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El mar de noche de Santiago Loza

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El mar de noche de Santiago Loza

Quien con sus ojos ha visto a la Belleza ya está entregado a la muerte (T. Mann)

mar de nocheAzucena Ester Joffe

La particular escritura dramática de Santiago Loza nos ubica en un tiempo pausado, en el último y doloroso recuerdo, de un hombre en la penumbra de su habitación de hotel. Un presente que desaparece ante la soledad, el desamor y la agonía; es su última noche y no se atreve a olvidar; es el momento en el cual el protagonista es dicho por su pasado, por los recuerdos que a cada instante duelen más mientras el ruido constante del mar parece deglutirlo. Un texto poético que tuvo como inspiración dos obras literarias. Por un lado, De profundis (1897) de Oscar Wilde, considerado el texto más íntimo del autor, la larga epístola que escribió desde la cárcel de Reading a su amante Lord Alfred Douglas. Y, por otro, la novela corta Muerte en Venecia (1912) de Thomas Mann y la adaptación de Luchino Visconti en el film homónimo (1971) el compositor Von Aschenban viaja a Venecia para superar su severa depresión, allí conoce y se enamora del joven Tadzio, de tan sólo 14 años.mardenoche1

La escritura escénica de Guillermo Cacace profundiza ese relato en primera persona y nos instala, como en la secuencia final del film: cuando ese hombre mayor parece reconocer en el joven a la Muerte en el preciso instante anterior a lo inevitable –sentando en la playa Von Aschenban observa a Tadzio, quien después de penetrar en el mar se da vuelta y lo señala. La intensidad del trabajo actoral de Luis Machín le otorga a su personaje la textura perfecta, a partir de su rostro, su forma de mirar, y de los matices de su voz pues el cuerpo no le pertenece, es un cuerpo tullido y casi sin movilidad. La potencia del actor nos devuelve un rostro sin el “otro”, un rostro sin reclamos y sin vacío, es el rostro del pasado y de lo íntimo, porque el presente y lo público ya no existen. En el centro del despojado espacio escénico sólo él sentado en el sillón que contiene su dolor, el resto en penumbras; así cada palabra, silencio y/o mirada tiene su peso específico. El relato inacabado de la intimidad dolorosa y angustiante, como una pulsión interior, nos atrapa desde su inicio y no hay modo de desviar nuestra mirada ya que nos hundimos en la acabada mixtura de lo exterior y de lo interior. El protagonista es un hombre demacrado y enfermo, pero la dolencia que lo atormenta más es la de una relación amorosa que lo ha sumido en la total desolación. El personaje, a medida que es dicho por su ayer, se va convirtiendo en el “viajero” que espera la Muerte, ese otro ser espectral que está omnipresente, y nos involucra en su viaje final por un mar infinito que nos es vedado. El acertado vestuario, por un lado, y la precisa iluminación que subsume el espacio lúdico a la mínima expresión, por otro, terminan por construir el clima efímero y de vigilia que requiere la situación dramática. El mar de noche es el unipersonal donde el dolor y la decadencia, física y espiritual, se construyen claramente a partir de un rostro y de una voz: Luis Machín.

Ficha técnica: El mar de noche de Santiago Loza. Con: Luis Machín. Dirección: Guillermo Cacace. Diseño de vestuario: Magda Banach. Diseño espacial: Alberto Albelda. Diseño de iluminación: David Seldes. Asistente de iluminación: Estefanía Piotrkowski. Diseño sonoro: Patricia Casares. Diseño gráfico: Leandro Ibarra. Fotografía: Alejandra López. Prensa y difusión: Carolina Alfonso. Asistencia de dirección: Gastón Re. Producción comercial: Marcelo Riva. Dirección de producción: Romina Chepe. Apacheta Sala Estudio. Estreno: 28/04/2017. Duración: 60′.

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María Merlino, una actriz y sus personajes

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María Merlino, una actriz y sus personajes

Nada del amor me produce envidia de Santiago Loza

¿Cómo vuelvo? Basada en cuentos de Hebe Uhart

Azucena Ester Joffe, María de los Ángeles Sanz

Las dos puestas están dirigidas con talento y creatividad por Diego Lerman. El director logra que la actriz en un espacio contenedor de su subjetividad se exprese con sutilezas, y componga imágenes de belleza inusual. En ambos espacios íntimos, con muy pocos elementos, las historias particulares son atravesadas por el espacio público, y la intensidad de los relatos focaliza nuestra mirada desde su inicio. Cada obra tiene un ritmo intrínseco y sostenido que fluye naturalmente hasta clausurar un hecho teatral sin fisuras.

urlMelodrama musical

En Nada del amor me produce envidia, María Merlino se encarna en la piel de la modista enfrentada al destino, ya hace algunos años y cada vez su interpretación va ganando en sutilezas. La manera entre firme y delicada conque construye al personaje, que nos presenta su vida en el momento exacto de una disyuntiva fundamental que la tendrá por primera vez como única protagonista, es excelente. Luego sabremos que ese personaje vuelve una y otra vez de una memoria ida, de un pasado al que sin embargo, como sociedad debemos una y otra vez volver, para entender, para entendernos. Porque lo que plantea Loza y transmite con talento la Merlino, es una metáfora del país: dos bandos, y la posibilidad de tomar partido por uno, jugarse como se dice, o intentar una salida por el medio, sin comprometerse con ninguno. Salida que inevitablemente nos llevará a quemarnos en el fuego de la historia. Porque salir de la disyuntiva tiene como consecuencia el sacrificio. La clase media, trabajadora, profesional, con poca conciencia de clase, intenta en un país que desde su nacimiento vive dividido, crecer apolíticamente, sin pisar el barro, sin sentirse demasiado bien ni con unos ni con otros. Admirando a lo que cree la élite, pero subyugada por el poder, siempre. Pero además Loza también en lo privado de ese cuarto de costura, nos habla de género, de la sublime tentación de una mujer común, de tomar una decisión que la aleje de convenciones y convicciones ajenas. La modista ya nos ha dicho como su vida se resume a lo que los demás decidan, ella sólo acompaña, y cuando por fin decide por sí, uno puede pensar por miedo a tomar una decisión trascendente, lo hace contra toda lógica y a pura pasión, igual que las letras de los tangos que entona con maestría. Necesita finalmente, ella también, un final heroico. La dirección sin embargo, quiere que nos llevemos la dulzura de su voz inmortal, tan parecida a la otra, a la de su admirada Libertad, y la mirada final es una canción desde una identidad que transforma el famoso vestido del cuento. unnamed5

Ficha técnica: Nada del amor me produce envidia de Santiago Loza. Actriz: María Merlino. Dirección y Puesta en escena: Diego Lerman. Música: Sandra Baylac. Iluminación: Fernanda Balcells. Escenografía: Flor de un Día. Diseño de vestuario: Valentina Bari. Asistente de vestuario: Lili Piekar. Realización de vestuario: Carmen Montecalvo. Realización tela vestido final: Martín Sal. Asistente de sala: Celeste Morchio. Producción: Flor de un día. Asistente de producción: Julián Gómez. Fotografía: María Sureda. Diseño gráfico: Malena Castanón. Producción en gira: Luz Algranti. Prensa y difusión: Caro Alfonso. Teatro Santos 4040. Séptima temporada, reestreno: 01/04/2017. Duración: 60′.

urlLeyenda campestre de una maestra errante

Mujeres comunes en una actriz fuera de lo común, que en ¿Cómo vuelvo? narra fragmentos de la vida de una maestra rural, hija de una maestra que llegó a ser directora de escuela, y de la cuál heredó una vocación para la educación y la enseñanza a partir de su interés en el conocimiento. Sin embargo, no se ubica, es decir, su manera de ver la forma de expandir saber no encaja en una escuela pública que se rige por la disciplina y la repetición de datos. Ella busca llegar a sus especiales alumnos de otra manera, sin conseguir eco suficiente para que se la considere más allá de reconocer su “voluntad” para el trabajo. El trabajo con la iluminación es fundamental en las dos obras pero sobre todo en esta última de la mano de Iván Glerasinchuk y Miranda de Sá Souza, donde desde la profundidad del escenario avanza la figura del personaje hacia proscenio entonando una vidala que hace aún más mágico el momento. En un espacio escénico que a partir de los audiovisuales nos lleva por diferentes geografías las que atraviesa la maestra en su recuerdo. Hebe Uhart, en sus relatos construye personajes que deambulan por sus vidas con ojos de turistas, ven los rincones que recorren, su casa, su barrio, su país o países otros a los que los ligan saudades de inmigrantes, con una mirada de viajero: pero no de cualquiera sino de uno que intenta profundizar su mirada en aquello que no se ve a simple vista, hasta que este mundo y el otro se parezca o se naturalicen. Así la maestra rural, intenta en cada suplencia, en cada pase a otro escenario escolar, naturalizar su mirada al entorno para sentirse ubicada, en situación, no desentonar, sin lograrlo en ninguna parte.unnamed

Ficha técnica: ¿Cómo vuelvo? Basada en cuentos de Hebe Uhart. Adaptación teatral e intérprete: María Merlino. Banda sonora: Carmen Baliero. Dirección y Puesta en escena: Diego Lerman. Producción: Flor de un día. Co-Productores: Nicolás Avruj – Diego Lerman. Iluminación: Iván Gierasinchuk – Miranda de Sá Souza. Vestuario: Valentina Bari. Asistente de vestuario: Lili Piekar. Realización de vestuario: Carmen Montecalvo. Maquillaje y peinado: Jorge Palacios. Escenografía: Diego Lerman. Realización escenográfica: Duilio Della Pittima. Asistentes de sala: Julián Gómez – Celeste Morchio. Coach boleadoras: Leonardo Santander. Asistente de producción: Josefina Galeano. Ayudantes de producción: Federico Quintana. Video: Diego Lerman – Ivan Gierasinchuk. Post producción de video: Josefina Castillo Carrillo – Alejo Saravia. Coordinación de post producción: Carolina Juskoff. Dibujos: Milo y Renata Lerman Merlino. Diseño gráfico: Malena Castañón Gortari. Prensa y difusión: Carolina Alfonso. Producción en gira: Luz Algranti. Teatro Santos 4040. Tercera temporada, reestreno: 08/04/2017. Duración: 60′.

 

Un gesto en común de Santiago Loza

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Un gesto en común de Santiago Loza

Azucena Ester Joffe, María de los Ángeles Sanz

UN GESTO EN COMUN 1Un espacio sórdido, por debajo del nivel de la vida cotidiana, un sótano lugar ideal para guardar historias que se debaten en el secreto, el ocultamiento de una verdad. Un crimen que parece no importarle a nadie, y tres seres que guardan el gesto común del amor, aunque alguno aún no lo sepa de manera consciente. En el Abasto Social Club, la dirección de Maruja Bustamante nos enfrenta a los cuerpos de tres personajes que buscan a partir de la palabra, y del diálogo reflexivo llegar a alguna encrucijada que les permite permanecer juntos. El texto de Loza, por demás literario1, apuesta a la enunciación de los hechos, que se narran hasta el mínimo detalle, sin pensar en las acciones y proponiendo situaciones verbales más que físicas. Las muy buenas actuaciones logran componer el alma de estos seres que poseen cada uno un universo inconfesable fuera de esas cuatro paredes, para otros oídos que no sean los que conforman el triángulo de sus presencias. La fe y el amor, el bien y el mal, el dolor por el abandono y la necesidad de no aferrarse a nada ni a nadie, se convierten en el centro del punto de vista, más allá de que el punto de partida sea un crimen; que pasa así sólo a ser el disparador para que tres criaturas que se necesitan se encuentren en el laberinto de reconocerse en el otro, tan cargado con luces y sombras como todos. El espacio delimitado por una escalera que comunica con la vida, es un acierto de la puesta, que necesitaba para un relato íntimo un lugar mínimo. El tejido del relato se hace acción en forma triangular, donde la presencia de la mujer se convierte en centro o en punto equidistante entre los dos hombres, que aprenderán que el amor y el espanto tiene muchas mas aristas de las que se atreven a reconocer. Un trabajo donde la palabra guarda un peso trascendente en los encuentros personales que conforman su estructura y donde los silencios parecen poblados de relatos que aunque obturados se expresan en gestos, miradas, detalles que también construyen discurso. La religión como redención, como reparación de las heridas que el mundo produce más que sólo como un acto de fe o un interrogante sobre el origen, es una temática que aparece en las textualidades del dramaturgo recurrentemente. Santiago Loza como autor tiene en este momento otras dos de sus obras en escena, y Maruja Bustamante como directora no se detiene en su camino de dar vida al relato de historias propias y ajenas. Una conjunción que se hace teatro a través de la mirada de los actores sobre el texto que los constituye, y la mirada del espectador que espera la develación de una intriga que fragmentada, horadada pone en un punto crucial a esas criaturas que sin saberlo han tejido un entramado donde cada uno de ellos es una pieza fundamental.

UN GESTO 2

Ficha técnica: Un gesto en común de Santiago Loza. Elenco: Diego Martín Benedetto, Iride Mockert y José Escobar. Asistente de dirección: Juan Francisco Dasso. Fotografía: Nora Lezano. Dirección: Maruja Bustamante. Producción: Nicolás Capeluto. Abasto Social Club.

“No tengo una confianza pura en mi escritura y entonces necesito de otro lenguaje que la auxilie, el cine o el teatro. Me sigue preocupando la palabra, como espectador o como persona que escribe.  Me cuesta, cuando veo teatro o cine, aceptar que se use un coloquial bastardo. No me interesan las cosas tal cual son. No me interesa esa reproducción. Necesito que lo que se escribe tenga un valor literario. Yo no voy a escribir un texto si no me genera un problema, si no responde a un dolor, a una necesidad. Necesito que la escritura me ponga en crisis permanentemente” (Extraído de la entrevista que se le hizo al dramaturgo en Blog Teatro, febrero 2012)