Marietta amarga de Patricia Suárez

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Marietta amarga de

Patricia Suárez

Cuando arrecia la violencia

Mariángeles Sanz

sanzm897@yahoo.com

Un espacio, el campo, lo habitan inmigrantes italianos, familias que se conocen desde su país natal y buscan reunir en una sola la fortuna de cada uno a través de los casamientos de conveniencia. La dramaturgia de Patricia Suárez nos presenta en un principio una situación de violencia familiar donde el hombre es el apaleado por su mujer, Marietta; pero al minuto vemos a sus padres donde intuimos una relación donde el padre tiene a la madre de Rubino, el infeliz marido, anulada en su personalidad, asustada y temerosa y muda.

El contraste entre una Marietta furiosa que mantiene a raya a su “marido” para que no consuma el matrimonio, y la figura de Iride la madre sometida, es una fotografía del pasado que no quiere ser repetido. Porque Marietta fue a la boda sin consentimiento ni deseo, de Iride sólo sabemos que acata los mandatos sociales y religiosos, y obedece sin chistar. Los consejos de familiares  hombres, obedecen al prejuicio sobre el lugar que la mujer debe ocupar en lo público y en lo privado, para que el varón conserve su carácter y no sea el hazmerreír de todos.

Un matrimonio sin amor, un amor sin matrimonio, un casamiento por conveniencia, relaciones familiares que intervienen sin saber del todo el devenir de los acontecimientos, conforman un cuadro costumbrista en cuanto al género, en el vestuario y el espacio elegido, y un tiempo otro, cuando la inmigración era una presencia activa en los campos argentinos, aún en su faz anarquista. Una temática trabajada desde todos los lugares posibles, desde la intencionalidad desde la escena de implantar en la cabeza de los espectadores el proyecto liberal de la generación del 80, Florencio Sánchez y “La gringa”, o de marcar las diferencias entre campo y ciudad que propuso en vis de comedia Nicolás Granada en “¡Al campo!”.

Patricia Suárez retoma el género, pero lo atraviesa con el presente, con la posibilidad de la mujer de afirmar su deseo, -no es que aprobemos la violencia- en contraposición a la violencia ejercida sobre el cuerpo y la voz de Iride, a su silencio forzado, encubierto en un dolor de muelas eterno. El final será una sorpresa, y así quedará en mi escritura. Sólo diré que del tejido primario la dramaturga elige una punta inesperada para respetar una lógica causal que la poética exige.

Muy buenas las actuaciones, en la construcción de los estereotipos propuestos, italianos inmigrantes en el interior del país, desde la gestualidad, y la corporalidad. Bien elegido el vestuario que sitúa las acciones a principios del siglo pasado. La dirección cuidó los detalles que hicieran verosímil los diálogos, que en su entramado invitan a la risa a través de la confusión, uno de los recursos del género chico. Una propuesta que entre – tiene, con simplicidad aparente, pero que invita a pensar en el nudo gordiano donde nace la raíz de las diferentes formas de violencia, la familia.

Ficha técnica: “Marietta amarga” de Patricia Suárez. Elenco: Irene Almus, Anahí Gadda, Tony Lestingi, Claudio Martínez Bel, Marcelo Mazzarello, Juan Andrés Romanazzi. Producción TNC: Leandro Fernández. Asistencia de dirección: Nadia Crosa. Música: Florencia Albarracín. Iluminación: Agnese Lozupone. Vestuario: Alejandro Mateo. Escenografía: Carlos Di Pasquo. Dirección: Sandra Franzen. TNC – online. Duración: 38 minutos.

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