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Artaud. Dirección de Sergio Boris

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Artaud

Dirección de Sergio Boris

Todo acto en escena será cruel. Y esta noción de la acción extrema conducida a sus límites últimos deberá dinamizar al teatro (A. Artaud)

artaud00137116Azucena Ester Joffe, María de los Ángeles Sanz

El teatro de la crueldad, una manera de concebir la escena alejada de la práctica burguesa del teatro, una teatralidad feroz y descarnada capaz de dar cuenta cabal de la inhumanidad y de la falsía del poder, de la lucha entre los hombres, de la convivencia entre los desposeídos de un lugar, los desclasados, y el teatro como peste que expande a todos esa verdad a gritos. Dice Artaud: “No considero de urgencia asumir la defensa de una cultura que jamás rescató al hombre de la pesada carga del hambre ni de la permanente preocupación de vivir mejor. Creo sí que lo es obtener de ella ideas acerca de la tremenda fuerza vital característica del hambre” (A. Artaud, 2002, 7). Los personajes que sobreviven en los bajos de un hospital neuropsiquiátrico, ¿el Moyano? Tienen cada uno de ellos una historia y una relación que hace que la convivencia no sea sólo una casualidad. Todos ven en ese espacio desangelado el lugar de la posible salvación porque el afuera con su oferta de carnaval tiene para ellos el olor y el sabor del peligro inminente. Enfermos, administrativos y médicos, tres estratos de una escala social que destruida convive en ese espacio del infierno, donde se reúne la suciedad, la enfermedad, el amor, el deseo, el hambre en todo el marco posible de sus significados. Hambre del que llena el estómago aunque sea con migajas robadas, y el otro el que se necesita para llenar el alma y evitar el naufragio, aunque el agua parezca llegar al cuello.

Se ha extraviado una clara idea del teatro. Y mientras éste se limite a mostrarnos insignificantes escenas íntimas en la existencia de ciertos fantoches, transformando al público en voyeur, no será extraño que las mayorías se aparten de él y busquen en el cine, el music – hall o el circo, satisfacciones violentas de claras intenciones. (A. Artaud, 2002, 75)

11954767_593111804160628_5791206010085166292_nSin metáforas tranquilizadoras, ni eufemismos posibles, sin poesía, la puesta de Boris nos pone como en otras de sus obras ante la fiereza de la realidad, y de la crueldad de las acciones sobre los individuos. Artaud se estrenó, en el 2015, dentro del marco del Ciclo Invocaciones y el punto de partida, según la convocatoria, debería ser que “a través de los escritos no dramáticos, los textos de teoría, las biografías y cartas, los directores contemporáneos iniciarán un contacto con ese cuerpo de ideas, esa liturgia poderosa que estos hoy fantasmas dejaron”1. Su director tiene una clara y crítica postura en cuanto a la categoría de texto dramático y/o dramaturgia, y escribió sobre el proceso de creación:

[…] quisimos escapar de toda referencialidad. No quisimos desde el vamos hablar sobre Artaud. Sólo robamos ciertos signos de su vida, motivados por las cartas que le escribió al médico desde el psiquiátrico, y empezamos a zapar, a improvisar, a desarrollar vínculos, el entre. Incluso bebimos en las fuentes venenosas de Louis Ferdinand Céline con su Viaje al fin de la noche. Céline y Artaud contemporáneos entre sí y franceses los dos2.

Una escritura escénica compleja y oscura, que hurga y plantea con algo de humor corrosivo un tema tan difícil de tratar. En el espacio escénico solo restos de lo que fue, un lúgubre manicomio, y que se transformó en una playa de estacionamiento donde sobrevuela el especto del psiquiátrico. En primer plano, a un lado, un baño tapado y donde intentan defecar algunos de estos “especiales” personajes. Al otro lado, la precaria oficina y la vieja heladera como resabio del electroshock, más atrás un cuartito donde todo pareciera estar permitido. Solo quedan los tirantes para contener a estos seres que han quedados atrapados en la precariedad de la vida, entre las ansias de algo de poder, la necesidad del amor y la pérdida de la noción de realidad. Cinco personajes que sienten el temor por la policía que lo vigilan constantemente. Porque ellos están en los bordes de lo que la sociedad considera lucidez o demencia -el doctor Nacho, la enfermera Marta, los ex internos Cesar y Fabio, la empleada del salón de fiesta Moni. Un relato provocador que nos ubican en nuestra capital y nos recuerda la indiscriminada represión e inexplicable demolición del taller que la policía Metropolitana llevó adelante, en el 2013, en el Hospital Borda3. Las imágenes visuales y auditivas son clausuradas de manera perfecta por la iluminación y el sonido. Y, el acertado vestuario termina por darle textura a estas criaturas. Cinco actores que de manera acabada le ponen el cuerpo y habitan este espacio devastador. Mientras repiten algunas frases y dejan al descubierto el peso especifico de los silencios, de lo no dicho, que retumba entre esas paredes que ya no existen.

artaud000126205Ficha técnica: Artaud. Actores: Diego Cremonesi, Pablo De Nito, Elvira Oneto, Verónica Schneck y Rafael Solano. Dirección: Sergio Boris. Asistencia de Dirección: Adrián Silver. Producción Ejecutiva: Laura Santos y Clara Fortín. Escenografía y realización: Ariel Vaccaro. Iluminación: Matías Sendón. Vestuario: Magda Banach. Diseño Sonoro: Carmen Baliero. Técnico de Sonido: Diego Quiroz. Fotografía: Ariel Feldman. Reestreno: Teatro Beckett. artaud

Ciclo Invocaciones: Concepto y curaduría: Mercedes Halfon. Producción general: Carolina Martín Ferro. Coordinación: Mercedes Halfon y Carolina Martín Ferro.

Bibliografía:

Artaud, Antonin, 2002. El teatro y su doble. Buenos Aires: Retórica Ediciones.

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