfico: Andrés Molina. Diseño de vestuario y escenografía: Victoria Chacón. Música original y diseño sonoro: Gastón Poirier. Diseño de iluminación: Lucía Feijoo. Fotografía y video: Francisco Castro Pizzo. Diseño gráfico: Juan Pablo Rodríguez. Prensa: Marisol Cambre. Producción ejecutiva: Poética resiliencia y LugarOtro. Asistencia de dirección: Milagros Vera. Dirección: Pilar Ruiz. Teatro del Pueblo..

 

Experiencia III Quiènes somos

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Experiencia III

Los arrepentidos de

Marcus Lindeen

000216680Experiencia III

Mariángeles Sanz

sanzm897@yahoo.com

Un micrófono de aire en el medio de la escena simula un estudio de grabación; en el que se produce un diálogo que sabremos luego real, el de dos personas suecas, sostenido ante el hecho de estar en una situación similar, aunque no igual, ya que llegaron a ella por motivos diferentes. Todos datos que aparecen en la pantalla de fondo, asì como tambièn el momento del final.  Una voz en off, construye el ojo del afuera y da instrucciones para lo que sucede,  es un interlocutor, con el que mantienen una relación de actor y director, aunque no sea ese exactamente el caso.

La sexualidad, la cuestión de género, la transexualidad, el no saber realmente que es lo que se siente dentro de un cuerpo que algún momento sentimos ajeno. Una ajenidad que nos lleva a la transformación, a un cambio que falsamente nos promete una vida nueva, mejor, intensa y feliz. Desde el vestuario contrastante, brillante para uno, sencillo y gris para el otro, y un mismo deseo, volver a ser aquello que fueron antes de la transformación.

En el medio la cuestión de un Estado presente que se hace cargo, hasta cierto límite, pero impensado para nosotros, de la situación de aquellos que se buscan a sí mismos desde lo exterior hasta lo más íntimo, en un recorrido doloroso de una subjetividad que aparece como inestable, rodeada por el maltrato de una sociedad que no comprende y acepta de mala gana.

La reconstrucción utiliza el discurso al que se le suman fotografías que van certificando las sucesivas transformaciones, de hombre a mujer y luego otra vez a hombre, recuperando en lo posible los atributos masculinos, o en trance de hacerlo. La puesta nos deja el interrogante de la incertidumbre de los personajes, pero además de la debilidad de la frontera de los géneros y el deseo, o la dificultad de construcción de la subjetividad, cuando no obedecemos al mandato social, y sentimos que no encajamos en sus leyes y en sus prejuicios.

Las actuaciones son excelentes, el tránsito de la puesta ágil, y la propuesta interesante en la mirada discordante con la seguridad de afirmación de algunas subjetividades. ¿Quiénes somos, y quiénes queremos continuar siendo? No es una certeza, sino una posible mutabilidad acuciada por el entorno, y la mirada de los otros, tan inquietante como necesaria. Nos construimos a partir de esa mirada, y nos deconstruimos cuando esa mirada no produce bienestar en nosotros. Entonces: ¿la estabilidad de nuestro deseo es un mito?

Para nosotros, latinoamericanos con otras urgencias, nos parece distante tal vez la problemática si la leemos sólo en la concreción de un deseo con el apoyo de un Estado omnipresente, que puede, porque parece tener resueltas otras problemáticas, dar sentido a la transexualidad, aunque ponga límites. Sin embargo, hay algo en el orden de lo filosófico que nos toca a todos, y pasa por la construcción de la identidad de género. Para reflexionar.

Ficha técnica: Experiencia III: Los arrepentidos de Marcus Lindeen. Actúan: Mónica Raiola y Luciano Suardi. Adaptación y dirección: Daniel Veronese. Asistencia de dirección: Gonzalo Martínez. Luces: Ricardo Sica. Producción: Jonathan Zak y Maxime Seugè / t4. Prensa: Marisol Cambre.

 

 

 

Experiencia II La manipulaciòn del discurso

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Experiencia II

Encuentros breves con hombres repulsivos de

David Foster Wallace

Versión de Daniel Veronese

000208430 Experiencia II

Mariángeles Sanz

sanzm897@yahoo.com

El espacio de la escena no difiere demasiado de la Experiencia I, un bajo blanco que construye frontera entre el espacio de la acción, y el espectador, dos mesas, una con botellas y tazas, la otra para establecer esta vez un diálogo intenso a través de pequeñas secuencias donde un hombre y una mujer, en los cuerpos de dos actores: Marcelo Subiotto y Luis Ziembrowski, llevan adelante, en donde el hilo común a todos los encuentros es el discurso masculino de manipulación hacia la mujer.

Desvalorizada, engañada, agredida física y psíquicamente, las acciones se suceden en cada relato a partir de la palabra, y van subiendo en intensidad, hasta llegar a la justificación machista de la violación en manada. De todos los más repulsivos de los diálogos, por su pornográfica intención de lograr malestar en la platea, logrando finalmente que suceda. La respuesta espectadoras que se levantan y se van, en una clara declaración de principios, confundiendo la ficción con un alegato, que no lo fue.

Las actuaciones de ambos son impecables, vestidos de jean y remeras negras, para contrastar como en el primer caso con el marco y con una pantalla a fondo, donde los blancos y los colores cremas resaltan las figuras en escena, descalzos, único signo de desnudez del cuerpo, cuando de lo que se trata es de abrir el alma y decir aquello que se siente, y se guarda, por hipocresía. Quién aceptaría admitir fuera de las paredes de un departamento, o de un consultorio, como logra obtener su cuota de poder sobre el otro, al que considera inferior, física y espiritualmente. Nosotros, como espectadores, asistimos como voyeurs a una instancia vedada, pero que sabemos cierta, porque las consecuencias están a la vista.

El teatro de Foster Wallace es de un realismo íntimo, psicológico, de una subjetividad cruel a pesar del medio tono, de no elevar la voz con vituperios, de no producir una proxemia de violencia física. Una espiral de violencia que se construye en el entre, entre lo dicho explícitamente, y lo que se sugiere en los pliegues del silencio. La dirección de Veronese, explora los intersticios, y allí sienta con la posición corporal y la gestualidad, aquello que adivinamos.

Ficha técnica: Experiencia II Encuentros Breves con hombres repulsivos. Actúan: Marcelo Subiotto y Luis Ziembrowski. Asistencia de dirección: Adriana Roffi. Luces: Ricardo Sica. Fotografìa: Germán Romani. Diseño de imagen: Estudio Papier. Prensa: Marisol Cambre. Producción: Jonathan Zak y Máxime Seugè /t4. Dirección: Daniel Veronese. Duración: 60 minutos.

 

 

 

 

La vis còmica – El teatro siempre el teatro

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La vis cómica de

Mauricio Kartun

Què yo estè diciendo acà y ustedes que no me ven allà puedan creerlo es pura cuestiòn de que esto sea teatro, truco barato si los hay. Y que yo desde aquì pueda verme a mì mismo ahì, y contàrselo a ustedes acà, màs barato todavìa, claro. Y que un perro arregle comedias y las comente què vamos a ponernos acà de hablar de barato. Ganga miserable. (Berganza, La vis còmica, I Jornada)

Mariángeles Sanz

sanzm897@yahoo.com

 

Una sala completa, de un lleno reiterado, nos recibe; la pieza se estrenó en octubre del año pasado y con un pequeño intervalo, la compañía de Angulo el malo vuelve al escenario del San Martín para el placer de los sentidos. Un texto que escarba en nuestras miserias a partir de un grupo ignoto para la sociedad virreinal, actores, saltimbanquis, que viven en un carromato, y que ni siquiera serán enterrados en suelo santo. Margen para vivir, y para morir. Desde ese punto equidistante de la historia, el relato cobra fuerza para enhebrar los sucesos que pinten una época, una estética, el barroco y un género: el teatral.

Teatro dentro del teatro, que es como decir, la vida dentro de la vida, la representación, el juego de máscaras que abarque todo los estamentos, los del poder y los que con ella se separan y se defienden de él. Un comienzo de teatro que impone su poética, la europea, en un territorio otro, poblado por seres diferentes, a pesar de la presencia colonial fuertemente representada por el virrey. Mauricio Kartun trabaja como epicentro el siglo de oro español, y a Cervantes, en el personaje que lleva con maestría Cutuli, Berganza, el perro narrador; desde allí se van sucediendo no sólo las acciones, sino el lado oculto de la escena, rompiendo la cuarta pared nos interpela, para que colaboremos con lo que sucede y hagamos un pacto de credibilidad, entre unos y otros, para construir el verosímil.

Los personajes van ingresando de acuerdo a las Jornadas que dividen su estructura, cinco, como corresponde, en la mixtura del drama y la comedia, la vis cómica, que pierde a Angulo el malo, un comicastro con compañía y sin función; en un espacio hostil, Buenos Aires, deseando llegar a otro, Asunción del Paraguay. La situación le vale al dramaturgo para exponer los pliegues de una profesión la del actor, y la de aquello que le da soporte, el texto dramático; el escritor, y su voluntad, en la presencia del dramaturgo Isidoro, que sólo quiere lo que todo poeta, estrenar. Cada uno de los cuatro tendrá su tiempo para el monólogo, para la construcción de una intriga que nos dè pistas sobre sí mismos, y sobre los pasos a seguir.

Los personajes aparecen en un espacio que muestra su deterioro al mismo tiempo que el de sus habitantes, un vestuario de época impecable, música que surge de la armónica de Cutuli, y una iluminación baja para dar cuenta de lo terroso, de lo poco luminoso del lugar, y del momento. Barro y piedras, la decadencia de un Imperio que muestra sus llagas en una de sus más lejanas colonias; una ciudad puerto, reina del contrabando, y la corruptela palaciega, sin palacio, y sin nobles.

Un párrafo aparte para los actores y la actriz que ponen en acto el texto pensado por Kartun, sus performances son excelentes, la gestualidad, la compostura corporal, la gestualidad cómplice hacen que un texto bien escrito crezca en escena desde todos y cada uno de los resortes de la actuación, por eso, el aplauso final es tronado, intenso, y agradecido. Mauricio Kartun va construyendo un rompecabezas histórico desde el “Niño argentino” en adelante, cada nueva propuesta es una pieza que va encajando en sus justos bordes, transitando hacia atrás y hacia delante de un recorrido de más de doscientos años. Bajo su dirección, todo fluye elegantemente, naturalmente, el drama y la vis cómica.

Ficha técnica: La vis cómica de Mauricio Kartun. Elenco: Cutuli, Mario Alarcón, Luis Campos, Stella Galazzi. Coordinación de producción: Federico Lucini Monti. Producción técnica: Magdalena Berretta Miguez. Asistencia de dirección: Tamara Correa, Lucas Pulido. Asistencia de escenografía y vestuario: Agustina Filipini. Asistencia artística: Malena Bernardi. Diseño de sonido: Eliana Liuni. Diseño de iluminación: Leandra Rodríguez. Diseño de escenografía y vestuario: Gabriela Aurora Fernández. Dirección: Mauricio Kartun. Teatro San Martín. Sala: Cunill Cabanellas. Duración: 90 minutos.

 

Antìgona de Watanabe

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Antígona de Sófocles

Versión de José Watanabe

(…) he nacido para amar, no para compartir odios. (Antígona)

“Hoy es el primer día de la Paz”

Mariángeles Sanz

Sanzm897@yahoo.com

La paz no puede estar basada en el olvido y una falsa memoria, en la ceguera y el silencio; la paz para ser real, debe tener bajo sus pies la justicia. De una paz incompleta surge el monólogo que llevará adelante la actriz, en un rol y en todos los roles que se le exige desde la dramaturgia.

En un escenario despojado, donde sòlo cuelgan tres gruesas cuerdas, que serán tiempos de la vida del personaje, el cuerpo de la actriz, Ana Yovino, crece en el alma de Antígona, y de cada uno de los personajes que Watanabe elige, fundamentales para la trama de Sófocles, indispensables para que se desarrolle la tragedia. La tebana, y la sudamericana, que se teje con un hilo invisible desde hace siglos: cuerpos destrozados en batalla, cuerpos atravesados por la tortura en las mazmorras, luego desaparecidos, invisibilizados, nunca olvidados, siempre en su búsqueda, reclamando sepultura y justicia por las mil y una Antìgonas que pueblan nuestra desgraciada historia. Watanabe afirma en una entrevista:

                (…) El enterramiento de un suceso o de una persona implica evaluarlo, conocer su significado y ponerle un nombre para no olvidarlo, es ubicarlo como un hecho vivo y ejemplar en nuestra memoria. Allí debe estar como quien ocupa un espacio, dispuesto para el diálogo con nosotros, ahora o en el futuro. (Pianacci, 2015, 265)

El texto además de narrar, profundiza en las sensaciones que cada personaje experimenta, atravesado por un sentimiento que como afirmara Steneir le debemos a la lectura que el romanticismo hizo de los clásicos.  José Watanabe escribe su única obra de teatro en 1999, y es llevada a escena un año después por el grupo Yuyachkani, en este oportunidad bajo la dirección precisa de Carlos Ianni, un solo cuerpo tomará dimensión humana frente a nuestros ojos para encarnar el de todos: Antígona, Creonte, el soldado, Hemòn, Tiresias, y por fin la atormentada alma de Ismene.

La versión del dramaturgo peruano, fiel al relato del griego, sin embargo, hacia el final nos responsabiliza como espectadores – testigos, en el último rol que tomara la actriz, el de Ismene, que relata lo conocido, pero también desde su subjetividad nos narra, su sentimiento de culpa e impotencia por no actuar, por la cobardía de permanecer fiel a la ley de un hombre, Creonte, que le inspira un miedo paralizante.

El terror de la sociedad actúa como un marco necesario para que la crueldad de un poder tiránico pueda vencer a los justos. El silencio, que cierra los labios y los espíritus y nos convierte en sombras de nuestra propia sombra. Pero en todas las geografías, están las Antìgonas, que no renuncian a buscar el equilibrio, a que la justicia haga justicia, y luchan por un afán que no cesa, como no cesan las muertes.

Ana Yovino, lleva adelante una excelente performance, que nos deja presos de su voz y de su cuerpo, suspendido en un tiempo sin tiempo, creando una atmósfera sin fronteras, porque la tragedia no las tiene.

Bibliografía:

Pianacci, Rómulo, 2015. “Antígona: una tragedia latinoamericana” Ensayos sobre teatro. Buenos Aires: Losada.

Ficha técnica: Antígona de Sófocles, versión de José Watanabe. Intérprete: Ana Yovino. Vestuario: Solange Krasinsky. Iluminación: Carlos Ianni. Asistente de dirección: Soledad Ianni. Dirección: Carlos Ianni. Celcit.

8 de Marzo Dìa Internacional de la Mujer

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Día Internacional de la Mujer

8 de marzo

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Mariàngeles Sanz

sanzm897@yahoo.com

Sentarme frente a la pantalla, la página en blanco, pensar que decir que no esté dicho miles de veces, con dolor, con impotencia, con bravura, a pesar de todo, de todes, y a partir de allí, pero sin poder dejar de hacerlo porque la fecha no me es indiferente. Entonces recuerdo la cantidad de actrices – directoras cuyos nombres se perdieron en el tiempo, mujeres que además de actuar y dirigir, producían, eran cabeza de compañía, a la vez que la sociedad las miraba con lupa para que no descuidaran sus tareas de mujer, ser madres, ser esposas, hijas; “un debe ser” que muchas veces resultaba la eficaz excusa para el ninguneo. Es decir, para que cumplieran el rol que la sociedad les tenía asignado y del que ellas se evadían a veces sutilmente, como podían, con las tretas del débil, otras arreciando con la prepotencia de su verdad, y su fuerza.

Nombres, nombres, listas eternas de nombres, que van apareciendo de a poco y nos van enriqueciendo con sus voces, con su arte, con su manera diferente de ver las cosas, a contramano del mandato patriarcal. Anarquistas, socialistas, obreras de las fábricas o de su propio deseo escondido, pintoras, escritoras poetas, periodistas, actrices, médicas; inventoras de espacios vedados, creadoras de mundos posibles, donde lo que sentían tuviera cabida y pudiera ser.

Hablar de la mujer como una esencia que nos abarca, fue un disparate conveniente a un discurso hegemónico, que nos iguala para someternos a nosotros mismas, bajo la mirada vigilante de quien nos había construido. Las mujeres somos las artífices de la deconstrucción y la creación de una subjetividad compleja, sólo queremos que nos definan como personas, que nos reconozcan como tales, y nos abarquen los mismos derechos, la vieja frase anarquista no queremos ser como hombres sino ser mujeres con derechos.

Hoy que parece que avanzamos a paso seguro, la respuesta es brutal, los feminicidios, término acuñado por Marcela Lagarde, la socióloga mexicana, reconocido hoy en varios países, incluido la Argentina, asolan este comienzo de año, con una virulencia que estremece. Hoy 8 de marzo, sabemos que no es un día de festejo, sino por el contrario es un día de memoria, y homenaje a las mujeres que con su vida pagaron la osadía de reclamar lo justo. También entonces la respuesta fue brutal.

Avanzamos con confianza y convicción, no atacamos, abrimos caminos, senderos por donde construir un mundo diferente, donde la creación triunfe sobre la destrucción, donde el respeto sea un principio para todos, donde las leyes cuiden de los ciudadanos, en equilibrio y tengan en cuenta nuestras diferencias en la igualdad. 8 de marzo, día de la mujer, de todas y cada una, defender los derechos de la mujer no es un slogan, ni un pasacalle, es un arduo trabajo cotidiano, para cambiar la mirada que el mundo y nosotras mismas tenemos sobre él.

Experiencias en Timbre 4

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000219588 Experiencia IExperiencia I: La persona deprimida de

David Foster Wallace

Versión de Daniel Veronese

Mariángeles Sanz

sanzm897@yahoo.com

 

En el espacio de Timbre 4, luego del Festival Temporada Alta, se presenta entre marzo y abril una experiencia diferente dirigida por Daniel Veronese, que nos lleva con breves piezas a sumergirnos en una serie de temáticas íntimas, al borde de lo razonable, el lado oscuro de la luna, que guardan las relaciones humanas. Los textos son de David Foster Wallace y de Marcus Lindeen. Del primero es Experiencia I: La persona deprimida. El director expone asì lo que siente con la construcciòn de las palabras y sobre todo con el dolor que se oculta en sus pliegues.

 “Por lo menos aparecen palabras que están más propensas a ser pensadas que a ser dichas. Son cosas que uno piensa, incluso por la forma en la que están armados los textos. Son cosas que no están ofrecidas para un entendimiento fácil, sino que justamente piensa de una manera y habla de otra. Estos discursos están cercanos al pensamiento como si no hubiese filtro de la conciencia. Esto me produce calidez, porque son seres desprotegidos, que a veces se asemejan a lo animal, no a lo humano. Sin embargo, el discurso es un discurso humano.” Daniel Veronese. (Texto de gacetilla)

Daniel Veronese es un interesante dramaturgo y director que desde El Periférico de Objetos en los noventa viene llevando adelante propuestas distintas, inquietantes, desestabilizadoras, donde la ruptura con la convención o con el realismo es el centro de su forma de escritura. En este caso, su versión del texto de Foster Wallace, bajo su dirección, deja que el punto de vista se centre no ya en la estructura de la propuesta, o la intervención de objetos que toman vida en escena, sino en el cuerpo de la actriz, María Onetto, que se presenta a sí misma, para hablar en tercera persona de una problemática que la incluye, y lo hace no desde la definición de un yo omnipresente, sino desde un relato que atraviesa su cuerpo desde su temblorosa entrada al escenario,  su posición en la mesa de conferencia, en el locus donde se ubica,  mesa silla e iluminación todo en tono beige, que contrasta con su negra vestimenta, y la palidez de un rostro tallado desde la angustia. Desdoblàndose en paciente y conferencista,  y a nosotros espectadores, en pùblico y terapeutas. Ella habla de la persona deprimida en tercera persona, porque no puede asumir un yo que desconoce; necesita objetivarse para poder dilucidar un problema que le duele demasiado.

No es el primer trabajo que la actriz realiza dirigida por Veronese, hace unos años participó de la puesta de “Los Corderos” (2015) una mirada renovada del dramaturgo sobre su propia textualidad dramàtica que era de 1991; llevando adelante como en esta oportunidad, una excelente performance. Porque el trabajo de María Onetto es impecable, de una contundencia que no da respiro, y nos deja a todos seducidos por el espanto que con la sutileza de sus maneras, nos deja percibir de la angustia, desamparo, desesperación, de una persona que atraviesa el límite de la depresión. El texto también es una feroz crítica a todo el embalaje de la psiquiatría y la psicología para recuperar desde sus métodos, no siempre eficaces, aquellos que sienten haber perdido el sentido de sus vidas, y buscan con desesperación un alguien que les permita sentirse vivos.

El pasado ayuda a entender o nos enreda más en nuestra propia cinta de moebius, o por el contrario esa fijación en un punto que conformó una estructura en nuestra subjetividad, es el nudo gordiano para develarnos a nosotros mismos que la verdadera revelación está en el conocimiento sin miedo de cómo somos. El espectador decidirá, porque así es la propuesta, expone en carne viva al personaje, lo deja desnudo frente al otro, y desde allí dialoga con nosotros, ese otro silencioso y oscuro desde la platea, testigo mudo, que sòlo se acercarà a servir una taza de tè; y con lo profundo de su propia vulnerabilidad.

 

Ficha técnica: Experiencia I: La persona deprimida de David Foster Wallace, versión Daniel Veronese. Actuación: María Onetto. Asistencia de dirección: Gonzalo Martínez. Luces: Ricardo Sica. Producción: Jonathan Zak y Máxime Seugè / t4. Dirección: Daniel Veronese. Sala Timbre 4. Duración: 60 minutos.