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Carpa quemada, 1910, El Circo del Centenario por el Grupo Catalinas Sur

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Carpa quemada, 1910, El Circo del Centenario
por el Grupo Teatro Catalinas Sur
Frank Brown y el Centenario

Azucena Ester Joffe, María de los Ángeles Sanz

catalinasur_1244853750Ir a la Boca con un grupo de amigos, mezclarnos con la fiesta de la comida y el buen beber, estar predispuestos a pasar una noche maravillosa de teatro, todo es uno cuando nos acercamos a ver al Grupo Teatro Catalina Sur, y al último de sus trabajos, Carpa Quemada. La anécdota es conocida, o no tanto, los niños mal de familias “bien” reunidos en la lamentablemente famosa Liga Patriótica, ven en medio de los festejos que querían mostrarle al mundo que la Argentina era una Europa transplantada en el Cono Sur, y que Buenos Aires, era la Reina del Plata, émulo de París, tan distinta y distinguida al resto de las ciudades latinoamericanas, ven volvemos a decir, con malos ojos que un payaso inglés al que adoran en el picadero del circo, brinde a las clases más humildes, en el medio de la ciudad y gratis, su arte para que la alegría fuera de todos y no sólo de unos pocos. De tanto meter la basura debajo de la alfombra por donde pasaría la Infanta Isabel, y otros tantos distinguidos visitantes, no podían tolerar que se viera la otra cara de la opulencia, la clase trabajadora que con su sudor y dolor, la sostenía. Es entonces que con el amparo del ejército, la prensa como La Nación de los Mitre, y un amplio abanico político, sin culpa ni castigo, deciden quemar la carpa del circo de Frank Brown, que era como quemarle la vida. Ese acontecimiento, núcleo duro del relato, es el que da pie para que hacia atrás de aquellos hechos, pudiéramos ver de donde venimos, o como se dice habitualmente, de que barros vienen estos lodos. El despliegue de personajes que se suceden entonces de mano de los actores de Catalinas Sur, van construyendo ante nuestros ojos, desde el carpa 1cuidado vestuario, cargado de significantes, las letras de las canciones, las coreografías, el trabajo con el espacio que lo aborda todo, incluida la platea, y los objetos escenográficos que junto a los títeres de varilla, de excelente manejo, un recorrido que guarda los procedimientos del circo, pero sobre todo, el sentido de una historia, la nuestra, que aunque nos duela, resiste su grado de coherencia en el momento de establecer la dicotomía, vencedores y vencidos. La historia dice la escriben los que ganan, los perdedores no tienen historia ni quien la quiera registrar: esclarecedor diálogo entre Mitre y Sarmiento. La desacralización de nuestros hombres probos, desfila junto a aquellos que necesariamente para algunos fueron borrados de la historia, y de la faz de la tierra. Un Roca que aún se mantiene sobre su caballo de bronce en la Diagonal Sur, y en los billetes de cien pesos, mientras San Martín, en los de cinco, Belgrano en los de 10 y Rosas en los de veinte; explica con cinismo desde su muñeco, la necesidad de un accionar que le dará como resultado dos presidencias a falta de una. Todos aquellos consagrados por la Historia Oficial, aparecen en sus más oscuras máscaras, mientras que los ninguneados de siempre encuentran en la puesta una voz que los enuncie y los traiga a un presente que necesita una lectura diferente. Porque si quieren la historia feliz: “lean el Billiken” dice una contundente Rosita del Plata, la esposa del payaso, la ecuyere. Las letras de las canciones, que forman parte del programa de mano, son un rompecabezas musical de un país que se formó con la lucha de dos formas de pensamiento que no han cesado de mantener un conflicto, que a veces parece abismal. El amplio espacio escénico es utilizado por el numeroso elenco en toda su dimensión, en los distintos niveles, pero la puesta es escena no es caótica sino, por el contrario, es muy dinámica y atrapa la atención de toda la familia. La actuación coral permite carpaque cada uno de los personajes se construya de forma individual, sin altibajos, desde los más pequeños hasta los mayorcitos. Cada criatura payasesca porta su nariz, rojas u otro color, y su gestualidad sin restarle seriedad al relato. Un hecho teatral y social que se construye a partir de dos pilares. El primero, la composición visual y auditiva: la dimensión teatral, el artificio, la ficción, un mundo inacabado en constante ebullición; y el segundo, más profundo e intenso que tienen que ver con la construcción de nuestra memoria colectiva, con la construcción de nuestra identidad nacional. El colorido vestuario y las buenas actuaciones unen ambas miradas sin dejar grietas ni lagunas. Un hecho teatral indispensable para nuestro sistema educativo, para que nuestros niños disfruten aprendiendo nuestra Historia de una forma simple, dinámica y, en especial, sin dobleces que oculten lo que ya todos sabemos.quemada
Pensar en cualquier espectáculo del Grupo Catalinas implica muchas e interesantes aristas que exceden cualquier nota. Por un lado, el enorme reconocimiento a su mentor y director, Adhemar Bianchi [1] y a Ricardo Talento, y, por otro, a todo el grupo de vecinos – allá por 1983 – que en ese momento creyeron en el proyecto de un teatro de y para los vecinos; también a todo el nutrido elenco que hoy aglutina el Galpón. Una elección de vida que pudo darle forma a esta estructura artística / social, que si bien fue el primero hoy podríamos contar unos cincuenta con cierta continuidad en todo el país. Catalinas Sur es Teatro Comunitario con mayúscula y ha recibido numerosos premios [2] , participado de varios festivales [3] y ya cuenta con su película, Venimos de muy lejos. La película, entre lo documental y la ficción .pelicula

Ficha técnica: Carpa quemada, 1910, El Circo del Centenario por el Grupo Teatro Catalinas Sur. Elenco: Adrian Martinez, Agustin De Pascuali, Agustin Manoukian, Agustina Acosta, Alberto Schuster, Alejandro Taccone, Ana Magliola, Ariel Bechara, Ariel Guanuco, Camila Gonzalez, Carola Diaz, Cecilia Ortelli, Cecilia Villaverde, Claudio Rodríguez, Corina Rinoldi, Damian Flores, Daniel Alvarez, Diego Caverzaschi, Diego Robles, Gilda Arteta, Gonzalo Domínguez, Gonzalo Guevara, Guido Tiscornia, Gustavo Diana, Horacio Gonzalez, Ia Arteta, Iliana Robles, Javier Guzman, Jorge Goicochea, Juan Ticak, Karina Lezcano, Lautaro Aquino, Lucia Cidale, Lucia Gigliotti, Luciana Musis, Luis Decaroli, Luis Rivadeneira, Marcelo Cancemi, Marcelo Velazquez, Maria A. Lagoa, Maria Belen Valenzuela, Mariana Daguerre, Marianela Medina, Mario Vidal, Martin Segura, Mauro Mascareño, Monica Izquierdo, Nora Mouriño, Nora Churquina, Ramiro Costa Peuser, Sandra La Palma, Santiago Eiras, Silvia Caristi, Silvia Galeotti, Solange Veneziani, Sonia Forlino, Susana Garcia, Tatiana Noc, Valeria Mitre, Vanina Szlatyner, Veronica Piris, Verónica Sabán, Victoria Vaz Diaz. Niños: Aldana Gomez, Amanda Berch, Amarena Diana, Bautista Otaño, Delfina Pereyra, Indira Diana, Jacinta Berch, Lautaro Taccone, Leonel Biassani, Macarena Rodriguez , Simon Mitre, Ursula Tolosa. Músicos: Alejandro Torres, Guillermo Garcia, Jimena Villeco, Maria Angeles Gonzalez, Mariana Berch, Pablo Menendez, Ro Miguel, Gaston Faccio, Ramiro Rossi. Vestuario: Florencia Feijó y Elena Dressler. Diseño de escenografía y utilería: Ana Serralta y Omar Gasparini. Realización: Grupo de Teatro Catalinas Sur. Producción: Cecilia Ortelli. Autoría: Adhemar Bianchi, Ricardo Talento, Eduardo Martiné. Música Original: Gonzalo Domínguez y Gilda Arteta. Dirección Musical y Coral: Gilda Arteta y Gonzalo Domínguez. Asistentes de Dirección: Nora Mouriño y Verónica Sabán. Dirección General: Adhemar Bianchi y Ximena Bianchi. Teatro Galpón de Catalinas.

[1] Adhemar Bianchi es el Director desde nuestros comienzos, uruguayo nacido  en el año 1945, se formó en su país natal en la escuela de Arte Dramático Margarita Xirgu y en el teatro Circular de Montevideo, fue escenógrafo, actor, asistente de dirección, director y profesor en el grupo 65 y en el teatro circular. Llegó a Buenos Aires en 1973 empujado por los avatares políticos, aquí se ganó la vida en el mundo editorial, como vendedor, gerente y luego dueño de una librería de la calle Corrientes hasta que se reencontró con el teatro se afincó en La Boca y en los 80 inició el camino junto al  Grupo de Teatro Catalinas Sur que dirige hasta la actualidad.http://www.catalinasur.com.ar/index.php?option=com_content&view=article&id=3&Itemid=6&lang=es [03/06/2015]

[2] Según gacetilla de Prensa: PREMIO TRINIDAD GUEVARA CREATIVIDAD EN DISEÑO DE VESTUARIO y DIRECCIÓN; Nominado Premio Trinidad Guevara por BANDA DE SONIDO; PREMIO TEATRO DEL MUNDO (UBA) RUBRO VESTUARIO; Trabajo Destacado Premios Teatro del Mundo (UBA) rubro Banda Sonora, Iluminación, Dirección, Diseño de títeres.

[3] Participó en el 27° Festival Internacional de Cine de Mar del Plata 2012, el 31° FCIU Festival de Cine Internacional de Uruguay, en el 29° Chicago Latino Film Festival y del Vission do reel, Market DOCM (Nyon, Suiza). http://catalinasur.com.ar/index.php?option=com_content&view=article&id=110:venimos-de-muy-lejos-la-pelicula&catid=8:noticias&Itemid=10&lang=fr [03/06/2015]

Orígenes del teatro para niños en Buenos Aires: I Parte

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 Teatro para niños su historia desde los orígenes

Susana LLahí

María de los Ángeles Sanz

 

El teatro en Buenos Aires tuvo primero al niño en el teatro como participe del espectáculo y luego como espectador específico del mismo. Los niños en las compañías en la etapa colonial y más tarde a partir de la Revolución de Mayo, fueron junto con sus padres integrantes activos de una labor  trashumante, circos y tablados de volatineros o en elencos estables en La Ranchería (1783/1792) o El Coliseo Provisional. (1804/1838) después. De este modo, las hijas de la actriz paradigmática de la etapa Rivadaviana, Trinidad Guevara: Domitila y Laurentina tuvieron su momento de actuación en los escenarios porteños:

 

(…) siguiendo la interesante costumbre, común en muchos artistas del siglo pasado, de iniciar a los hijos desde temprana edad en los secretos del oficio. Así, durante la época de Rosas, actuaron los de Antonina Montes de Oca, de Casacuberta, de González (Santiago), de González (Antonio), de Quijano y otros. (Castagnino, 83)

 

Sin embargo, estas actividades de los niños actores no estaban destinadas a un espectador específico, para confirmar esta apreciación reproducimos una crítica de la época aparecida en el British Packet, número 322, del 20/10/1832:

 

Domitila es hermosa como un ángel. Estaba vestida muy bien, de gasa blanca y con una rosa del mismo color prendida en su ensortijado cabello junto a una peineta de regulares dimensiones. Usó su abanico con destreza de mujer. En el ‘duetto’ clavó sus ojos brillantes en el galán, y contestando a los reproches de mujer tirana, le convenció con gran ingenuidad, mostrándole que sus enojos eran ridículos y que esperaba de él una cadena para no poder alejarse de su lado. El público rió en grande y pidió que el ‘duetto’ fuera bisado. Domitila es una dulce chiquilla que no ha de tardar mucho, como Hodge dice, en llenar de angustias a algún pobre hombre. (Representa entre 8 y 9 años)

 

Pareciera que las primeras expresiones artísticas teatrales de la que pudieron participar los niños fueron las actividades circenses. En 1785, Joaquín Oláez y Gacitúa desarrollaba en su circo ubicado en el barrio de San Nicolás sus destrezas como “volatinero, juglar, saltimbanqui y prestímano”. Poco después Joaquín Duarte con su compañía presenta “habilidades de Matemáticas y Física y equilibrios y otros juegos de Manos y bailes” (Seibel, 42). Estas actividades son similares, al menos en su forma de enunciación, a las que desarrollarían en su primera parte las presentaciones del Teatro Infantil Lavardén. Después de la Revolución de 1810, (en 1813) y debido a que la Asamblea del año XIII había derogado desde marzo de ese año el trabajo obligatorio para los indios; para las fiestas Mayas, el 28 de mayo se presenta antes de la función del Siripo, una comparsa de niños entonando la canción patria, vestidos de indios. Por otra parte, entre 1820 y 1826 se presentaba en Buenos Aires el clown inglés Francis Bradley, ‘jinete y payaso’ haciendo funciones los domingos por la tarde y los días de ‘Fiestas religiosas’ en el Circo Olimpo. La crítica de la época destaca una de sus presentaciones, la que lleva adelante como espectáculo de volatinería o baile de cuerda, donde intervenían una mujer, un niño y un payaso (el mismo Bradley). Niñas /niños bailarines, parteneirs de magos e ilusionistas1, músicos como el  niño violinista Demetrio Rivero que realizaba sus presentaciones en la compañía Laforest en abril y mayo de 1834. En el teatro Coliseo Provisional, un año después se presenta la Primera Compañía de Volatineras Criollas, ‘Las tres niñas argentinas’, que luego llevaran su espectáculo al Jardín del Retiro, donde también bailaban las niñas Guillermina y Carolina, danzas criollas junto a Gervasio Macías, corría ya el año 1838, pleno segundo gobierno de Juan Manuel de Rosas, momento en que crecían los espectáculos populares, se abrían nuevos teatros como el de La Victoria y el Buen Orden, y era habitual la llegada circos extranjeros.

El primer espectáculo que se tenga referencia cuyo espectador específico era el niño fue el que llevó adelante desde 1812 a 1820 un cómico itinerante llamado el Loco de la Escopeta que entretenía a los niños con su especialidad que era el llanto. El diálogo favorito del público era:

 

                            -¿Llorás, escopeta?

                        -Sí, pum, pum, pum.

 

Unos años después en 1831 los Smolzi, en un pequeño café – teatro, llamado Teatro Romano, que estaba ubicado en Florida y Paraguay  realizaron comedias con títeres. Las funciones se desarrollaban por la tarde y con precios especiales para niños. En el marco de la sociedad post – Rosas y como una de las tantas compañías extranjeras que ingresaron al país en aquellos años, se presentó en el Teatro Victoria en 1860, la Compañía Española de Rita Carbajo, cuyo empresario era su marido, Juan Berenguer, con cinco de sus seis hijos nacidos en el país, formará una compañía infantil. Dos años después, la educadora Adela Zucarelli, escribe una comedia para ser representada por niños entre 9 a 11 años, alumnas de su colegio Italo- Franco- Argentino, con los mismos realizaba teatro durante varios años (De Diego 1975: 383/4) En todo el país, no sólo en la ciudad de Buenos Aires, la presencia de las compañías infantiles comenzaban a ser una realidad, corría el año 1865 cuando se presentó entre los meses de junio y octubre la compañía infantil de Niños Florentinos, que ya se había presentado en Buenos Aires en enero del mismo año, interpretando zarzuelas y bailes. Con ellos estrena Pedro Rivas dos obras: La hermana de caridad y el juguete cómico escrito expresamente, Los pretendientes de Julia. De origen gallego es el periodista, político y poeta Manuel López Lorenzo, quien se dedicó a la docencia entre 1866 y 1874 en Chivilcoy y se dedicó a escribir obras para niños con música del compositor vasco Aquilino Fernández que se presentaron con fines benéficos por compañías infantiles en Chivilcoy y Mercedes. (De Diego, 1980, 9/16) Esta voluntad de integrar el teatro para niños a todos los escenarios, al igual que el teatro para adultos, es la que llevaron adelante los sacerdotes salesianos, quienes llegaron al país en 1875. Un año después comenzarían las representaciones dramáticas con sus alumnos como actores en el ámbito del Colegio San Carlos de Tacuarí y San Juan, cuyo destinatario eran las familias, para luego extender su trabajo a las cincuenta y cuatro casas que tenían en el interior del país, ‘en cada una de las cuales hay siempre un teatro’. Se interpretaban obras de Don Bosco y de autores locales, varios religiosos escribían piezas breves: sainetes, zarzuelas, monólogos y entremeses. Las pantomimas y los títeres eran también espectáculos que se dirigían para un público infantil que se podría afirmar que comenzaba a tomar una dimensión específica. En la misma década aparece la primera revista para niños,“La Estrella Matutina”, de 1867, que tenía lecturas de enseñanza moral y religiosa, textos científicos y sobre higiene y urbanidad.

1 Para el 20 de junio, en la Sala del Café de la Comedia, el Sr. Bertrán anunciaba que “ejecutará una prueba mágica que es la siguiente: desaparecerá y aparecerá de sobre una mesa un niño de ocho años y en la misma mesa aparecerá una paloma” (La Gaceta Mercantil, 20/6/1834) en Revista Todo es Historia, (Mauro Fernández, 54)