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Isabel de Guevara. La Carta Silenciada de Alicia Muñoz

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Isabel de Guevara. La Carta Silenciada de Alicia Muñoz

El revés de la historia, tan pocas veces contada

El mundo femenino en la conquista de América

000158197Azucena Ester Joffe, María de los Ángeles Sanz

El Teatro del Pueblo, es el ámbito para el despliegue de un relato que no tiene registro en los manuales de historia, tal vez para que no cunda el mal ejemplo. Tres mujeres talentosas van a dar cuenta de una cuarta, que la historia oficial, como a tantas, trató de invisibilizar durante siglos: Alicia Muñoz desde la composición de una dramaturgia que extrae sus materiales de una carta1 y de las crónicas de Indias; Mónica Villa, la actriz que pone su cuerpo a disposición para que el personaje crezca y nos conmueva; y María Esther Fernández bajo cuya dirección el trabajo se constituye con armonía y belleza. Las tres en la conformación de una subjetividad la de Isabel de Guevara y su carta silenciada porque la destinataria, otra mujer, Doña Juana de España, Juana la Loca, ya había muerto un año antes del requerido encuentro epistolar, tras cuarenta y seis años de reclusión en el Castillo de Tordesillas. Mujeres, historias de sujetos femeninos que a brazo partido lucharon por una memoria que las incluyera o que simplemente las dejara ser quien ellas eran. En un escenario despojado, solo un pequeño tablado a muy pocos centímetros del suelo, el cuerpo de Isabel de Guevara se presenta a sí misma y dialoga con aquella que cree pueda resolver todos sus problemas y las injusticias a las que se ve expuesta en estas tierras americanas que tantas decepciones le han causado. Vestida con un traje de raso verde que la destaca del entorno por siempre en su calidad de española, mujer blanca y cristiana, relata los trabajos pasados desde su embarque en el barco de Juan Osorio, a quien la envidia termina convirtiendo en víctima de la ambición del adelantado, Pedro de Mendoza. Pero será la relación con la tierra, y con sus legítimos dueños y los pesares causados por el intento desafortunado de fundar una ciudad, la que unirá al relato de lo personal en lo colectivo. Nosotras las mujeres, llevamos adelante todo aquello que los hombres deberían hacer sin poder lograrlo, por su mala condición de salud, acuciados por el hambre y el instinto salvaje de su propia vida que para defenderla no dudaron en acudir al canibalismo, narrará la firmante de la carta. Justicia reclama Isabel en la voz de la Villa, y es Isabel la que vemos en escena, con su coraje, en los dos sentidos del término: valentía para decir lo que haga falta, y el malestar la bronca que le produce y no puede callar tanto sometimiento a un plan que no incluye ni agradece su heroísmo. Su cuerpo que crece en el personaje está además cubierto con un vestuario que nos dará hacia el final un acto de magia que nos devuelve a la inocente joven antes de su viaje, y la actriz de ese momento de sorpresa también sabe extraer los condimentos para hacer más interesante su monólogo. Todo se aúna: música, luz, verbo, en un documento que se expresa y nos devuelve un instante de nuestra historia, de aquella que también nos constituyó con el tiempo en una entidad nacional, en una identidad heterogénea pero presente en todos nuestros actos. De aquellos barros, vienen estos lodos, y somos así, argentinos:

A Buenos Aires la fundaron dos veces
a mi me fundaron dieciséis
ustedes han visto cuántos tatarabuelos tiene uno
yo acuso siete españoles seis criollos y tres franceses
el partido termina así
combinado hispanoargentino 13 franceses 3
suerte que los franceses en principe son franceses
si no qué haría yo tan español
nací por fín hermanos
en esta dulce amarga picante insípida tierra argentina … (
Cesar Fernández Moreno, 1967)

Ficha técnica: Isabel de Guevara. La carta silenciada de Alicia Muñoz. Actúan: Mónica Villa. Diseño de iluminación: Pablo Curto. Diseño y realización de vestuario: Pablo Battaglia. Diseño de peinado: César Rajoy. Asistencia técnica y sonido: Juan Elías Ranieri. Fotografía: Dolores Nougués. Video: Agustin Bruzzese. Asistente de dirección: Guadalupe Berrino. Dirección: María Esther Fernández. Teatro del Pueblo: sala Teatro Abierto

Bibliografía:

Fernández Moreno, César, 1967. Argentino hasta la muerte. Buenos Aires: Colección Indice Poesía.

Carta de Isabel de Guevara a la princesa gobernadora doña Juana exponiendo los trabajos hechos en el descubrimiento y conquista del Río de la Plata por las mujeres para ayudar a los hombres, y pidiendo repartimiento para su marido, Asunción, 2 de julio de 1556 [1]

Muy alta y poderosa señora:

A esta probinçia del Rio de la Plata, con el primer gobernador Della, don Pedro de Mendoça, avemos  venido çiertas mugeres, entre las quales a querido mi ventura que fuese yo la una; y como la arma llegase al puerto de Buenos Ayres, con mill é quinientos hombres, y les faltase el bastimento, fue tamaña el hambre, que, á cabo de tres meses, murieron los mill; esta hambre fue tamaña, que ni la de Xerusalen se le puede ygualar, ni con otra nenguna se puede comparar. Vinieron los hombres en tanta flaqueza, que todos los travajos cargaban de las pobres mugeres, ansi en lavarles las ropas, como en curarles, hazerles de comer lo poco que tenian, alimpiarlos, hazer sentinela, rondar los fuegos, armar las ballestas, quando algunas vezes los yndios les venian á dar guerra, hasta cometer á poner fuego en los versos, y á levantar los soldados, los questavan para hello, dar arma por el canpo á bozes, sargenteando y poniendo en orden los soldados; porque en este tienpo, como las mugeres nos sustentamos con poca comida, no aviamos caydo en tanta flaqueza como los hombres. Bien creer· V.A. que fue tanta la solicitud que tuvieron, que, si no fuera por ellas, todos fueran acabados; y si no fuera por la honrra de los hombres, muchas más cosas escriviera con verdad y los diera á ellos por testigos. Esta relaçión bien creo que la escrivirán á V. A. más largamente, y por eso sesaré.

Pasada esta tan peligrosa turbunada, determinaron subir el rio arriba, asi, flacos como estavan y en entrada de ynvierno, en dos vergantines, los pocos que quedaron viuos, y las fatigadas mugeres los curavan y los miravan y les guisauan la comida, trayendo la leña á cuestas de fuera del navio, y animandolos con palabras varoniles, que no se dexasen morir, que prestodarian en tierra de comida, metiendolos á cuestas en los vergantines, con tanto amor como si fueran sus propios hijos. Y como llegamos á una generación de yndios que se llaman tinbues, señores de mucho pescado, de nuevo los serviamos en buscarles diversos modos de guisados, porque no les diese en rostro el pescado, á cabsa que lo comian sin pan y estavan muy flacos.

Despues, determinaron subir el Parana arriba, en demanda de bastimento, en el qual viaje, pasaron tanto trabajo las desdichadas mugeres, que milagrosamente quiso Dios que biviesen por ver que hen ellas estava la vida dellos; porque todos los serviçios del navio los tomavan hellas tan á pechos, que se tenia por afrentada la que menos hazia que otra, serviendo de marear la vela y gouernar el navio y sondar de proa y tomar el remo al soldado que no podia bogar y esgotar el navio, y poniendo por delante á los soldados que no desanimasen, que para los hombres heran los trabajos: verdad es, que á estas cosas hellas no heran apremiadas, ni las hazian de obligación ni las obligaua, si solamente la caridad. Ansi llegaron a esta çiudad de la Asunción, que avnque agora esta muy fértil de bastimentos, entonçes estaua dellos muy neçesitada, que fué necesario que las mugeres bolviesen de nuevo á sus trabajos, haziendo rosas con sus propias manos, rosando y carpiendo y senbrando y recogendo el bastimento, sin ayuda de nadie, hasta tanto que los soldados guareçieron de sus flaquezas y començaron á señorear la tierra y alquerir yndios y yndias de su serviçio, hasta ponerse en el estado en que agora está la tierra.

E querido escrevir esto y traer á la memoria de V.A., para hazerle saber la yngratitud que comigo se a usado en esta tierra, porque al presente se repartio por la mayor parte de los ay en ella, ansi de los antiguos como de los modernos, sin que de mi y de mis trabajos se tuviesen nenguna memoria, y me dexaron de fuera, sin me dar yndio ni nengun genero de serviçio. Mucho me quisiera hallar libre, para me yr á presentar delante de V.A., con los serviçios que á S.M. e hecho y los agravios que agora se me hazen; mas no está en mi mano, porque questoy casada con un caballero de Sevilla, que se llama Pedro d`Esquiuel, que, por servir á S. M., a sido cabsa que mis trabajos quedasen tan olvidados y se me renovasen de nuevo, porque tres vezes le saqué el cuchillo de la garganta, como allá V.A. sabrá. A que suplico mande me sea dado mi repartimiento perpétuo, y en gratificaçión de mis serviçios mande que sea proveido mi marido de algun cargo, conforme á la calidad de su persona; pues él, de su parte, por sus servicios lo merece. Nuestro Señor acreçiente su Real vida y estado por mui largos años. Desta çibdad de la Asunción y de jullio 2, 1556 años.

Serbidora de V.A. que sus reales manos besa

Doña Ysabel de Guevara

[1] Carta publicada por  Jiménez de la Espada, Cartas de Indias, imprenta de Manuel G. Hernández, Madrid, 1877. Ha sido reproducida en: http://americas.sas.ac.uk/publications/docs/genero_segunda1_Guevara.pdf

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