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El bramido de Düsseldorf de Sergio Blanco

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Temporada Internacional CTBA Uruguay [III]

El bramido de Düsseldorf de Sergio Blanco

Mi arte es una ficción real, no es mi vida pero tampoco es mentira. (Sophie Calle)1

Azucena Ester Joffe, María de los Ángeles Sanz

yLr1PhON9JMyxCZ4YS47El bramido de Düsseldorf es otra de las obras de Uruguay que se presentan en la Temporada 2018 del CTBA. Durante cuarto días de Agosto tuvimos la oportunidad de ver la tercera autoficción, estrenada en nuestro país, del dramaturgo y director franco-uruguayo, Sergio Blanco. Con claros guiños a sus obras anteriores, Tebas Land2 y La ira de Narciso3, nos introduce en una temática que se desplaza del espacio privado al público.

Paneles blancos rodeando el espacio escénico que dan la sensación aséptica de los muros de una habitación de hospital y al mismo tiempo cumplirán la función de enormes pantallas, donde frases que nos ubican en la temática, y la estructura de la pieza serán enunciadas, y donde además las imágenes de la criminalidad se harán presentes. Escenografía minimalista que sólo contiene los elementos necesarios para el desarrollo de la intriga, y sendos micrófonos que funcionarán en la ruptura de la cuarta pared desde un principio, y en la forma de entrada y salida de los actores de sus personajes en complicidad con los espectadores. Una puesta metatetral, de autoficción4: una manera de “autobiografía” que contiene, como todas, el uso de una memoria selectiva que construye el relato como una ficción de nuestra propia vida. Punto central de la puesta, la relación del padre con su hijo escritor, de este con la enfermedad de su padre, y de una relación metafórica entre la muerte simbólica del parricidio, a los asesinatos seriales de un famoso criminal alemán: Peter Kürten -El vampiro de Düsseldorf​, y los campos de concentración de la Segunda Guerra Mundial. De esa situación la aparición de una apostasía, la del personaje de su condición cristiana, a la búsqueda de ser aceptado en el judaísmo. Es decir de la religión del hijo, a la del padre; pero como un deseo trunco por la negativa del rabino. La muerte como principio y destino de la vida, en la presencia de otro hijo que elige el suicidio para resolver el problema de su relación parental, esta vez con su madre. Los dos actores y la actriz llevan adelante todos los personajes que aparecen en la memoria del hijo, y que van construyendo ese discurso único que se ofrece en escena con la ambigüedad entre lo cierto y lo incierto. Blanco juega con los límites de la teatralidad, y con el concepto de verdad; todo es un imaginario de lo relativo, de la mirada individual de cada personaje. Tan incierto y azaroso es el relato, que al mismo tiempo del nacimiento de alguien, el padre, se desata la Segunda Guerra Mundial, y se crea una de las películas emblemáticas de Disney: Bambi. Otra metáfora a nivel planetario, la vida y la muerte como una cinta de moebius, coincidiendo y volviendo sobre sus pasos para lograr la construcción y la deconstrucción de lo instituido. E23PWyidd8NsvwsUSsfp

Ficha técnica: El bramido de Düsseldorf de Sergio Blanco. Elenco: Gustavo Saffores, Walter Rey, Soledad Frugone. Coordinación de producción (CTBA) Galo Ontivero. Asistencia de dirección (CTBA) Daniela Sitnisky, Julián Castro, Celeste Faillace. Producción técnica (CTBA) Emilia Martínez Domina. Producción y distribución: Matilde López Espesandin. Asistencia artística: Juan Martín Scabino. Preparación vocal: Sara Sabah. Preparación de bajo: Nicolás Román. Video Arte: Miguel Grompone. Sonido: Fernando “Tato” Castro. Escenografía, vestuario, e iluminación: Laura Leifert y Sebastián Marrero. Dirección: Sergio Blanco. Teatro San Martín: sala Casacuberta. Duración: 100’. Funciones: jueves 16, viernes 17, sábado 18 y domingo 19 a las 20.30 hs

En cooperación entre el Complejo Teatral de Buenos Aires (CTBA) y el Instituto Nacional de Artes Escénicas de Uruguay (INAE) – Dirección Nacional de Cultura Uruguay

1 Sergio Blanco en La autoficción: una ingeniería del yo. https://wp.nyu.edu/gsas-revistatemporales/la-autoficcion-una-ingenieria-del-yo/ [27/08/2018]

4 “De hecho, el neologismo mismo de autoficción es creado e inventado por Serge Doubrovsky en estos años cuando en 1970 lo utiliza por primera vez en uno de sus manuscritos borradores llamado Le Monstre que más tarde, en 1977, se transformará en su célebre novela Fils. En una escena que pasa en el automóvil del narrador luego de su sesión de psicoanálisis, este piensa que a partir de sus sueños podría escribir una ficción y que podría hacerlo allí mismo al volante de su auto, y entonces dice: “Si escribo en mi automóvil, mi autobiografía será mi AUTO-FICCION”. Esta frase es la que le va a conferir a Doubrovsky la paternidad del término, pero obviamente no la paternidad del género literario.” https://wp.nyu.edu/gsas-revistatemporales/la-autoficcion-una-ingenieria-del-yo/ [27/08/2018]

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La ira de Narciso de Sergio Blanco

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La ira de Narciso de Sergio Blanco

En este comienzo de siglo XXI, la autoficción vuelve a activarse como una forma de resistir a este individualismo totalizador que termina formateando comportamientos y conductas aberrantes1

la ira de narcisoAzucena Ester Joffe

Para Sergio Blanco, escritor franco-uruguayo, es importante la escritura autoficcional porque si bien parte de un “yo” siempre es “para ir más allá de ese sí mismo, es decir, para poder ir hacia un otro”. De sus “autoficciones” se ha estrenado en nuestro país Tebas Land, en 2017. Con claro compromiso el autor escribió:

Desafortunadamente hacia finales del siglo XX, todos estos procesos de personalización [Gilles Lipovetsky] y esta cultura de sí mismo van a terminar cayendo en las garras perversas de las economías de mercado y de los medios masivos de comunicación que pervirtiendo el conocimiento de al que invitan estos procesos y culturas del yo, lo van a terminar llevando a un encierro ególatra y nauseabundo2.

Por lo tanto, el Narciso que nos presenta está atravesado por esta sociedad de consumo donde los medios masivos crean, entre otras cosas, una falsa felicidad. Poco tiene esta historia del mítico y bello Narciso.

Un relato en primera persona que es dicho a través del cuerpo y de la voz de Gerardo Otero. Quien se desplaza de manera perfecta y con naturalidad por los distintos registros. Tarea nada fácil, pues es construido por el actor y el hombre, por el autor y el conferencista. La historia va cruzando un presente, el de la representación y única certeza, con un pasado confuso en el que otras historias particulares parecen no articularse. No hay una clara unidad espacio-temporal, son espacios distintos que hacen inestable en el tiempo la narración dramática. Porque los personajes viven en un límite imposible de definir, como si esperaran que el final de la representación y de la muerte coincidieran en un punto. El hilo conductor, con esa inestabilidad y ciertos dobleces, es la estadía del autor antes de su conferencia, en la habitación 228 de un hotel en la ciudad de Liubliana, capital de Eslovenia, y sus encuentros desenfrenados con el joven actor de pornografía en el hotel y en el Parque Tivoli. En tanto, las manchas de sangre en la alfombra parecen adueñarse de su voluntad y no logra entender muy bien por qué no cambia de habitación. Un relato inquietante que, quizá, ganaría intensidad si fuera algo más breve; entre las citas amorosas y las conversaciones telefónicas con su madre enferma, entre las visitas al museo y su obsesión por los restos fósiles. Una extraña convivencia acechada por las marcas del atroz crimen cometido. En un recorrido laberíntico, el suspenso y la violencia se acrecientan, el discurso verbal y la temporalidad se confunden en una temática por todos conocidas: los miedos y las adicciones, la soledad y la angustia, la muerte y el futuro incierto.

La música, las proyecciones y la iluminación, junto a la escenografía terminan por crear el clima con el que intenta romper ese individualismo totalizador al que hace referencia Sergio Blanco. la ira de narciso 2

Ficha técnica: La ira de Narciso de Sergio Blanco. Actuación: Gerardo Otero. Asistencia de dirección: María García De Oteyza. Escenografía y vestuario: Gonzalo Córdoba Estévez. Iluminación: Ricardo Sica. Video: Francisco Castro Pizzo. Fotos gráfica: Sebastían Arpesella. Fotos escena: Leandro Otero. Diseño gráfico: El Fantasma De Heredia. Preparación física actoral: Vivi Iasparra. Prensa: Marisol Cambre. Producción: Maxime Seugé, Jonathan Zak. Dirección: Corina Fiorillo. Timbre4: sala México. Estreno: 01/03/2018. Duración: 75′. Funciones: jueves y viernes 20:30 hs.

2Idem

Tebas Land de Sergio Blanco

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Tebas Land de Sergio Blanco

GERARDO [lee]. Esfinge. En la mitología griega, la Esfinge era un monstruo de destrucción y mala suerte […] Fueron muchos los que fallaron en dar la solución, hasta que Edipo, el hijo olvidado de Layo y Yocasta que había sido abandonado por sus padres en otras tierras, llegó a Tebas del extranjero sin saber que estaba en la patria de sus padres, e interpretó correctamente el enigma…tebas land

Azucena Ester Joffe

La tragedia de Edipo continua siendo un punto de partida para la creación, y desde su título la obra, Tebas Land, aglutina varios sentidos. La escritura dramática de Sergio Blanco, dramaturgo franco-uruguayo, es profunda y polifónica -Dostoievski, Maupassant, Kafka, también Freud y Lacan, y logra concentrar en el asesinato del padre el punto de encuentro entre el pasado y el presente. En cada intersticio de esta “autoficción”, el mito de Edipo sobrevuela atravesando siglos de historia. No es una revisitación del clásico de Sófocles, Edipo Rey, pero sí nos acerca al Edipo, hijo de la fortuna (1967) de Pier Paolo Pasolini1. Porque en este último lo trágico, producto de una sociedad determinada, está en el individuo y este sujeto trágico, el parricida, es el que se construye en escena. La estructura del texto dramático está ordenada en cuatro cuartos y su prórroga o tiempo suplementario, como en un partido de básquet, en donde el arbitro no es un personaje sino que está omnipresente, como un sistema de vigilancia panóptico que nos incluye.

El joven Martín Santos -haciendo referencia a San Martín de Tours- ha crecido entre la dureza de algún barrio marginal y la violencia doméstica, apenas sabe leer y hoy su tiempo está detenido en la cárcel, interna y externa, que lo habita. Mientras, L. -en referencia a Lautaro- es un escritor famoso que vive en París y está obsesionado por la escritura de su obra teatral sobre el parricidio, tratando de tener en cuenta la ética moral y las posibilidades escénicas sin caer en golpes bajos y sin tomar una actitud discriminatoria. Los breves encuentros entre los dos hombres -el dramaturgo y el preso, con vivencias totalmente distintas, se producen en la prisión en los límites fijos de una pequeña cancha de básquet. Ellos son como las fuerzas que se atraen y se repelen, con algo de miedo, distanciamiento y de cierta violencia contenida, pero esa distancia se va acortando para establecer una relación más intensa y con momentos de seducción.

Al ingresar a la sala los espacios lúdicos están bien definidos, a un lado, el institucional con la doble cárcel -la cancha de básquet- y, por otro, el espacio casi íntimo para la creación.

Lautaro Perotti de manera perfecta le otorga a su criatura, L., la credibilidad necesaria para contarnos su experiencia; al romper la cuarta pared de forma convincente nos introduce en una “realidad” que es pura ficción. Un relato en primera persona se presenta como autobiográfico, sobre las idas y vueltas que tuvo que sortear, a nivel personal e institucional, para poder tener un acercamiento con el joven parricida. De este modo, la metateatralidad se plantea como un punto de fuga para poder acceder a un tema por demás escabroso. El escritor mide sus palabras y controla sus emociones intentando no involucrarse. Luego, realizará el casting necesario para encontrar al actor que le dará cuerpo y voz al recluso e irá construyendo su texto a partir de los encuentros en el presidio. Gerardo Otero de manera impecable y visceral construye a ambos jóvenes -Martín / Gerardo, con la ductilidad necesaria para pasar de una “realidad” a otra. En tanto Martín es un personaje complejo, su discurso verbal y corporal denota una vida difícil desde su tierna infancia. Hablar del juicio y de la reconstrucción del crimen lo atormenta porque lo ha sumido en una especie de limbo. Para la sociedad él es peligroso, para él la sociedad lo ha expulsado y hundido en un “tiempo muerto”. Gerardo, el actor, sin mucha experiencia y algo inseguro intentará ir moldeando al personaje a partir de los ensayos: la tragedia personal de otro joven que no conocerá. Apropiarse de dicho material no le será tarea fácil y se pregunta: ¿Edipo fue finalmente un parricida o tiene atenuantes por no saber que a quien asesinaba era su padre? ¿Martín (el recluso) es un parricida o fue legítima defensa su crimen? El contraste y la asimetría entre ambos seres –el condenado y el actor- es contundente.tebas land 2

La foto junto a su padre a los 10 años, las fotos del crimen, los informes médicos y forenses, el registro visual constante y las proyecciones en la pantalla duplican los puntos de vista, como recordándonos que siempre en cualquier imagen visual y/o auditiva hay un recorte, una mirada, una construcción, y deja instala la pregunta: ¿qué es real? Las coordenadas espacio temporales -jueves, viernes, la semana pasada, en el tren,…- nos anclan en un relato que nos deja sin aliento desde su inicio. La precisa iluminación recorta ambos espacios y de manera sutil envuelve a los personajes, a veces, dejando en penumbras al resto y, en otras, dejando en descubierto al público. Las ráfagas de humor, la canción de Sandro –Por ese palpitar / que tiene tu mirar / yo puedo presentir / que tu debes sufrir / igual que sufro yo / por esta situación / que nubla la razón / sin permitir pensar…– son también un punto de contacto y, en especial, de alivio para el espectador.

Tebas Land plantea un gran desafío: intentar ponerse en la piel del otro, no justificándolo sino dando cuenta que la violencia constitutiva de nuestra sociedad produce a estos “homicidas” que tienen quizá “la culpabilidad de la inocencia”. La dirección de Corina Fiorillo2 acepta el riesgo y pone en escena un hecho teatral sin fisura, donde las aristas pueden verse bajo el prima que cada uno elija. Por lo tanto, nos involucra y nos conmueve como sujeto espectador.

Ficha técnica: Tebas Land de Sergio Blanco. Dirección: Corina Fiorillo. Actúan: Gerardo Otero, Lautaro Perotti. Asistencia de dirección: María García De Oteyza. Escenografía: Gonzalo Córdoba Estévez. Asistente de Escenografía: Lull Peralta. Iluminación: Ricardo Sica. Asistencia de Iluminación: Lucía Feijóo. Prensa: Marisol Cambre. Fotografía: Fabián Pol. Coach de movimiento: Vivi Iasparra. Imagen gráfica: El fantasma de Heredia. Producción: Jonathan Zak y Maxime Seugé. Timbre 4: sala México. Estreno: 10/03/2017.

1 Pier Paolo Pasolini para su film se basó en Edipo rey y en Edipo en Colono de Sófocles.

2 Tomado de la gacetilla de Prensa: “Tebas Land está basada en el principio de la duda, del desnudo como criterio, de la dualidad como guía. Nuestro trabajo está enfocado en la cruda realidad de desnudar nuestros artificios teatrales para hacerlos reales. La obra tiene la complejidad de lo primitivamente sencillo, el origen de las cosas, la crueldad de la palabra sin artificio. Deseamos construirnos en nuestro propio ‘transcurrir’ con y sin artificios, con los dramaturgos finales que son los públicos en comunión con la puesta.”