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Jazmín de invierno de Carla Moure

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Jazmín de invierno de Carla Moure

Todas/os somos Jazmín

35488033_1894959527233273_8259553913611485184_nAzucena Ester Joffe

El programa de mano de Jazmín de invierno es un claro aglutinador de sentidos: un tríptico. Una imagen elocuente en cuyo centro observamos a la adolescente flanqueada por los adultos, como así es la historia, cerrada en sí misma, sin posibilidad de evasión. El abuso infantil nos provoca escalofríos y nos hace sentir impotentes antes este atroz delito que no tiene fronteras. El punto de partida para la escritura dramática fueron hechos reales. Al respecto su directora comentó:

Trabajamos a partir de noticias aparecidas en distintos lugares del mundo y con la puesta queremos dar testimonio de algo que sucede. En las redes sociales circuló un hashtag: #Ervey90seconds […] Investigamos un montón y los estudios afirman que los niños víctimas suelen estar muy cerca de su hogar cuando son capturados y en general alguna persona conocida o cercana a la familia puede ser responsable del delito, y estos condimentos específicos son los que delatan la no mirada hacia el prójimo.1

La dupla Carla Moure / Corina Fiorillo construye un relato no lineal, como un nudo gordiano, donde el presente y el pasado se superponen en el espacio íntimo. Intentamos reconstruir, a partir de pequeños datos, la cronología de los sucesos entre una torta de cumpleaños y aquella salida del colegio. La cotidianidad de Jazmín es atravesada por el cruel sometimiento, consentido por una madre amorosa que cuida a la “bella” y un padre atento que le trae chocolate. La relación de los adultos fue “amor a primera vista” pero eso no impide que ambos provoquen un daño irreparable en una niñez que fue arrancada. El sólido elenco le otorga de forma visceral la carnadura perfecta a estos personajes, cada uno con sus particularidades. La niña-víctima Jazmín (Maite Lanta) siente cierto afecto por el entorno familiar pero tiene en su rostro, su mirada y sus gestos el temor, la vulnerabilidad y el sufrimiento, el forzoso silencio y la vergüenza inexplicable. Julia (Silvina Bosco) y Miguel (Roberto Vallejos) construyen un hogar casi “perfecto” entre bolsas de basura y mentiras, donde la realidad exterior no logra contener o rescatar a la adolescente. En algunos momentos, rompiendo la cuarta pared a modo de confesión, estos tres seres parecen transformarse en sobrevivientes que ya no tienen sentimientos a flor de piel. En especial Jazmín con sus breves monólogos polifónicos pues su voz es la de muchas/os niñas/os. El clima tenso, por instantes, se quiebra con la irrupción, de manera acertada y necesaria, de un cuarto personaje (Roco Sáenz) quien se encuentra por fuera del conflicto e introduce la sonoridad de algunos instrumentos, con algo de humor, provocando cierto alivio en el espectador. Apreciadas rupturas para no caer en una expectación devastadora después de escuchar las tres brevísimas historias reales de niñas/os que sufrieron el cautiverio en otras partes del mundo. Esta mixtura a lo largo de la obra nos distancia y, a su vez, nos interpela sin pedirnos permiso. Nos involucra en una realidad que se escurre más allá de la ficción. Con precisión, la escenografía -una humilde vivienda- y la iluminación -sin contrastes porque así sería el futuro- construyen el clima crucial y dinamizan el desarrollo dramático en el cual el supuesto equilibrio familiar se escapa como el agua entre las manos.

Un hecho teatral sin fisuras donde el tiempo del acontecimiento parece exceder al tiempo dramático, focalizando nuestra atención sobre las miserias del ser humano. En este contexto, recordemos que continúan las luchas contra el Tráfico y la Trata de Personas, por Ni Una Menos y por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito –Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir.en el Cultural San Martin Foto Sandra Cartasso

Ficha técnica: Jazmín de invierno de Carla Moure. Dirección: Corina Fiorillo. Producción artística: Pablo Cullel. Producción ejecutiva: Flavia Vitale / Juan Manuel Caballé. Elenco: Silvina Bosco, Roberto Vallejos, Maite Lanata, Roco Sáenz. Diseño de escenografía y vestuario: Gonzalo Córdoba Estevez. Asistentes de escenografía: Tatiana Mladineo y Lucila Peralta. Asistentes de escenario: Martín Melgarejo Arena y Mauro J. Pérez. Música: Roco Sáenz. Producción de vestuario: Carla Moure. Diseño de iluminación: Pablo Boratto. Maquillaje: Lis Rivas / Beatriz Abrigo. Fotografía: Sandra Cartasso / Fuentes & Fernández. Diseño gráfico: Nahuel Lamoglia. Prensa: we prensa. Redes: Florencia Carrozza. El Cultural San Martín: sala B. Estreno: 20/05/2018. Funciones: sábados 20 hs / domingos: 19 hs.

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El Vestidor (The Dresser) de Ronald Harwood

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El Vestidor (The Dresser) de Ronald Harwood

Versión de Fernando Masllorens y Federico González del Pino

La escena de la guerra es muy clara para nosotros: esa resistencia cultural frente a los avatares de todo tipo que hay en el país. Es como que escuchamos caer la bomba y ahí nos levantamos. A mí me llena de orgullo la verdad, los actores siempre estamos muy comprometidos. Yo creo que lo único que hace de nuestro oficio una profesión es una manera de ver la vida, saber que no es solamente una herramienta de trabajo. (Oski Guzmán)

unnamedAzucena Ester Joffe, María de los Ángeles Sanz

La frase de Oski Guzmán sobre la pieza de Harwood si bien no es el nudo gordiano de la pieza, es sin embargo, dentro de la hostilidad presente en las relaciones de sus personajes, una mirada tangencial fundamental para elevarlos del sólo juego de egos de la actuación, a un lugar donde el compromiso y la resistencia ante los avatares que les toca vivir afuera de las paredes del drama contenido del teatro es una pieza fundamental en sus vidas, en su trabajo, en su arte. El artista, se sostiene a partir de la creencia de la verdad del drama que desarrollan, pero también ante el embate de un enemigo común, de la lucha por su libertad y el convencimiento en los valores que se exaltan más allá de los rencores y las miserias cotidianas. La puesta dirigida por Corina Fiorillo, desplaza este punto de vista y centra su mirada en los rigores de una tenaz fuerza de orgullo que sostiene al personaje que lleva adelante Jorge Marrale, y que lo hace mantener en una relación humillante a su vestidor, Arturo Puig, y al resto de su elenco, con quien mantiene una actitud distante y orgullosa. Se lo admira, y respeta por su presencia en escena, pero se sabe de su pequeñez humana fuera de allí, y se lo soporta porque es la cabeza de una compañía que lo necesita. En un espacio decadente, el camarín de un teatro de provincias, las mezquindades se desatan dentro del espíritu de Shakespeare y su imaginario inmortal, y entre el afuera y el adentro de un momento crucial para la vida del país. La Alemania nazi desata una tormenta sobre el cielo de Inglaterra, mientras otra se produce entre las frágiles paredes del teatro. La vida y la muerte como un oxímoron se dejan sostener entre los pliegues de una lucha que no cesa de atravesar los cuerpos de los personajes. Las actuaciones mantienen un semitono y tienen buenos momentos en algunos de los encuentros personales que se producen. unnamed2

El punto de partida para el texto dramático, estrenado en 1980, fue la propia experiencia del escritor, guionista y dramaturgo sudafricano, Ronald Harwood, al unirse a la Shakespeare Company y ser el vestidor personal de Sir Donald. Luego, en 1983, se realizó el film homónimo dirigido por Peter Yates1. El autor deja plasmado en este vínculo personal entre ambos protagonista la dependencia que se ha construido a lo largo de los años. Una relación íntima que se clausura más allá de la actividad teatral. En ese juego Puig y Marrale le otorgan el ritmo oscilante entre la tensión y distensión, entre el drama y la comicidad, que se modifica según la situación dramática. Un dueto que desde el lenguaje verbal y corporal construye el clima de cierto ocaso más allá de la metateatralidad.

Ficha técnica: El Vestidor (The Dresser) de Ronald Harwood. Versión de Fernando Masllorens y Federico González del Pino. Elenco: Arturo Puig – Jorge Marrale, Gaby Ferrero – Ana Padilla – Belén Brito. Dirección: Corina Fiorillo. Música Original: Ángel Mahler. Diseño de Escenografía: Gonzalo Córboba Estévez. Diseño de Iluminación: Ricardo Sica. Diseño de Vestuario: Silvina Falcón. Diseño de Maquillaje y Peluquería: Sofía Núñez. Diseño Gráfico: Pablo Bologna. Fotografía y retoques: Nacho Lunadei. Prensa & difusión: WE Prensa & Comunicación. Asistente de Dirección en preproducción: Mercedes Torre. Asistente de dirección en funciones: Marcos Moriconi. Vestuarista: Celestes Bulfoni. Maquilladora: Sofía Núñez. Producción comercial: Guillermo Masutti. Producción ejecutiva: Sebastián Arcos. Producción asociada: Mac Lambrich. Producción general: Ángel Mahler – Leo Cifelli. Paseo La Plaza: sala Pablo Picasso. Estreno: 09/05/2018. Funciones: miércoles y jueves 20.00 hs, viernes 21.00 hs, sábados 20.00 y 22.00 hs, domingos 20.00 hs. 

Hemeroteca:

Guzmán, Oski, 2006. “Una visión del mundo” en Suplemento Radar en Página 12. Diciembre 17.

La ira de Narciso de Sergio Blanco

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La ira de Narciso de Sergio Blanco

En este comienzo de siglo XXI, la autoficción vuelve a activarse como una forma de resistir a este individualismo totalizador que termina formateando comportamientos y conductas aberrantes1

la ira de narcisoAzucena Ester Joffe

Para Sergio Blanco, escritor franco-uruguayo, es importante la escritura autoficcional porque si bien parte de un “yo” siempre es “para ir más allá de ese sí mismo, es decir, para poder ir hacia un otro”. De sus “autoficciones” se ha estrenado en nuestro país Tebas Land, en 2017. Con claro compromiso el autor escribió:

Desafortunadamente hacia finales del siglo XX, todos estos procesos de personalización [Gilles Lipovetsky] y esta cultura de sí mismo van a terminar cayendo en las garras perversas de las economías de mercado y de los medios masivos de comunicación que pervirtiendo el conocimiento de al que invitan estos procesos y culturas del yo, lo van a terminar llevando a un encierro ególatra y nauseabundo2.

Por lo tanto, el Narciso que nos presenta está atravesado por esta sociedad de consumo donde los medios masivos crean, entre otras cosas, una falsa felicidad. Poco tiene esta historia del mítico y bello Narciso.

Un relato en primera persona que es dicho a través del cuerpo y de la voz de Gerardo Otero. Quien se desplaza de manera perfecta y con naturalidad por los distintos registros. Tarea nada fácil, pues es construido por el actor y el hombre, por el autor y el conferencista. La historia va cruzando un presente, el de la representación y única certeza, con un pasado confuso en el que otras historias particulares parecen no articularse. No hay una clara unidad espacio-temporal, son espacios distintos que hacen inestable en el tiempo la narración dramática. Porque los personajes viven en un límite imposible de definir, como si esperaran que el final de la representación y de la muerte coincidieran en un punto. El hilo conductor, con esa inestabilidad y ciertos dobleces, es la estadía del autor antes de su conferencia, en la habitación 228 de un hotel en la ciudad de Liubliana, capital de Eslovenia, y sus encuentros desenfrenados con el joven actor de pornografía en el hotel y en el Parque Tivoli. En tanto, las manchas de sangre en la alfombra parecen adueñarse de su voluntad y no logra entender muy bien por qué no cambia de habitación. Un relato inquietante que, quizá, ganaría intensidad si fuera algo más breve; entre las citas amorosas y las conversaciones telefónicas con su madre enferma, entre las visitas al museo y su obsesión por los restos fósiles. Una extraña convivencia acechada por las marcas del atroz crimen cometido. En un recorrido laberíntico, el suspenso y la violencia se acrecientan, el discurso verbal y la temporalidad se confunden en una temática por todos conocidas: los miedos y las adicciones, la soledad y la angustia, la muerte y el futuro incierto.

La música, las proyecciones y la iluminación, junto a la escenografía terminan por crear el clima con el que intenta romper ese individualismo totalizador al que hace referencia Sergio Blanco. la ira de narciso 2

Ficha técnica: La ira de Narciso de Sergio Blanco. Actuación: Gerardo Otero. Asistencia de dirección: María García De Oteyza. Escenografía y vestuario: Gonzalo Córdoba Estévez. Iluminación: Ricardo Sica. Video: Francisco Castro Pizzo. Fotos gráfica: Sebastían Arpesella. Fotos escena: Leandro Otero. Diseño gráfico: El Fantasma De Heredia. Preparación física actoral: Vivi Iasparra. Prensa: Marisol Cambre. Producción: Maxime Seugé, Jonathan Zak. Dirección: Corina Fiorillo. Timbre4: sala México. Estreno: 01/03/2018. Duración: 75′. Funciones: jueves y viernes 20:30 hs.

2Idem

El avaro de Jean Baptiste Poquelín, Molière

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El avaro de Jean Baptiste Poquelín, Molière

Una mirada sobre la comicidad de los clásicosPRIMARIA-avaro3

Azucena Ester Joffe, María de los Angeles Sanz

La pieza del dramaturgo francés tenía en su construcción dos sentidos claros, entretener con la incorporación de los procedimientos de la Commedia dell’Arte, y hacer una crítica mordaz sobre una sociedad que le daba a lo material un sobre valor. La figura del personaje del avaro es entonces una imagen desmesurada de la ambición desmedida por el dinero o por las riquezas, muchas que provenían de la conquista y colonización de los territorios americanos. La dirección de Corina Fiorillo hace pasar el punto de vista sobre el primero de los sentidos mencionados, al poner en escena una textualidad alejada de todo prejuicio de solemnidad, y buscando con la música y la coreografía subrayar los diálogos de humor, aquellos que señalan la confusión y los enredos, dejando la crítica en un segundo plano. Ese punto de vista se lleva adelante sin olvidar la fidelidad al texto, sino acentuando ciertos momentos, ciertos diálogos sobre otros. En un espacio escénico que cuenta con un artefacto escenográfico que simula la casa del personaje, las entradas y salidas se dan desde allí y por fuera de él, a su alrededor; donde los actores se mueven en alto, el techo terraza desde proviene la música por momentos, y en bajo donde las pasiones se desarrollan a ras del piso. El vestuario rememora la época pero no se atiene naturalistamente a la fecha de su enunciado. Busca dar desde el afuera, una caracterización de la subjetividad de los personajes; brillante para Elisa, oscura para Harpagón, blanca para la casta Mariana. 000162224Las actuaciones acentúan ese tiempo de comedia ligera, y los personajes acentúan lo farsesco, lo grotesco de las situaciones. Es buena la caracterización de Antonio Grimau en la piel de Harpagón, y las de Silvina Bosco como Frosina y Iride Mokert como Elisa, los demás acompañan con oficio el trabajo que les corresponde, dando al grupo un tono armónico. Los músicos en escena son un condimento que apoya el recorrido de la pieza con gracia, y que como el resto de los procedimientos va dirigida al ritmo requerido por el sentido propuesto de comedia, a pesar de algunos apartes que tratan de acercar la problemática a nuestro tiempo. La música es original de Rony Kesselman y tiene en sus ejecutantes un muy buen desempeño. Al igual que es eficaz el trabajo coreográfico propuesto por Mecha Fernández, que logra una muy buena performance en el espacio escénico, que es dibujada por el cuerpo de los actores que se desplazan con fluidez por él. Un clásico en clave musical, una comedia que entretiene y es el respiro necesario para nuestro trajín cotidiano. La platea lo pasa muy bien y así lo demuestra con el aplauso al finalizar cada función.mazzarello-_pucheta-bosco

Ficha técnica: El avaro de Molière. Elenco: Antonio Grimau (Harpagón), Nelson Rueda (Cleanto), Iride Mokert (Elisa), Silvina Bosco (Frosina), Marcelo Mazzarello (Flecha), Julián Pucheta (Valerio), Edgardo Moreira (Anselmo), Maia Francia (Mariana), Nacho Vavassori (Maestro Santiago), Lisandro Fiks (contrabajo y guitarra), Hernán Lewkowicz (Merluza; acordeón y percusión), Martín Portela (Miajavena; trompeta y percusión), Mercedes Torre (Claudia; guitarra, cuatro y percusión). Coordinación de producción: María La Greca. Asistencia de dirección: Cecilia Acosta, Fernanda Machado. Asistencia artística: María Oteyza. Asistencia de escenografía y vestuario: Tatiana Mladineo, Luciana Peralta Bo. Diseño de sonido: Iván Grigoriev. Música original y dirección musical: Rony Keselman. Coreografía y asesoramiento corporal: Mecha Fernández. Iluminación: Ricardo Sica. Escenografía y vestuario: Gonzalo Córdova Estévez. Dirección: Corina Fiorillo. Teatro Regio. Estreno: 20/07/2017. Duración: 120′. Jueves (precio popular) a sábados 20.30 hs y domingos 20 hs.

Bibliografía:

Perinelli, Roberto, 2011. Apuntes sobre la historia del teatro occidental. Tomo 2. Buenos Aires: Instituto Nacional del Teatro. Colección Historia Teatral.

Tebas Land de Sergio Blanco

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Tebas Land de Sergio Blanco

GERARDO [lee]. Esfinge. En la mitología griega, la Esfinge era un monstruo de destrucción y mala suerte […] Fueron muchos los que fallaron en dar la solución, hasta que Edipo, el hijo olvidado de Layo y Yocasta que había sido abandonado por sus padres en otras tierras, llegó a Tebas del extranjero sin saber que estaba en la patria de sus padres, e interpretó correctamente el enigma…tebas land

Azucena Ester Joffe

La tragedia de Edipo continua siendo un punto de partida para la creación, y desde su título la obra, Tebas Land, aglutina varios sentidos. La escritura dramática de Sergio Blanco, dramaturgo franco-uruguayo, es profunda y polifónica -Dostoievski, Maupassant, Kafka, también Freud y Lacan, y logra concentrar en el asesinato del padre el punto de encuentro entre el pasado y el presente. En cada intersticio de esta “autoficción”, el mito de Edipo sobrevuela atravesando siglos de historia. No es una revisitación del clásico de Sófocles, Edipo Rey, pero sí nos acerca al Edipo, hijo de la fortuna (1967) de Pier Paolo Pasolini1. Porque en este último lo trágico, producto de una sociedad determinada, está en el individuo y este sujeto trágico, el parricida, es el que se construye en escena. La estructura del texto dramático está ordenada en cuatro cuartos y su prórroga o tiempo suplementario, como en un partido de básquet, en donde el arbitro no es un personaje sino que está omnipresente, como un sistema de vigilancia panóptico que nos incluye.

El joven Martín Santos -haciendo referencia a San Martín de Tours- ha crecido entre la dureza de algún barrio marginal y la violencia doméstica, apenas sabe leer y hoy su tiempo está detenido en la cárcel, interna y externa, que lo habita. Mientras, L. -en referencia a Lautaro- es un escritor famoso que vive en París y está obsesionado por la escritura de su obra teatral sobre el parricidio, tratando de tener en cuenta la ética moral y las posibilidades escénicas sin caer en golpes bajos y sin tomar una actitud discriminatoria. Los breves encuentros entre los dos hombres -el dramaturgo y el preso, con vivencias totalmente distintas, se producen en la prisión en los límites fijos de una pequeña cancha de básquet. Ellos son como las fuerzas que se atraen y se repelen, con algo de miedo, distanciamiento y de cierta violencia contenida, pero esa distancia se va acortando para establecer una relación más intensa y con momentos de seducción.

Al ingresar a la sala los espacios lúdicos están bien definidos, a un lado, el institucional con la doble cárcel -la cancha de básquet- y, por otro, el espacio casi íntimo para la creación.

Lautaro Perotti de manera perfecta le otorga a su criatura, L., la credibilidad necesaria para contarnos su experiencia; al romper la cuarta pared de forma convincente nos introduce en una “realidad” que es pura ficción. Un relato en primera persona se presenta como autobiográfico, sobre las idas y vueltas que tuvo que sortear, a nivel personal e institucional, para poder tener un acercamiento con el joven parricida. De este modo, la metateatralidad se plantea como un punto de fuga para poder acceder a un tema por demás escabroso. El escritor mide sus palabras y controla sus emociones intentando no involucrarse. Luego, realizará el casting necesario para encontrar al actor que le dará cuerpo y voz al recluso e irá construyendo su texto a partir de los encuentros en el presidio. Gerardo Otero de manera impecable y visceral construye a ambos jóvenes -Martín / Gerardo, con la ductilidad necesaria para pasar de una “realidad” a otra. En tanto Martín es un personaje complejo, su discurso verbal y corporal denota una vida difícil desde su tierna infancia. Hablar del juicio y de la reconstrucción del crimen lo atormenta porque lo ha sumido en una especie de limbo. Para la sociedad él es peligroso, para él la sociedad lo ha expulsado y hundido en un “tiempo muerto”. Gerardo, el actor, sin mucha experiencia y algo inseguro intentará ir moldeando al personaje a partir de los ensayos: la tragedia personal de otro joven que no conocerá. Apropiarse de dicho material no le será tarea fácil y se pregunta: ¿Edipo fue finalmente un parricida o tiene atenuantes por no saber que a quien asesinaba era su padre? ¿Martín (el recluso) es un parricida o fue legítima defensa su crimen? El contraste y la asimetría entre ambos seres –el condenado y el actor- es contundente.tebas land 2

La foto junto a su padre a los 10 años, las fotos del crimen, los informes médicos y forenses, el registro visual constante y las proyecciones en la pantalla duplican los puntos de vista, como recordándonos que siempre en cualquier imagen visual y/o auditiva hay un recorte, una mirada, una construcción, y deja instala la pregunta: ¿qué es real? Las coordenadas espacio temporales -jueves, viernes, la semana pasada, en el tren,…- nos anclan en un relato que nos deja sin aliento desde su inicio. La precisa iluminación recorta ambos espacios y de manera sutil envuelve a los personajes, a veces, dejando en penumbras al resto y, en otras, dejando en descubierto al público. Las ráfagas de humor, la canción de Sandro –Por ese palpitar / que tiene tu mirar / yo puedo presentir / que tu debes sufrir / igual que sufro yo / por esta situación / que nubla la razón / sin permitir pensar…– son también un punto de contacto y, en especial, de alivio para el espectador.

Tebas Land plantea un gran desafío: intentar ponerse en la piel del otro, no justificándolo sino dando cuenta que la violencia constitutiva de nuestra sociedad produce a estos “homicidas” que tienen quizá “la culpabilidad de la inocencia”. La dirección de Corina Fiorillo2 acepta el riesgo y pone en escena un hecho teatral sin fisura, donde las aristas pueden verse bajo el prima que cada uno elija. Por lo tanto, nos involucra y nos conmueve como sujeto espectador.

Ficha técnica: Tebas Land de Sergio Blanco. Dirección: Corina Fiorillo. Actúan: Gerardo Otero, Lautaro Perotti. Asistencia de dirección: María García De Oteyza. Escenografía: Gonzalo Córdoba Estévez. Asistente de Escenografía: Lull Peralta. Iluminación: Ricardo Sica. Asistencia de Iluminación: Lucía Feijóo. Prensa: Marisol Cambre. Fotografía: Fabián Pol. Coach de movimiento: Vivi Iasparra. Imagen gráfica: El fantasma de Heredia. Producción: Jonathan Zak y Maxime Seugé. Timbre 4: sala México. Estreno: 10/03/2017.

1 Pier Paolo Pasolini para su film se basó en Edipo rey y en Edipo en Colono de Sófocles.

2 Tomado de la gacetilla de Prensa: “Tebas Land está basada en el principio de la duda, del desnudo como criterio, de la dualidad como guía. Nuestro trabajo está enfocado en la cruda realidad de desnudar nuestros artificios teatrales para hacerlos reales. La obra tiene la complejidad de lo primitivamente sencillo, el origen de las cosas, la crueldad de la palabra sin artificio. Deseamos construirnos en nuestro propio ‘transcurrir’ con y sin artificios, con los dramaturgos finales que son los públicos en comunión con la puesta.”

Nerium Park de Josep María Miró

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Nerium Park de Josep María Miró

Un thriller político

Azucena Ester Joffe, María de los Ángeles Sanz

image003Una microhistoria, íntima le es funcional a Joseph María Miró para dar cuenta de un contexto singularmente siniestro, que habla del lugar de origen del dramaturgo, Barcelona, pero que en la actualidad nos interpela con toda su fuerza. Una joven pareja compra con un crédito de treinta años, un departamento dentro de un complejo alejado de la ciudad, donde son los únicos habitantes del lugar. Tras el stress de la mudanza todo parece promisorio, el amor, el trabajo, el futuro. Sin embargo, el amor y el futuro van a comenzar a depender de la estabilidad del trabajo, y cuando éste se pierda, en el caso del hombre de la casa, todo comenzará a convertirse en una pendiente peligrosa y el tono de comedia de un principio, sensación que describe y afirma la música de fondo, se vuelve un drama burgués con característica de thriller. La Sala de Timbre 4 a través de la muy buena dirección de Corina Fiorillo es utilizada en su máxima expresión, permitiendo que la escena y la extraescena se expandan hacia los cuatros puntos cardinales del espacio; hacia arriba en el hueco donde se refugia el personaje, Nacho, hacia atrás donde el campo se extiende hacia el parque, hacia los laterales donde la puerta permite entradas y salidas, o la escenografía que ilustra una casa que parece siempre en vías de ser hogar. Mientras la precisa iluminación recorta o extiende cada espacio privado que es atravesado y obturado por el espacio público. En el cruce de la realidad de las leyes de mercado, los despidos programados, y la inestabilidad económica, vemos el presente de dos personalidades diferentes que ni siquiera el amor, ni el futuro, pueden llevar a buen puerto. Nerium Park, foto de Fabián Pol 1Al correr de los meses, el deterioro de la pareja se hace cada vez más evidente, al mismo tiempo que el deterioro de la realidad económico – social que los acompaña. Nacho, es a pesar de las circunstancias una persona optimista, confiada, que cree en la humanidad, Victoria es su opuesto, tal vez el motivo de su atracción, a ella la gobierna el miedo, que tiene todas las caras posibles de lo imprevisto, porque Victoria le tiene miedo a la vida y a sus contrariedades, a sus contradicciones, parece la fuerte y la centrada, la que mantiene el lado racional de la relación, sin embargo, cuando todo parece derrumbarse vuelve al nido materno a pedir amparo, sin herramientas para defender la situación que la atraviesa. La textualidad dramática propone un duelo entre los personajes, que Paula Ransenberg y Claudio Tolcachir llevan adelante con mucho talento. De la mano de Corina Fiorillo los dos dan lo mejor de sí, haciendo sentir al espectador la energía que los atraviesa en esa confrontación de valores donde el amor está supeditado a lo contextual. Miró escribe el texto de Nerium Park en 2012, en plena crisis de la burbuja inmobiliaria en España, en un contexto de desahucios y suicidios, cuando el boom de construcciones comienza a deteriorarse ante el proceso de la pérdida de trabajo para muchos jóvenes que iniciaban una vida pensando en un sistema que de pronto los deja fuera del juego. Por eso, sus personajes, aún aquel sobre el se insinúa una actitud criminal, son víctimas de un proyecto que no los incluye pero donde ellos mismos deben jugar al gato y al ratón. El despedido, y el que se hace cargo de anunciar los despidos que otros programan, el que ya lo ha perdido todo y no se resigna a la venganza como último gesto de la dignidad perdida, pero que golpea no en el centro sino también en una víctima más. image013En la pirámide de una economía en quiebre, los de abajo siempre sostendrá el vértice, luchando pobres contra pobres por un espacio mínimo de oxígeno en un mundo que no diseñan y en él que no les queda, pareciera, más que aceptar las reglas impuestas. Una puesta potente, necesaria hoy para nosotros, porque nos habla a nosotros, que transitamos sin advertir los cantos de sirena por el mismo camino de desolación. Un hecho teatral intenso y sin fisuras, donde cada sistema significante sin subordinación encastra perfectamente. El aplauso sostenido del público y de la crítica le da la bienvenida a Nerium Park a la cartelera porteña.20160219080531-

Ficha técnica: Nerium Park de Josep María Miró. Actúan: Paula Ransenberg y Claudio Tolcachir. Asistencia de dirección: María García de Oteyza. Diseño de luces: Ricardo Sica. Adaptación de escenografía y vestuario: Gonzalo Córdoba Estevez. Fotografía: Fabián Pol. Realización de video: Nicolás Pol. Realización de prótesis: Carolina Scarinci. Realización de escenografía: Alberto Chuquichaico. Gráfica: Pauli Coton. Prensa: Carolina Alfonso. Producción: Máxime Seugé y Jonathan Zak. Dirección: Corina Fiorillo. Timbre 4: Sala México. Estreno: 08/05/2016. Duración: 75′

Síndrome de Amor de Mirian Martino

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Síndrome de Amor
de Mirian Martino
A partir de la canción de Víctor Heredia
Un compromiso de amor con los hijos y con la vida

Esa rara sensación de volverse a tocar
a pesar de la angustia y el tiempo
los volvió a recorrer con perfume de mar
y un aroma a ramitos de incienso. (V. Heredia)

11951230_1612014445715260_4774818873380802103_nAzucena Ester Joffe, Leticia V. Coseani

En el Teatro del Pueblo se presenta esta obra cuyo punto de partida es la canción Síndrome de amor, inspirada en un caso real: dos hombres deciden retomar el vínculo amoroso que los había unido cuando se enteran de que ambos habían contraído HIV. Pero entonces acuerdan trabajar desde una Institución ayudando a la prevención de la enfermedad: Sabe bien que se van, sabe que vendrán / almanaques con días prestados. Una propuesta teatral sumamente poética pues se compone de una esmerada selección de textos – poemas de García Lorca, Armando Tejada Gómez y de Miriam Martino – y de un conjunto de canciones [1] que construyen un clima especial, y para muchos también epocal . Una mixtura de sentidos hábilmente entrelazada que da cuenta de un relato de vida, de la sindrome dehistoria de la canción enriquecida por la incondicional mirada de sus correspondientes madres. Estructurada a través de diferentes bloques que ilustran las etapas del particular vínculo entre madre e hijo, los sueños que ellas proyectan y una realidad que aprenden a aceptar y a comprender, sostenida por el amor, la ternura y la esperanza. Dos excelentes actrices, Miriam Martino y Lidia Catalano, que saben como darle espesor a sus criaturas (a través de su mirada como madre pero también, por momentos, desde la voz de su hijo), con ductilidad, a partir del lenguaje verbal y corporal, construyen una corporalidad que nos incluye como mujeres y como individuos pertenecientes a una sociedad donde todavía quedan sectores que supuestamente “toleran a ese otro”. Nada más discriminatorio que considerar a otra persona como “ese otro”. La escritura escénica nos invita a transitar una experiencia enriquecedora a Síndrome de amor, foto 2 de Fabián Poltravés de la actuación y del canto logrando puntos altos de potencia, emoción y calidez. Una historia simple, íntima, relatada de forma maternal: dos pequeños que hay que acunar, dos niños que juegan por doquier, dos jóvenes que encuentran el verdadero amor y dos hombres que van moribundos de amor. En el amplio espacio escénico, casi despojado, la precisa iluminación va recortando y/o ampliando la escena según requiera la situación dramática, o bien en penumbras cuando el dolor es punzante o bien a plena luz cuando hay que rendirse ante el compromiso con la vida. Es interesante el tono del vestuario en color púrpura / morado, pues no sólo porque representaría la serenidad, lo mítico, lo ecléctico sino porque, en la actualidad, se utiliza para manifestar el orgullo de pertenecer al colectivo LGBT [2]. En la bandera que sus miembros comparten el púrpura está relacionado con el espíritu; por otro lado, ambos personajes Síndrome-de-amor-foto-4-de-Fabián-Pol-636x424femeninos le conceden a sus chales diferentes funciones; si uno es de color verde el otro es de color rojo, y no por casualidad estos colores forman parte también de dicha bandera – el verde: la naturaleza y el rojo: la vida. Desde el inicio, el dinamismo interno del relato focaliza nuestra atención y con momentos de mucho humor, por ejemplo ante la versión de Balada para un loco. Por último, como ya nos tiene acostumbrados, desde la dirección Corina Fiorillo sabe como darle al hecho escénico una intensidad poética a temáticas difíciles de abordar sin caer en lugares comunes. Cuatro mujeres y un equipo de profesionales que apuestan al amor y a la vida desde su pasión por la actividad teatral. Gracias por tan dulce lección y elección.

Ficha técnica: Síndrome de Amor de Miriam Martino (a partir de la canción de Víctor Heredia). Actúan: Lidia Catalano, Miriam Martino. Vestuario y Escenografía: Mercedes Di Benedetto. Realización Vestuario: Mariana Perez Cigoj. Coreografías: Mecha Fernandez. Música Original y Arreglos: Rony Keselman. Diseño de Iluminación: Soledad Ianni. Fotografía: Fabián Pol. Prensa: Carolina Alfonso. Producción ejecutiva: Claudio Santibáñez. Asistencia: Mercedes Di Benedetto. Dirección: Corina Fiorillo. Teatro Del Pueblo: Sala Somigliana. Duración: 52’. Estreno: 22/02/2015.

11037337_1594490287467676_7499147394723452025_n[1] Según gacetilla de Prensa: “Síndrome  de amor” de Víctor Heredia / “Papá Baltasar” de Homero Manzi y Sebastián Piana / “Oye niño” de Miguel Abuelo / “Maldición” de Armando V. Pinto y Alfredo Duarte / “Corazón maldito” de Violeta Parra / “Ojalá” (fragmento) de Silvio Rodríguez  / “Balada para un loco” de Astor Piazzola y Horacio Ferrer / “Mientras tanto” (fragmento) de Silvio Rodríguez / “De qué callada manera“  de Nicolás Guillen y Pablo Milanés / “No lo van a impedir” (fragmento) de Amaury Pérez  / ”Corazón libre” de Rafael Amor / “Danza” de Marilina Ross.

[2] La bandera LGBT o bandera del arcoíris —a veces denominada bandera de la libertad— ha sido utilizada como símbolo del orgullo gay y lésbico desde fines de los años 1970. Los diferentes colores simbolizan la diversidad en la comunidad LGBT y sus colores son utilizados a menudo en marchas por reclamos. Aunque nació en California, actualmente es utilizada en todo el mundo.La bandera del arcoíris fue popularizada en 1978 como símbolo del orgullo gay por su creador, Gilbert Baker, artista nacido en Kansas. La versión actual consiste en seis franjas de colores rojo, naranja, amarillo, verde, azul y violeta, que reproducen el orden de los colores del arcoíris. https://es.wikipedia.org/wiki/Bandera_LGBT [27/08/2015]

La sombra de un perfume de Susana Gutiérrez Posse

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La sombra de un perfume
de Susana Gutiérrez Posse

La mujer, que al amor no se asoma,
no merece, llamarse mujer.
Es cual flor, que no esparce su aroma
como un leño, que no sabe arder. [1]

Azucena Ester Joffe, María de los Ángeles Sanz

La-sombra-del-perfume.-660x330La dramaturga Gutiérrez Posse construye con su escritura un mundo femenino donde lo onírico, el sueño que se vive tanto de día como de noche, atraviesa a los personajes y sobre todo a uno de ellos: Candela. Un sueño común y tal vez único para las mujeres de un pequeño pueblo, Los Aromos, donde el lugar de lo secreto es exclusivo para ellas con un mandato de género que las oprime y las contiene al mismo tiempo, pero que las lleva indefectiblemente hacia la soledad o hacia la muerte. En esa constancia de años de ser siempre las segundas, las que van atrás de sus propios sueños, el abrazarse al tronco del Cedro y atravesar con él, la puerta de la vida, es un gesto de libertad inapropiado pero real y transgresor en la afirmación por fin de una presencia que necesita ser vista y oída por todos. La sociedad cubre con su mandato a una generación la de Capricho, Blanca y Candela, pero encuentra en Laurinda, un contendiente que puede y logra otra salida, otra forma de resistencia fuera de los contornos de esa cárcel privada. El amor prohibido, el amor ausente, la falta de amor, siempre el amor como universo para la mujer, en los la sombra de undiálogos, y en las canciones que se suceden a capella en las voces de las actrices, y que van componiendo un relato, que al principio deja muchos espacios horadados, pero que fragmentariamente va dejando caer las notas de una historia que pervive a pesar de pretender ser ignorada. El hombre, en la ambigüedad de los sentimientos de estas mujeres es el objeto de deseo, y a la vez el cosificador del cuerpo femenino, que bajo su mirada se transforma en una cosa que se toma y se deja con el desgano que aportan los años que apagan la pasión, para dejar paso a una dulce costumbre, como los scones. El espacio escenográfico se expande hacia delante y hacia atrás de su disposición en H, lo que permite al espectador ver y verse, mirar y ser mirado, mientras se suceden las secuencias, y la extraescena se hace presente por medio de las voces en off. Con movimientos, bruscos y desesperados, los de Candela, o suaves y felinos, los de Laurinda el lugar es recorrido coreográficamente en toda la dimensión posible. Los intrincados recovecos del alma femenina, su amor y la capacidad de odio que puede desarrollar cuando la venganza la transforma es también una manera de entablar diálogo con su complejidad, con la lucha interna que libra entre el deber ser y el deseo, entre la libertad y las paredes de su prisión. La violencia de género que no es sólo la del golpe, sino la de la indiferencia y la mentira, aquella que con su red de frases hechas, las que las canciones van naturalizando como verdaderas, se vuelve en una dulce trampa cuya salida puede ser la tragedia. En el reducido espacio lúdico se destaca la sombraun maniquí con el vestido de novia a la espera de un sueño inalcanzable, también observamos algunos tocados y elementos para realizar el tan soñado vestido para la novia de turno por Blanca. Mientras Capricho se dedica a maquillar a los muertos de manera artesanal para que sus familiares lo recuerden de la mejor forma; como si solo hubiese dos posibles caminos para las mujeres de la casa: el casamiento o la muerte. La constante referencia al Cedro, el personaje ausente, un espectro que debe cuidar que se cumpla el mandato patriarcal sobre las tres hermanas, formando un circulo cerrado y asfixiante mientras la joven aprendiz, Laurinda, es el personaje que irrumpe y rompe la aparente y frágil armonía. Cada actriz construye a su criatura con solvencia, de manera orgánica, y sin altibajos otorgándole al relato el ritmo y la intensidad dramática que requiere la historia. Si bien, la disposición del espacio lúdico permite que se expanda y nos involucre en todo momento, la precisa iluminación crea el clima intimo, confesional, donde la dolorosa soledad ha puesto en primer término la relación con el trabajo para cubrir los miedos y los verdaderos sentimientos femeninos. Por otro lado, el cuidadoso vestuario y los boleros a capela terminan por ubicarnos en un tiempo y espacio preciso. Un hecho teatral sin fisuras y de un acabado perfume a mujer.la-sombra-de-un-perfume3x2-650x0

Ficha técnica: La sombra de un perfume de Susana Gutiérrez Posse. Elenco: Belén Brito, Silvina Bosco, Ingrid Pellicori, Pochi Ducasse. Asistente de dirección: Juan Doumecq. Producción: TNC. Fotografía: Gustavo Gorrini. Mauricio Cáceres. Diseño gráfico: Verónica Duh, Ana Dulce Collados. Iluminación: Soledad Ianni. Escenografía y vestuario: Julieta Riso. Dirección: Corina Fiorillo. Teatro Nacional Cervantes. Duración: 60’. Estreno: 19/04/2015.

[1] Fragmento de Una mujer de Sandra Mihanovich