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El immitador de Demmóstenes de Diego Starosta

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El immitador de Demmóstenes de Diego Starosta

Conferencia teatral sobre textos de José Sánchez Sinisterra y Alain Badiou

Manifiesto para una génesis

starostaAzucena Ester Joffe, María de los Ángeles Sanz

El teatro y el actor, el espectador, el actor, y el vacío de la escena, difícil sostener el vacío que rodea al actor / personaje frente al espectador, un interrogante que nos lleva a Demóstenes y a su capacidad oratoria para mantener expectante al escucha, para sostener desde la palabra, la intensidad de expectación del posible auditorio. El actor en la tragedia entre la política y el teatro, es el mensajero de una interrelación sospechada por la mirada vigilante del Estado. También desde allí se nos lleva a Demóstenes, al político que defendía a Grecia frente al avance de Macedonia. Lo político teatral, la teatralidad en la política, no está nunca en un referente escurridizo y carente de verdad revelada sino en el cuerpo del actor que esgrime en escena las posibilidades de un texto que a través de él, se convierte en acontecimiento político. La conjunción de textualidades desde la dramaturgia de laboratorio (Sinisterra) y filosofía post-kantiana de Badiou, es el interrogante que dispara el cuerpo de Starosta hacia un espectador que sigue con interés creciente el caudal de ideas que como la marea se acercan y alejan de la playa escena hacia la platea, y surgen de un vacío escénico que exige de ese cuerpo la mayor tensión posible. El texto de Badiou es el puente entre la escritura del dramaturgo y del actor que va construyendo otro discurso posible desde el movimiento continuo de su cuerpo, desde la palabra, y desde una gestualidad que luego será restituida por ésta. En simultáneo, ese mundo de tiempo fragmentado que se maneja en el retorno hacia la entropía, aparece una pantalla simulada que va construyendo desde las imágenes un relato histórico de los últimos setenta años de la Argentina, desde Perón hasta Macri, en una cadena que teje a partir de los rostros y los cuerpos un discurso sin palabras que se basa en el vacío de las mismas pero que se reconstruye desde la memoria colectiva que nos habita. 000162678La máscara política y la máscara teatral se intercambian productivamente, mientras el cuerpo de Starosta nos dirige una conferencia sobre la teoría de los puntos necesarios de la política partidaria, y los del teatro. El Starosta director deja paso al personaje que se manifiesta en el espacio con una clase de cómo mantener la tensión de un cuerpo máquina, de cómo construir relato desde la gestualidad. Una primera parte donde el monólogo del dramaturgo español es pronunciado mientras el cuerpo / personaje recorre la escena y la llena con su sola presencia que está atravesada por maderas, que son no una escenografía contenedora sino una carrera de obstáculos a un recorrido que gira sobre sí mismo. Elementos, utilería, que será en sus manos materia prima para la producción del objeto necesario a la constitución del relato, a la continuidad de una reflexión que no cesa. Una teatralidad de interesante factura para llevar una disertación filosófica sobre el metier de la actuación y sus implicancias a escena, sin caer en los diálogos mayéuticos posibles. Del teatro que bucea en sus procedimientos a partir de los noventa como una constante en nuestra dramaturgia, Starosta, es un buscador, un investigador sobre la productividad de los procedimientos sin reiterarlos faltos de problematización, como una necesidad de efectismo escénico. Si las poéticas tienen siempre sus seguidores fervientes, en el centro de su corazón anidan aquellos que comienzan a interrogarse sobre las mismas, con el escarpelo de la filosofía. Este acontecimiento teatral, que excede cualquier categoría, tiene un intenso ritmo intrínseco que focaliza nuestra mirada desde su inicio. Una propuesta inteligente y polifónica que permite diferentes lecturas y nos interpela en tanto sujeto espectador que somos. Como lo expresa el creador de El Muererío Teatro en su “Manifiesto para una génesis”:

Es que no hay mejor texto que yo pueda abordar ahora. Ahora que es un tiempo de vacío en esta cultura de pobre materialidad. El vacío no es la nada, sino ausencia, y así es este ahora, que no es de nada sino de ausencia.

Ese vacío, esa ausencia, se multiplica en todos los planos de la cultura -no-actos aunque se actúe- porque se acciona (y se enuncia con desmesura) en un querer hacer desmesurado que atropella el presente. Es ésta una ausencia negativa, de falta.1000162680Ficha técnica: El immitador de Demmóstenes de Diego Starosta. Sobre textos de José Sanchis Sinisterra (Vacío y Presente) y Alain Badiou (Rapsodia para el teatro). Concepto y puesta en escena: Gonzalo Córdova, Diego Starosta y Diego Vainer. Actuación: Diego Starosta. Diseño gráfico: Mauro Oliver. Operación técnica: Felipe Mancilla. Asistencia de dirección y producción ejecutiva: Daniela Mena Salgado. Producción general: Compañía El Muererío Teatro / 2017. Espacio Teatral ElKafka. Estreno: 03/08/2017. Duración: 60′. Jueves 20:30 hs.

1Según programa de mano.

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Ay! Carmela de José Sanchis Sinisterra

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Ay! Carmela
de José Sanchis Sinisterra
Carmela y Paulino, variedades a lo fino

Azucena Ester Joffe, María de los Ángeles Sanz

000118358Haciendo honor a los personajes de la pieza de Sinisterra, cómicos y actores de la legua, que recorrían caminos, y que tenían que adaptarse a los más diversos escenarios y públicos, la escena porteña han recibido en esta etapa la mirada de referentes disímiles para dar encarnadura a los entrañables, Paulino y Carmela. Las que escriben han visto al menos tres versiones en los últimos años, cada una con su lectura y calidad interpretativa, sin que ninguna de ellas dejara de conmoverlas. Ésta de la mano de Elena Roger y Diego Mariani, bajo la dirección de José Luis Arellano, fiel al texto del dramaturgo español, con simplicidad en la escenografía y el vestuario, pero con una buena disposición espacial logra, a pesar de ya conocer la historia, emocionarnos con los personajes, conseguir la empatía buscada como efecto por una escritura que construye dos seres animados por todos los sentimientos encontrados que una lucha fraticida puede albergar. La guerra civil española, antesala de la otra gran contienda europea, tiene para el espectador de Buenos Aires, un correlato emocional muy fuerte. Hijos o nietos de inmigrantes españoles, algunos exiliados de aquellos años revueltos, sienten como una herida propia, lo que sucede en escena sin poder dejar de tomar partido por aquellos actores, no importa como se llamaran, pero que nos muestran como sobrevivir conservando la dignidad era una cuestión de vida o muerte y el contraste entre la razón y la pasión, paradojal en la vida de aquellos años. El teatro, el arte en general tiene bajo ese escenario una dimensión diferente; la performance de los dos personajes es el intento desesperado por lograr desde la ilusión, otra, la de sobrevivir a un estado de cosas que los envuelve a pesar de sí mismos. Tanto Elena Roger como Diego Mariani, logran un equilibrio entre la personalidad pasional de una Carmela 000118357que vuelve de la nada, y un Paulino racional que piensa antes de hablar porque en ello le va la vida. Sinisterra pone en la figura femenina de su Carmela cualidades maternales, que sufre por las madres que pierden sus hijos en esas tierras que la guerra ha convertido en extrañas para españoles y no españoles, y piensa como tal cuando decide no darles a esos pobres hijos una última humillación. Calor y frío, que en un abrazo que supera la vida, no dejará vivir con la conciencia tranquila a quien elige ser lo que se le pide que sea. Sin embargo, en la mirada del autor, y la dirección así lo comprende hay ternura por ese Paulino, que no puede aunque quiera sacar como una estocada, su cuota de coraje. En él siente piedad por tantos otros, actores de la legua o no que para vivir recorrieron los caminos sinuosos que se tejían entre la vida y la muerte. Debemos recordar que esta obra es la segunda de la Trilogía conocida como “El escenario vacío” [1] – Ñaque o de piojos y actores (1980), ¡Ay, Carmela!, (1987) y El cerco de Leningrado (1994) , en las tres obras sus personajes transitan por un escenario con los mínimos elementos. En esta puesta en escena, en particular, los dos protagonistas – artistas de variete – oscilan claramente entre la ternura y lo patético, entre la ironía y el humor. En el amplio escenario de El Picadero se materializa el recorrido por nuestra memoria colectiva, entre el presente de la historia (1938) y el recuerdo de aquella velada trágica. Desde la intensidad de la dramaturgia, a través de estos pares de opuestos, la ficción nos interpela y la perfecta dupla de actores termina por cerrar un texto segundo sin fisuras.0012665733

Ficha técnica: Ay Carmela! de José Sanchis Sinisterra. Elenco: Elena Roger, Diego Mariani. Dirección: José Luis Arellano. Director Residente: Edgardo Millán. Diseño de Escenografía: Juan Kayser. Diseño de Vestuario: Rosa García Andujar. Supervisión de Vestuario: Julio César Fernández / Matías Bogni. Diseño de Luces: Gonzalo Córdova. Diseño de Sonido: Rodrigo Lavecchia. Videoescena: Pedro Sánchez / Gabriel Piñero. Banda Sonora: David Peralto /Alberto Granados/ Carlos Diez. Campaña Publicitaria: protto+esnaola. Prensa y Comunicación: Varas & Otero. Producción Ejecutiva: Sebastián Arcos. Dirección de Producción: Mariana Correa. Producción de Gira: Juan María de Urquiza, Marcelo Ricci. Producción General: Elena Roger & Diego Mariani. Teatro El Picadero. Duración:… Estreno: 18/05/2015.

[1] Gabriela borona, 2002. “José Sanchis Sinisterra: Hoy la palabra no dice, sino que hace. No muestra, sino que oculta” en Edición Especial Picadero. Año 2 Nº 6. Buenos Aires: Instituto Nacional del Teatro: 42.