Archivo de la categoría: Teatro e Historia

La Voluntad. Teatro a distancia de Eva Halac

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La Voluntad. Teatro a distancia de Eva Halac

Trabajé con mi experiencia de cruce entre actores y servidores públicos, entre civilizados y bárbaros, con los malentendidos que surgen de la distancia entre las ideas y las personas, entre las consignas y los hechos, entre todas aquellas situaciones donde parece haber agua al final de cada espejisismo1. (E. Halac)

000177978Azucena Ester Joffe, María de los Ángeles Sanz

En el espacio tradicional del picadero del circo, la música nos recibe de la mano de dos guitarreros vestidos de gaucho, ambiente pampero, siglo XIX, momento crucial para la conquista del Desierto y la consolidación del Estado Nacional por la ya legendaria generación del ochenta. Roca su gobierno y la campaña contra el indígena que lo catapulta a la primera magistratura. Contexto de una historia mínima, que es metáfora de una que se transformará en la historia libresca, el relato de Mitre. La necesidad de eliminar al diferente para poder pertenecer a la civilización occidental y cristiana, pero con el sueño de estar buscando lo propio. En ese punto imaginario, Eva Halac nos cuenta una anécdota posible entre actores sociales reales: un comandante de avanzada, un sargento, un cabo, un desertor, y una compañía regenteada por una francesa cosmopolita2 que representa toda la cultura que nos falta, y que queremos adquirir a costa de la vida de lo otro. Frontera de la patria, el margen entre lo propio y lo ajeno; se festeja un 25 de mayo, y la compañía elige a Shakespeare, para hablar del honor de ganar batalla por batalla, la gloria por la voluntad de buscarla. Lo que significa triunfar sin importar el valor de lo conseguido, construcción de identidad. Si el territorio es interesante, o no, poco importa sino el valor lo da, el triunfo conseguido, la cabeza en la pica del enemigo. La peste, la viruela, y una mascarada: la religión, como consuelo y castigo. El espacio guarda la distancia entre el poder circunstancial del militar a cargo, y el real de la representante de la cultura que se anhela, mientras en el medio la llegada del presidente, marca un hito fundamental que da sentido a la vida y a la muerte en ese rincón del abandono. Los indios, fantasmas de sí mismos, ya no son problema. Pero si lo es, nos dice Halac la intervención del extranjero que atraviesa nuestras maneras y nos saca con sus buenos modales, la dignidad de una decisión libre de presiones. 000177981

El teatro y su gran mascarada, convierte en farsa la tragedia, y con el recurso de la metateatralidad el texto impone su mirada de desamparo ante la realidad. Los personajes cargan con un peso específico diferente, que nivela para abajo en la figura del comandante y hace sobresalir a la mujer que tiene sobre sí, la cultura y la civilización de muchos pueblos. La puesta se basa en la palabra, en el encuentro personal entre ambos, contienda que dejará inerte a lo propio, herido literalmente. ¿Quién esa mujer que parece conocer el mundo entero? Tal vez el imaginario de esa Argentina que se quiere construir eliminando los materiales de la tierra, ignorando lo real concreto, o directamente aniquilándolo. Con el diario del lunes, sabemos que esa idea será triunfante en una sociedad que se niega a sí misma y que se constituye con los valores que les ofrecen a muy alto costo, el de la identidad. Las actuaciones trabajan en dicotomía, con la memoria de aquellos actores de la legua, que de la mano de los circos y sus giras, traían a los pueblos su arte, los gauchos3; que se enfrentan a la técnica que la actriz propone para el falso paso que darán todos; la dirección logra armonizar ambas, en una teatralidad que hace evidente que todo, lo real y lo imaginado, es una gran puesta en escena. Un trabajo interesante que cuida el detalle epocal desde el vestuario, y desde la construcción de una manera de ver y sentir el tema de la lealtad, la pasión, la patria, en el momento crucial, que tras el avance de lo europeo está a punto de una transformación fundamental. La Campaña al Desierto no sólo exterminó a un actor social como el indio, para profundizar la grieta entre la civilización y la barbarie, sino que produjo la marginalidad de aquel que funcionó como instrumento de la decisión del poder: los gauchos. 000177985

Ficha técnica: La voluntad. Teatro a distancia de Eva Halac. Elenco: Actores Músicos: Mucio Manchini (Comandante), Catherine Biquard (Señora), Martín Caminos (Sargento Sosa), Leandro Cóccaro (José Vázquez), Martín Rebechi (Padre Benítez/Cabo Nuñez), Julián Martínez (Thomas/Bartolo), César Nigro (Soldado Músico 1), Martín Rodríguez (Soldado Músico 2). Diseño de escenografía y vestuario: Micaela Sleigh. Asistencia escenográfica: Agustina Fernández Poblet. Asistencia de vestuario: Josefina Minond. Realización escenografía: Gustavo Di Sarro. Diseño de iluminación: Carolina Rabenstein. Diseño gráfico: María Forni. Entrenamiento de actores: Fabián Caero. Asistencia General: Lailén Álvarez. Producción ejecutiva: Marina Kriczuck. Dirección musical: César Nigro. Dirección general y puesta en escena: Hernán Márquez. Prensa: Silvina Pizarro. Teatro Santos 4040. Estreno en Bs. As: 07/04/2018. Duración: 70’. Funciones: sábados 18 hs.

1Programa de mano

2Eva Halac aclara en el programa de mano que se inspiró en las giras hacia el Sur que hizo la actriz Sarah Bernhardt en tiempos de la llamada Campaña al Desierto. El concepto de “desierto” fue el eufemismo que se utilizó para dar tabla rasa a toda una población indeseable, un otro marginal que debía ser eliminado para construir ese país imaginado como civilizado a la europea.

3La gauchesca nace como género popular en las carpas del circo, de la mano de los Hermanos Podestá, parteros de las nuevas compañías criollas, tras la devastación que se había producido luego de la caída de Rosas, por decisión política, ante el avance de la inmigración y la llegada de numerosas compañías extranjeras de todas las nacionalidades. Ante esa apertura es que la gran Sara Bernhardt llega al puerto de Buenos Aires y ante el miedo a la Peste se dirige hacia el Sur. Un sur designado como desierto pero que en realidad está plagado de hombres, mujeres, que defiende hasta el último aliento su territorio, su vida.

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Esa niña de María Lucila Quarleri

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Esa niña de María Lucila Quarleri

(Volveré y seré millones)

esa niña 1Azucena Ester Joffe, María de los Ángeles Sanz

Hay dos niveles de ruptura en la puesta de Esa niña, el primero la mirada de una mujer que no pertenece a la clase obrera, una oligarca de vida desteñida, que admira y odia a la figura de quien de la zona más oscura para su pensamiento brilla con una luz que no se apaga. El otro nivel es desde la estructura de la puesta, que nos propone un muy interesante quiebre de la cuarta pared. No sólo desde el monólogo fragmentado del personaje que nos interpela desde su pregnancia en escena y desde la palabra; sino desde ese ventanal que abre la propuesta a la calle, al espectador desprevenido, que se detiene como ante una pantalla de televisión en un escaparate, y se sorprende porque alguien actúa tras un vidrio para él también. La puesta, puente entre el afuera y el adentro, nos obliga a mirar también como voyeurs a los personajes / personas que se detienen, pispean con desconfianza o pudor, o se entregan mansamente a lo que ven y miran con descaro; mientras que adentro el espectador propiamente dicho, se ríe de ese otro espectáculo que distrae y a la vez complementa lo que sucede en escena. La actriz, Maia Lancioni, juega con su cuerpo en desequilibrio, a convertirse en una muñeca que será la testigo de esa niña que luego como mujer socavará los cimientos de su clase, y lo hace con maestría; acompañada por una escenografía que en la acumulación de objetos muestra la contradicción, en esa mesa construida de tazas de porcelana, aparece la opulencia y el vacío de una vida que no guarda ningún sentido. Su ropa de seda y gasa, su gestualidad, y su voz de mando cuando le reclame a Teresa, la sirvienta, una presencia que se le hace indispensable, son rasgos distintivos de su ser que aparece sólo en la apariencia, y en un legado, el apellido, el paterno y el de un matrimonio de conveniencia que también se convertirá en un significante sin significado. es niñaLa voz en off, recupera los discursos de una Eva en sus diferentes momentos, una presencia que aparece desde un comienzo en el quiebre del personaje, que expresa su linaje pero se peina como aquella que detesta. Ambas, la señora y la niña que luego será inmortal, se funden en una época que las marcará para siempre, y forjará un cambio en un camino histórico que para la primera y su entorno parecía intocable. Nada será igual después de esa niña, y ella lo sabe desde siempre; eso la lleva a decir: “hay que matarla ahora, antes que crezca”. Una puesta distinta que nos presenta en un espejo cóncavo nuestra imagen duplicada en el afuera, y nos hace reflexionar en la figura esperpéntica de la señora, en nuestra mirada sobre la impronta de una historia, de una mujer, de una niña, que a pesar de sus detractores cambio el curso de todos, y puso a lo femenino en un primer plano negado hasta entonces, a pesar de las luchas incesantes de las mujeres que buscaron tener voz y decisión en lo político. Un protagonismo que nos permite hoy tomar decisiones, estar y ser dentro de un campo vedado, siempre peligroso, en pugna continua, donde Eva sigue siendo es el referente más potente de todos. esa niña 3

Ficha técnica: Esa niña de María Lucila Quarleri. Actriz: Maia Lancioni. Supervisión de texto: Camila Mansilla, Maruja Bustamante y Eugenia Pérez Tomas. Diseño de escenografía y vestuario: Maricel Aguirre. Diseño de luces: Lucía Feijoó. Diseñadora gráfica: Estefanía Borges. Fotografía: Hersilia Alvarez. Producción: Marina Kryzczuk. Colaboración en producción: Natalia Carmen Casielles. Dirección: María Lucila Quarleri. El Camarín de las Musas. Estreno: 26/01/2018. Duración: 40. Función: viernes 22:45 hs.

Isabel de Guevara. La Carta Silenciada de Alicia Muñoz

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Isabel de Guevara. La Carta Silenciada de Alicia Muñoz

El revés de la historia, tan pocas veces contada

El mundo femenino en la conquista de América

000158197Azucena Ester Joffe, María de los Ángeles Sanz

El Teatro del Pueblo, es el ámbito para el despliegue de un relato que no tiene registro en los manuales de historia, tal vez para que no cunda el mal ejemplo. Tres mujeres talentosas van a dar cuenta de una cuarta, que la historia oficial, como a tantas, trató de invisibilizar durante siglos: Alicia Muñoz desde la composición de una dramaturgia que extrae sus materiales de una carta1 y de las crónicas de Indias; Mónica Villa, la actriz que pone su cuerpo a disposición para que el personaje crezca y nos conmueva; y María Esther Fernández bajo cuya dirección el trabajo se constituye con armonía y belleza. Las tres en la conformación de una subjetividad la de Isabel de Guevara y su carta silenciada porque la destinataria, otra mujer, Doña Juana de España, Juana la Loca, ya había muerto un año antes del requerido encuentro epistolar, tras cuarenta y seis años de reclusión en el Castillo de Tordesillas. Mujeres, historias de sujetos femeninos que a brazo partido lucharon por una memoria que las incluyera o que simplemente las dejara ser quien ellas eran. En un escenario despojado, solo un pequeño tablado a muy pocos centímetros del suelo, el cuerpo de Isabel de Guevara se presenta a sí misma y dialoga con aquella que cree pueda resolver todos sus problemas y las injusticias a las que se ve expuesta en estas tierras americanas que tantas decepciones le han causado. Vestida con un traje de raso verde que la destaca del entorno por siempre en su calidad de española, mujer blanca y cristiana, relata los trabajos pasados desde su embarque en el barco de Juan Osorio, a quien la envidia termina convirtiendo en víctima de la ambición del adelantado, Pedro de Mendoza. Pero será la relación con la tierra, y con sus legítimos dueños y los pesares causados por el intento desafortunado de fundar una ciudad, la que unirá al relato de lo personal en lo colectivo. Nosotras las mujeres, llevamos adelante todo aquello que los hombres deberían hacer sin poder lograrlo, por su mala condición de salud, acuciados por el hambre y el instinto salvaje de su propia vida que para defenderla no dudaron en acudir al canibalismo, narrará la firmante de la carta. Justicia reclama Isabel en la voz de la Villa, y es Isabel la que vemos en escena, con su coraje, en los dos sentidos del término: valentía para decir lo que haga falta, y el malestar la bronca que le produce y no puede callar tanto sometimiento a un plan que no incluye ni agradece su heroísmo. Su cuerpo que crece en el personaje está además cubierto con un vestuario que nos dará hacia el final un acto de magia que nos devuelve a la inocente joven antes de su viaje, y la actriz de ese momento de sorpresa también sabe extraer los condimentos para hacer más interesante su monólogo. Todo se aúna: música, luz, verbo, en un documento que se expresa y nos devuelve un instante de nuestra historia, de aquella que también nos constituyó con el tiempo en una entidad nacional, en una identidad heterogénea pero presente en todos nuestros actos. De aquellos barros, vienen estos lodos, y somos así, argentinos:

A Buenos Aires la fundaron dos veces
a mi me fundaron dieciséis
ustedes han visto cuántos tatarabuelos tiene uno
yo acuso siete españoles seis criollos y tres franceses
el partido termina así
combinado hispanoargentino 13 franceses 3
suerte que los franceses en principe son franceses
si no qué haría yo tan español
nací por fín hermanos
en esta dulce amarga picante insípida tierra argentina … (
Cesar Fernández Moreno, 1967)

Ficha técnica: Isabel de Guevara. La carta silenciada de Alicia Muñoz. Actúan: Mónica Villa. Diseño de iluminación: Pablo Curto. Diseño y realización de vestuario: Pablo Battaglia. Diseño de peinado: César Rajoy. Asistencia técnica y sonido: Juan Elías Ranieri. Fotografía: Dolores Nougués. Video: Agustin Bruzzese. Asistente de dirección: Guadalupe Berrino. Dirección: María Esther Fernández. Teatro del Pueblo: sala Teatro Abierto

Bibliografía:

Fernández Moreno, César, 1967. Argentino hasta la muerte. Buenos Aires: Colección Indice Poesía.

Carta de Isabel de Guevara a la princesa gobernadora doña Juana exponiendo los trabajos hechos en el descubrimiento y conquista del Río de la Plata por las mujeres para ayudar a los hombres, y pidiendo repartimiento para su marido, Asunción, 2 de julio de 1556 [1]

Muy alta y poderosa señora:

A esta probinçia del Rio de la Plata, con el primer gobernador Della, don Pedro de Mendoça, avemos  venido çiertas mugeres, entre las quales a querido mi ventura que fuese yo la una; y como la arma llegase al puerto de Buenos Ayres, con mill é quinientos hombres, y les faltase el bastimento, fue tamaña el hambre, que, á cabo de tres meses, murieron los mill; esta hambre fue tamaña, que ni la de Xerusalen se le puede ygualar, ni con otra nenguna se puede comparar. Vinieron los hombres en tanta flaqueza, que todos los travajos cargaban de las pobres mugeres, ansi en lavarles las ropas, como en curarles, hazerles de comer lo poco que tenian, alimpiarlos, hazer sentinela, rondar los fuegos, armar las ballestas, quando algunas vezes los yndios les venian á dar guerra, hasta cometer á poner fuego en los versos, y á levantar los soldados, los questavan para hello, dar arma por el canpo á bozes, sargenteando y poniendo en orden los soldados; porque en este tienpo, como las mugeres nos sustentamos con poca comida, no aviamos caydo en tanta flaqueza como los hombres. Bien creer· V.A. que fue tanta la solicitud que tuvieron, que, si no fuera por ellas, todos fueran acabados; y si no fuera por la honrra de los hombres, muchas más cosas escriviera con verdad y los diera á ellos por testigos. Esta relaçión bien creo que la escrivirán á V. A. más largamente, y por eso sesaré.

Pasada esta tan peligrosa turbunada, determinaron subir el rio arriba, asi, flacos como estavan y en entrada de ynvierno, en dos vergantines, los pocos que quedaron viuos, y las fatigadas mugeres los curavan y los miravan y les guisauan la comida, trayendo la leña á cuestas de fuera del navio, y animandolos con palabras varoniles, que no se dexasen morir, que prestodarian en tierra de comida, metiendolos á cuestas en los vergantines, con tanto amor como si fueran sus propios hijos. Y como llegamos á una generación de yndios que se llaman tinbues, señores de mucho pescado, de nuevo los serviamos en buscarles diversos modos de guisados, porque no les diese en rostro el pescado, á cabsa que lo comian sin pan y estavan muy flacos.

Despues, determinaron subir el Parana arriba, en demanda de bastimento, en el qual viaje, pasaron tanto trabajo las desdichadas mugeres, que milagrosamente quiso Dios que biviesen por ver que hen ellas estava la vida dellos; porque todos los serviçios del navio los tomavan hellas tan á pechos, que se tenia por afrentada la que menos hazia que otra, serviendo de marear la vela y gouernar el navio y sondar de proa y tomar el remo al soldado que no podia bogar y esgotar el navio, y poniendo por delante á los soldados que no desanimasen, que para los hombres heran los trabajos: verdad es, que á estas cosas hellas no heran apremiadas, ni las hazian de obligación ni las obligaua, si solamente la caridad. Ansi llegaron a esta çiudad de la Asunción, que avnque agora esta muy fértil de bastimentos, entonçes estaua dellos muy neçesitada, que fué necesario que las mugeres bolviesen de nuevo á sus trabajos, haziendo rosas con sus propias manos, rosando y carpiendo y senbrando y recogendo el bastimento, sin ayuda de nadie, hasta tanto que los soldados guareçieron de sus flaquezas y començaron á señorear la tierra y alquerir yndios y yndias de su serviçio, hasta ponerse en el estado en que agora está la tierra.

E querido escrevir esto y traer á la memoria de V.A., para hazerle saber la yngratitud que comigo se a usado en esta tierra, porque al presente se repartio por la mayor parte de los ay en ella, ansi de los antiguos como de los modernos, sin que de mi y de mis trabajos se tuviesen nenguna memoria, y me dexaron de fuera, sin me dar yndio ni nengun genero de serviçio. Mucho me quisiera hallar libre, para me yr á presentar delante de V.A., con los serviçios que á S.M. e hecho y los agravios que agora se me hazen; mas no está en mi mano, porque questoy casada con un caballero de Sevilla, que se llama Pedro d`Esquiuel, que, por servir á S. M., a sido cabsa que mis trabajos quedasen tan olvidados y se me renovasen de nuevo, porque tres vezes le saqué el cuchillo de la garganta, como allá V.A. sabrá. A que suplico mande me sea dado mi repartimiento perpétuo, y en gratificaçión de mis serviçios mande que sea proveido mi marido de algun cargo, conforme á la calidad de su persona; pues él, de su parte, por sus servicios lo merece. Nuestro Señor acreçiente su Real vida y estado por mui largos años. Desta çibdad de la Asunción y de jullio 2, 1556 años.

Serbidora de V.A. que sus reales manos besa

Doña Ysabel de Guevara

[1] Carta publicada por  Jiménez de la Espada, Cartas de Indias, imprenta de Manuel G. Hernández, Madrid, 1877. Ha sido reproducida en: http://americas.sas.ac.uk/publications/docs/genero_segunda1_Guevara.pdf

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